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Tres proyectos de innovación suspendidos: urge conectar universidades, empresas y comunidad

Este análisis de investigadoras y lideresas de la Universidad de los Andes revela lo que Colombia pierde cuando detiene la innovación territorial por falta de ejecución y priorización de nuestro sistema de ciencia y tecnología.

Claudia Velandia, Susan Benavides y Mirtza Arroyo / Especial para El Espectador

25 de mayo de 2026 - 10:00 a. m.
Uno de los encuentros promovidos por la la Corporación de Universidades del Centro de Bogotá (CUCB) en el que un centenar de estudiantes de nueve universidades de la capital del país, con asesoría de expertos, participaron en debates para buscar soluciones innovadoras para un desarrollo urbano más consciente. Un ejemplo de que la cooperación entre instituciones es clave para crear ciudades más verdes, equitativas y resilientes.
Foto: Cortesía de CUCB
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CIENCIA, TERRITORIO E INNOVACIÓN

Colombia tiene un problema que va más allá de los billones sin ejecutar del Sistema General de Regalías. El verdadero problema es estructural: el conocimiento que producen las universidades no llega a los territorios, las empresas no innovan con las comunidades, y los municipios permanecen desconectados de las plataformas tecnológicas que podrían fortalecer sus capacidades y transformar su vocación productiva.

Tres proyectos hoy bloqueados o en riesgo —NEXO CENTRO, CHISU y el programa de computación cuántica y neuromórfica— demuestran que existe una forma diferente de hacer país. Y que, aun así, el Fondo de Ciencia Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías está eligiendo no tomarla.

UN OBJETIVO COMÚN: TEJER TERRITORIO DESDE LA INNOVACIÓN

Lo que articula estos tres proyectos no es un sector ni una región: es un modelo. Uno en el que las universidades se convierten en articuladoras del desarrollo regional; en el que la innovación no es un discurso de política pública, sino una práctica que conecta a empresas, municipios, comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinos y al Estado en torno a retos concretos. Ese modelo de convergencia territorial tiene consecuencias medibles cuando no se financia: el rezago y las brechas se profundizan.

Los tres proyectos que Colombia tiene hoy bloqueados son la expresión concreta de ese modelo. NEXO CENTRO es una plataforma de innovación abierta que conecta universidades, empresas, comunidades y el Estado en el centro de Bogotá y en municipios periféricos de Cundinamarca. CHISU es un sistema de innovación agrícola que opera en cinco departamentos de la región Centro Oriente para transferir la ciencia directamente al productor rural. El programa de computación cuántica y neuromórfica es una apuesta por la formación docente y el acceso a la ciencia de frontera para tres departamentos de la periferia amazónica. Los separa el territorio y el problema concreto; los une una sola lógica: el conocimiento como instrumento de cohesión territorial.

NEXO CENTRO: EL CENTRO COMO PLATAFORMA

NEXO CENTRO no es una iniciativa universitaria. Es una apuesta de convergencia territorial que articula a 24 actores de la quíntuple hélice —universidades, empresas, Estado, sociedad civil y entorno— para transformar municipios periféricos en nodos de innovación y convertir el centro de Bogotá en un laboratorio vivo de soluciones a problemas reales

La Corporación de Universidades del Centro de Bogotá (CUCB) —que integra a las universidades Libre, América, Autónoma de Colombia, Jorge Tadeo Lozano, Los Andes, La Salle, Externado y Central— es la columna vertebral de NEXO CENTRO.

Colombia no tiene precedentes para esa alianza: trasciende la distinción público-privada para construir una agenda común de innovación territorial. La apuesta es que 156.302 estudiantes, 1.832 docentes y 484.875 metros cuadrados de infraestructura, ubicados en el centro de la ciudad, funcionen como plataforma de convergencia para 8 millones de personas en Bogotá y en municipios de Cundinamarca —La Calera, Sopó, Guaduas, Guasca, Guatavita, Tocancipá, Junín—, donde hoy el conocimiento simplemente no llega. El resultado proyectado: 21 prototipos escalables hasta TRL 9, metodologías replicables en otras regiones y un modelo de gobernanza que otras regiones del país podrían adoptar.

