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100 años de la muerte de Pedro Morales Pino, artista que hizo historia y dejó un gran legado

Por celebrarse hoy el centenario del recordado músico, publicamos apartes de “Pedro Morales Pino. Obra para piano”, libro editado por el Ministerio de Cultura en 2013.

Ministerio de Cultura * / Especial para El Espectador

04 de marzo de 2026 - 10:00 a. m.
Pedro Morales Pino (Cartago, Valle del Cauca, 22 de febrero de 1863 - Bogotá, 4 de marzo de 1926) fue un compositor, director y docente de música.
Foto: Archivo Particular
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La importancia musical de Morales Pino

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No sin razón Pedro Morales Pino ha sido considerado el padre reconocido de los ritmos andinos colombianos. Fue él quien desarrolló un lenguaje particular para la escritura en papel de unos aires que hasta antes de mediados del siglo XIX seguían siendo de tradición oral, y además les dio realce a instrumentos que eran eminente­mente campesinos, como el tiple y la bandola.

Morales Pino llegó a ser un reconocido virtuoso de ese instrumento: no sólo la sacó de su papel de simple acompañante para darle realce melódico, sino que además —como dijimos— le incorporó un sexto orden de cuerdas graves, contribuyendo a su modernización y a su empleo en formatos de estudiantina, como la misma Lira Colombiana. Recogió numerosos ritmos, los estudió, los clasificó, los estructuró y finalmente los llevó al pentagrama. A cada uno le marcó una estructura precisa acatada hasta hoy por los compositores de música colombiana.

A la tradición oral, único medio de divulgación del cancionero típico hasta 1890, Morales Pino agregó la tradición escrita, tanto o más importante que aquella. Y entre los ritmos que estructuró y llevó al pentagrama, figura el bambuco, nuestro aire nacional por excelencia. Pocos músicos han divulgado tanto la música nacional, como Morales Pino.

Con su Lira Colombiana, nombre que dio a las estudiantinas que formó, recorrió el país en varias oportunidades presentando y difundiendo los recién musicalizados aires regionales. Jorge Añez, opinaba: “Morales a la tradición oral de nuestra música, que se tenía hasta 1890… sumó la tradición más importante: la escrita”.

Comenta William Atehortúa Almanya, en la biografía de Morales Pino: “La historia de la música colombiana no registra otra persona que haya divulgado en forma tan amplia y original nuestra música en una época marcada por la limitación de los medios de comunicación. Sus varias excursiones artísticas por el país y por América Central y por Estados Unidos a principios del siglo XX, y por Suramérica años más tarde son muestras fehacientes de ello”.

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Las melodías para el piano

Octavio Marulanda refiere así la importancia del piano: “La presencia del piano como instrumento casi habitual de interpretación musical, a todo lo largo del siglo XIX, fue supremamente importante en el desarrollo de la música nacional. No sólo fue preferido por los compositores para estudiar obras —entre ellos Pedro Morales Pino— para abocetar sus composiciones, para presentarse en el ambiente cultural de aquel tiempo, sino para mantener, hasta cierto punto, los niveles del buen gusto, conservando la huella de los clásicos. Pudiera decirse que la afición de los compositores de aquel tiempo por cultivar los vuelos melódicos, los fraseos, los adornos, los ejercicios armónicos y los arreglos de fácil digestión, tuvo su terreno abonado a las posibilidades que daba el piano como instrumento completo. Este fenómeno, típico del gusto latino, influyó en la fisonomía de la música popular colombiana, con la irrupción en el medio musical de los instrumentos nacionales: tiple, guitarra y bandola”.

Jorge Añez anota, sobre este otro interesante talento de Morales Pino, en lo musical: “…consistía en que al transcribir para piano las piezas que había hecho para estudiantina, lo hacía con tal técnica, que parecía como si esas obras hubieran sido escritas originalmente para este instrumento”. (Jorge Añez, Canciones y recuerdos)

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El intérprete

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Morales Pino, fue un hábil ejecutante de la guitarra y la bandola, para cuyo aprendizaje escribió métodos. Sus transcripciones para piano, hacen suponer que también fue intérprete de éste. Músico innato por temperamento y por disciplina, se consagró íntegramente a su profesión con fe, desinterés y abnegación. Jorge Añez, relaciona la aparición de otros tres compositores bogotanos: “Ricardo Cuberos, Héctor Añez y Luis Romero (“El Churrusco”), cantantes e instrumentistas, con la época fecunda de Morales Pino, hecho que influyó notablemente en el incremento artístico del ambiente musical de la ciudad.

