Por: Ricardo Bada
Yo soy como el picaflor

El control de las redes sociales

Uno de los policías especializados en la materia prefiere llamarla “abusos sexuales a menores”, porque “pornografía infantil” le suena como si los niños participasen en ella de una manera voluntaria. Y pienso que tiene razón.

Lo leí en un reportaje acerca del trabajo ímprobo en que se desempeñan diez inspectores de la Policía de Düsseldorf en una sección dedicada ad hoc al tema, y cuyas tareas son tan abrumadoras que el gobierno del Land Norte del Rhin–Westfalia ha decidido ampliarla con veinte inspectores más. El jefe de la sección calcula, a ojo de buen cubero, que los organismos policiales homologables, en toda Alemania, disponen de entre 1000 a 3000 terabytes de material de este género, y que para visionar cada imagen un solo segundo en un solo terabyte un inspector necesitaría alrededor de once meses; si le dedicase 10” a cada imagen, necesitaría casi diez años.

Otra estadística que me fascinó al mismo tiempo que me ponía un dogal en el cuello es la que refleja el narrador mexicano Alberto Chimal en un artículo publicado en el último número de la revista Nexos, cuya redacción lo presenta así: «Las redes sociales tienen sus zonas oscuras; una de ellas es lo que sucede con los moderadores de contenido de las distintas plataformas: jóvenes que trabajan casi en una maquila, y que se ven expuestos a videos y teorías que, como en una novela de ciencia ficción, deforman su universo. También el nuestro». 

La tarea de esos moderadores no le va a la zaga a la que tienen por delante los policías alemanes especializados en pornografía infantil. Alberto Chimal lo describe de este modo: «La figura del moderador de plataformas sociales (ni policía represor ni guardián de la moral, pero con frecuencia destinado a parecer ambas cosas) es ya uno más de los personajes arquetípicos de nuestro presente digital. En cierto sentido, es una figura trágica, pues probablemente nunca será capaz de resolver todos los problemas implícitos en el hecho de que la comunicación cotidiana de miles de millones de personas dependa de un puñado de empresas estadounidenses, esencialmente sin supervisión, sin otros alicientes que la búsqueda de mayores beneficios económicos, y que explotan ­–monetizan– la atención y la información proporcionada por sus usuarios».

Dicho en pocas palabras y en base a estos dos ejemplos que van por delante: las redes sociales, como Saturno, han empezado a devorar a sus hijos, empezando por aquellos cuya misión es la de mantenerlas limpias de polvo y paja. A riesgo de parecer pesimista diré que el porvenir de nuestros hijos, de nuestros nietos, se ve color de hormiga. Negra, añadiría el impertérrito locutor de Les Luthiers.

861026

2019-05-16T21:00:00-05:00

column

2019-05-16T21:00:01-05:00

faraujo22_102

none

El control de las redes sociales

32

2799

2831

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ricardo Bada

Un gesto para la historia

La levadura de la humanidad

Miau...

Aldous Huxley (26-jul-1894)

Cien años de la camiseta amarilla