NEXO CENTRO ya ha sido reconocido como un modelo innovador en convocatorias latinoamericanas, incluyendo el CNA de Chile, lo que confirma que no se trata solo de una buena idea, sino de una propuesta con impacto internacional.

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CHISU: CIENCIA QUE LLEGA AL CAMPO

CHISU opera en cinco departamentos de la región Centro Oriente —Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander— y sus más de 20 municipios vinculados representan algo que Colombia rara vez construye: nodos de innovación agrícola. No son simplemente territorios beneficiados. Son puntos de una red donde la ciencia —bioabonos de cuarta generación, biosensores para metales pesados, bioproductos sostenibles— se transfiere directamente al productor campesino bajo el modelo campesino a campesino.

Con 10.116 personas beneficiadas directamente, una reducción proyectada del uso de agroquímicos del 20 % al 40 % y un incremento de la productividad agrícola de hasta el 30 %, CHISU no es un proyecto de asistencia técnica: es la base de un ecosistema de innovación rural. Un sistema que no se pausa cuando se interrumpe: se deshace.

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COMPUTACIÓN CUÁNTICA Y NEUROMÓRFICA: EL DERECHO DE LA PERIFERIA AL PRESENTE

El programa de computación cuántica y neuromórfica se propuso cerrar una brecha que los indicadores de ciencia y tecnología rara vez registran: la distancia entre la frontera del conocimiento y los maestros que forman a los niños en los territorios más alejados del país. Su alcance es preciso: 570 docentes de educación media en Caquetá, Guaviare y Meta podrían recibir herramientas para enseñar física moderna; más de 20.000 niños tendrían acceso a ciencia de frontera a través de exposiciones itinerantes con Maloka; y la Universidad de la Amazonia sería fortalecida con laboratorios STEM de primer nivel.

No priorizar este proyecto implica frenar la investigación de élite. Es arrebatarle a la periferia su derecho a participar en el presente tecnológico. Y es romper el eslabón más difícil de recuperar una vez roto: el del maestro que ya llegó y ya enseña.

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LA CONVERGENCIA TERRITORIAL QUE SE DEJA DE CONSTRUIR

Cuando Colombia no reconoce la importancia de estos proyectos, posterga la posibilidad de consolidar una sociedad del conocimiento. Posterga la posibilidad de que sus universidades actúen como anclas territoriales. Posterga la articulación de sus municipios con las redes de innovación. Posterga la entrada en operación de la plataforma Obertura (plataforma para la gestión de retos de innovación abierta) en el territorio. Posterga el momento en que los 21 prototipos de NEXO se conviertan en metodologías replicables, en que los bioabonos de CHISU dejen de ser piloto y se vuelvan práctica extendida, en que los docentes amazónicos formen la primera generación que entiende la computación cuántica no como ciencia ficción sino como herramienta. Cada proyecto detenido es un nodo que no se activa, una red que no se teje, una dinámica nacional que no cambia.

El tejido que NEXO CENTRO, CHISU y el programa cuántico empezaban a construir —universidades públicas y privadas juntas, municipios conectados, comunidades como creadoras de soluciones, plataformas tecnológicas operando en el territorio— es el tejido que el país lleva años diciendo que necesita. Y que está eligiendo no tejer.

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La pregunta ya no es si estos proyectos merecen financiación. La pregunta es qué tipo de Colombia se está construyendo al no financiarlos. Una Colombia en la que el conocimiento se produce en unos pocos centros y se queda allí. Una Colombia donde las regiones esperan. Una Colombia donde la innovación es eslogan y no práctica territorial.

Los proyectos referenciados —NEXO CENTRO (CUCB), CHISU y el Programa de Computación Cuántica y Neuromórfica— son iniciativas del Sistema General de Regalías y Minciencias. Las cifras territoriales corresponden al documento técnico de NEXO CENTRO y a los indicadores de CHISU reportados por sus equipos formuladores.

Por Claudia Velandia, Susan Benavides y Mirtza Arroyo / Especial para El Espectador

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