Testigo de todo este acontecer fue el crítico cubano Emilio Bobadilla “Fray Candil”, quien se deshacía en elogios a Morales Pino, lo calificó como “compositor de talento”, y decía: “No sé de nadie que rasguee la (guitarra) con más gusto, desenvoltura y sentimiento”. La Lira Colombiana Este fue el nombre que se le dio al primer conjunto, formado a base de bandolas, tiples y guitarras, “el primero con instrumentos nacionales”. Se sabe que con este nombre, el conjunto comenzó a actuar desde 1881, y que se preparó a salir del país para llevar por primera vez en nuestra historia (1899) nuestros aires nacionales al extranjero, bajo la dirección de Pedro Morales Pino.

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Uno de los homenajes a Pedro Morales Pino.
Foto: Archivo Particular

El arreglista

Un aspecto casi que completamente desconocido de Morales Pino, era su afición a hacer arreglos de música clásica y del género denominado “brillante”, para guitarra. Los testigos de su tiempo hablan del estilo y técnica que demostraba al ejecutar dicho instrumento, al cual le extraía una sonoridad difícil de equiparar. Dejó un cuaderno editado por el gobierno de Guatemala y se agotó por completo. En la portada aparece: 25 Piezas escogidas y arregladas para Guitarra sola por P. Morales Pino. Fueron arreglos de diversos compositores.

El compositor

Pedro Morales Pino fue un compositor destacado. La obra musical del maestro, más de 200 composiciones especialmente instrumentales, comenzó hacia 1890, con intermezzos, valses, danzas, pasillos, gavotas, bambucos, marchas, mazurcas, polkas, shotís, one steap, y otros; abarca prácticamente todos los géneros que estuvieron de moda entre finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, tanto en Colombia como en los países de América Latina. Su obsesión y su maestría se volcaban hacia la materia melódica.

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Muy pocas son las obras que se le conocieron para canto. Entre sus creaciones con letra se identifican: los valses Recóndita (con letra de Leonidas N. Yerovi, poeta peruano), Margaritas y Arrullo; la danza Onda fugaz; los bambucos Cuatro preguntas (con letra de Eduardo López, poeta de Buga), Ya ves, Trigueña, Ingrata, y Lejos de ti; y las canciones romanzas Hada cubana y Así es el amor. En la Lira Colombiana, con bandolas, tiples, guitarras y un violoncello, interpretaban este repertorio.

Entre las obras para piano, son notorias, las “tandas” de pasillos y de valses, los bambucos, las danzas, el tango, etc. Entre sus piezas más conocidas están: los pasillos Joyeles, Reflejos, Lejanía, Pierrot, Confidencias, Intimo y Una vez; los bambucos El Fusagasugueño y Cuatro preguntas, que se toma como modelo del género, como bambuco tipo; y los valses Ana Elisa, Mar y cielo, Voces de la selva y Los lunares.

De sus obras para orquesta se destacan la Fantasía (sobre dos temas nacionales colombianos), la Suite Patria y el intermezzo Brisas de los Andes. En 1925 Morales Pino, tomó parte en el Concurso Nacional de Música, con su obra sinfónica Fantasía sobre dos temas nacionales colombianos y ganó el primer premio. —así aparece en algunas biografías— El escenario del concierto fue el Teatro Colón, donde el público lo colmó de ovaciones. Deja esta gran obra que resumiera toda su dedicación y amor por su país.

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El Conservatorio que lleva su nombre en Cartago, Valle, y el festival anual de música son ejemplos de cómo la vida y obra de Pedro Morales Pino siguen vigentes.
Foto: Archivo Particular

El maestro

Además de pintor, bandolista y fecundo compositor, fue Morales Pino un maestro en la mejor acepción de la palabra. Músico y pedagogo. En algunas oportunidades de su vida dictaba clases particulares de bandola y guitarra, como lo fue el caso cuando permaneció temporadas en Fusagasugá y en Ibagué. El maestro Jorge Añez, quien formó parte de su segunda “Lira”, describe la manera como el maestro dictaba sus clases: “…antes de iniciar los detalles de cualquier partitura… explicaba detenidamente su origen, modalidades, estructura, el desempeño de alguno o algunos de los instrumentos en determinados pasajes… para que los alumnos se compenetraran con la obra y, así lograr la más perfecta ejecución…”

Su semilla, reflejo de su sapiencia y entrañable amor por la cultura nacional, quedó sembrada en una lujosa nómina de discípulos que él formó, eximios compositores e instrumentistas de la música colombiana: Ricardo Acevedo Bernal, conocido como pintor, Fulgencio García, el autor del popularísimo pasillo La gata golosa, Emilio Murillo, Carlos “El Ciego” Escamilla; Luis A. Calvo, y Alejandro Wills, Max y Pedro Concha, Jorge Rubiano y los Romero.

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Prueba del buen maestro que fue Morales Pino, es este escrito con su letra: Importante “Antes de estudiar el mecanismo de cualquier instrumento, es necesario conocer bien el Solfeo, el cual debe principiar el discípulo con su maestro y luego alternar con las primeras lecciones de Bandolina -cuya descripción aparece luego-”. Para complementar su labor de maestro creó un Método fácil de Tiple, “Para aprender los acordes de todas las tonalidades, escritos para los aficionados que no conocen la teoría de la música” A este instrumento le dio un gran relieve en sus estudiantinas.

El pintor

Según cuenta su hijo Augusto Morales-Pino, simultáneamente a su formación musical, empezó el aprendizaje del dibujo. “Un músico de Cartago, José Hoyos, a quien le decían Chucho Hoyos, recibió de él las primeras enseñanzas, que le dio clases de tiple y también de dibujo”. Las continuas guerras civiles –que se enunciaron– hicieron que los padres de Morales Pino abandonaran en diversas ocasiones el Valle del Cauca y se trasladaran a Ibagué. En uno de esos viajes a la capital tolimense, se dio un hecho que se señala como definitivo en la vida del ilustre músico.

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Adolfo Sicard, filántropo bogotano quien frecuentemente viajaba a Ibagué, encomendó a Morales Pino, quien solo contaba 14 años y alternaba la música con el cultivo del dibujo, un retrato de su esposa. Impresionado Sicard, por la extraordinaria habilidad del niño, resolvió llevarlo previo consentimiento de los padres, a la capital de la república.

En Bogotá, Morales Pino se consagró con el apoyo de su generoso mecenas al estudio de la música y el dibujo. Pero curiosamente fue como dibujante como se destacó primero. Presentó a la Exposición Nacional de 1881 varios trabajos que fueron comentados por un crítico de la época así: “Entre los varios dibujos a lápiz que han figurado en la exposición, han descollado por su verdadero mérito los retratos ejecutados por los jóvenes Pedro Morales, Simón Belalcázar y Páramo, distinguiéndose el primero por los retratos de la señora Tanco, del señor doctor Camacho Roldán y por la mujer que está arropada por un manto de punto. Las obras de Morales han sido generalmente aplaudidas y entre las opiniones de peso que han llegado hasta nosotros, citaremos la del señor doctor Teodoro Valenzuela y la del señor E. Dickman, Ministro de los Estados Unidos”.

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El poeta

Una vez al volver de mi deseo, gigantes alas vi,

y en sus plumas aéreas incoloras, el alma suspendí.

y volé con la fuerza de una idea, buscaba un mundo yo.

Eran las épocas del auge de la poesía, y Morales Pino con los bohemios de la “Gruta Simbólica”, Rafael Pombo, Diego Fallon, Julio y Alejandro Flórez, José Asunción Silva, etc. departía veladas literarias, donde los bardos lanzaban sus versos. Su taller del Pasaje Rivas, era lugar de recitales de poesía, reunión de bohemios, una verdadera atmósfera de arte y espiritualidad, en donde igual que en su vida logró hermanar muy bien las artes.

Gastado por la edad, no por la vida,

un buen hombre me dijo con ternura:

-Nunca vieron mis años la amargura

que en tu pecho doliente va escondida.

¿Di por qué si eres joven y yo canto

le tengo a los placeres más cariño?

-Porqué dentro de ti se alberga un niño,

y en mis jóvenes carnes un anciano.

Otras veces se reunían en la “Gran Vía”, de propiedad de don Manuel Murillo. Eran los años de oro de la bohemia bogotana, que igual se congregaban en los cafés que se hicieron famosos como el Windsor, o en la redacción de los periódicos como El Rayo X. Como parte de su creación poética está la letra de Ya ves, que le puso música, así la llamó Morales Pino, aunque se conoce también como “Ingrata”.

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Poco tiempo después del regreso de su última gira artística (1923), moría en Bogotá, el 4 de marzo de 1926. Se opacó la vida romántica y viajera de Pedro Morales Pino para proyectarse en el futuro a través de la obra musical que legó a la posteridad.

* “PEDRO MORALES PINO, OBRA PARA PIANO”: Coordinación Equipo Académico: Maestro JAIME QUEVEDO URREA. Coautores GLADYS GONZÁLEZ ARÉVALO, DIANA ROCÍO COLLAZOS GARCÍA. Coordinación para elaboración de contenidos: JAIME QUEVEDO URREA. Diseño y diagramación: ANGÉLICA RAMOS VARGAS. Edición de partituras: JUAN CARLOS MARULANDA SCOREMUSICAL LTDA. Edición del e-book: FELIPE HERNANDO PADILLA BRUGÉS, Docente Universidad Nacional de Colombia. Coordinación del proyecto: RICARDO CARVAJALINO, FUNDACION PARAISOAMERICA.

Por Ministerio de Cultura * / Especial para El Espectador

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