11 Mar 2021 - 11:00 p. m.

“5.749 días”: Arquitectura de una novela de amor en tiempos de posconflicto

En entrevista, Juana Sánchez-Ortega habla sobre el proceso de creación de su novela 5.749 días y la relación íntima entre su escritura y su vida.

Mónica Sarmiento Duque

Juana Sánchez-Ortega acaba de dar a luz su novela 5.749 días, una historia de amor en tiempos de posconflicto, tras un largo proceso de gestación que evidencia las cicatrices que le dejó el secuestro de su padre en 1995. Esta circunstancia propia de un país en conflicto ocupó más días de los que realmente le correspondían, reconoce la autora, quien cree haberle puesto un límite a las consecuencias de este flagelo en su vida al culminar su ópera prima que resultó finalista en los premios Planeta 2019.

5.749 días se trata de una obra de ficción que se hinca en las entrañas del secuestro con sus diversas circunstancias, sentimientos y surcos. Lo hace a través de la historia de amor de Miguel González y Lucía Rojas, y desde diferentes planos: desde la posición de la víctima y la del victimario; desde la visión cubierta por los árboles y la flora colombianos y desde la perspectiva que ofrece una situación a diez mil kilómetros de distancia, en Barcelona; desde un pasado de guerra y un presente que viste al acuerdo de paz de sentimientos, facetas y experiencias. “Es una novela sobre el perdón, el miedo, el sueño de la paz y la importancia de la familia como estructura sacudida por la guerra que se vivió en Colombia por un espacio de cincuenta años y cuyas secuelas permanecen”, señala Juana Sánchez-Ortega.

La autora de esta novela estudió Derecho y sin duda esta carrera se advierte en las diferentes escenas de la novela. Para su concepción se necesitaron varios testimonios, pese a ser una obra de ficción. “Fue una forma de acercarme a la verdad y dar un lugar a cada uno de los actores. Es también una manera de relativizar el concepto de culpabilidad y trascender para entender por qué en un momento dado las personas actúan por encima de sus principios y valores. A la justicia no le es suficiente con la declaración de inocentes y culpables, más allá de este proceso se trata de lograr que como sociedad podamos seguir adelante. El derecho no existe para castigar, sino para ayudar a que podamos vivir juntos”, enfatiza la autora.

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Con 5.749 días el lector puede viajar en tiempos y espacios que se entrecruzan. Resulta necesario armar el rompecabezas de la historia. Es un juego narrativo en que aparecen y desaparecen escenas hasta mostrar una puesta en escena final. Está llena de vericuetos como la vida misma.

Personajes con vida propia

Sobre la forma de diseñar su obra, Juana Sánchez-Ortega se declara una estratega. El mito de las musas y las inspiraciones mágicas desaparecieron para dar lugar a un método minucioso para crear cada uno de los protagonistas de su novela. Ella es coleccionista de personajes, incluso tiene un podcast sobre esta temática.

La autora participó en cursos de la L’escola D’escriptura del Ateneu Barcelonès con el fin de obtener los fundamentos de cómo escribir bien, pero en el fondo no sabía qué esperar. “Pensé que iría más de puntuación, estructura de oraciones, reglas básicas de estructura, algo de personajes y naturalmente, todos estos temas se trataron, pero lo que finalmente me marcó fue el poder fue organizar la escritura. Definir su arquitectura. Entender que antes de ponerme a digitar letras de una manera desenfrenada, era esencial comprender el libro en su conjunto para sacarle el mayor provecho al proceso y para ello la escaleta se convirtió en mi mejor aliada durante el proceso creativo”.

En relación con la forma en que abordó la escritura de su obra señala: “descubrí que soy obsesiva en la construcción de personajes y la investigación de los detalles que van alimentar el universo en el cual se desarrolla la trama. Mis personajes tienen una biografía de la cual en el libro se ve tan solo un veinte por ciento. De los protagonistas Miguel y Lucía tengo toda su historia académica, las materias que cursaron en la universidad, las diferentes parejas que han tenido a lo largo de la vida, sus gustos gastronómicos e incluso les conseguí sus cartas natales. Tengo una libreta en donde tengo los planos de sus casas, los adornos de sus habitaciones, las frases que podían habitar su cabeza. En síntesis un profundo ejercicio de versosimilitud.

En términos del conflicto, recopilé hechos de la historia colombiana, crónicas de diferentes perspectivas de la guerra, dediqué bastante tiempo a ver videos de adoctrinamiento de las Farc, testimonios de secuestrados y también experiencias de reinsertados. Tuve el privilegio de conocer a través de Mujer Diáspora diferentes miradas de actores del conflicto. Las fotos de Jesús Abad Colorado me conectaron hasta las lágrimas con quienes han estado más cerca de la realidad colombiana”.

Historias de familia, cronómetro emocional

La lectura ha sido una constante en su vida. De alguna manera los libros le han permitido escapar y vivir diferentes tipos de existencias. Relato de un naúfrago, de García Márquez, resultó significativo y la conectó con el triángulo crónica - investigación - creación, así como Memorias de una joven formal, de Simone de Beauvoir, que la introdujo en la reflexión honesta de las emociones y hechos de la vida. Obras como El Olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, e Historia oficial del amor, de Ricardo Silva, le permitieron enlazar las historias de familia con las historias del país. Se declara así mismo fanática de la saga de Harry Potter que mezcla un sinnúmero de realidades pese a la certeza racional de su inexistencia.

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Durante el secuestro de su padre escribió un diario de aversión, de espanto y de suplicio. Un espacio idóneo para el absolutismo y los juicios categóricos, sin entender que detrás de cada circunstancia siempre hay una perspectiva humana. En contraste, el proceso de escritura de su novela 5.749 días, señala Sánchez-Ortega, resultó diferente, pues estuvo marcado por la sabiduría de su familia y se enriqueció con la oportunidad que tuvo de conversar con otras víctimas.

Resulta inevitable preguntarle de dónde sale su marcada tendencia a medir el tiempo no solo para ella, si no para los personajes de la novela. Juana Sánchez-Ortega tiene su propio cronómetro emocional. Mide el tiempo en horas, días, minutos y segundos y resalta que la experiencia de un secuestro no culmina con la liberación. “Con esta novela perdono y me perdono, asumo las consecuencias y sigo adelante. El odio lo superé en 32 días, pero el dolor del secuestro me tomó 26 años: 9.717 días”, señala a manera de sentencia.

Sobre su aspiración a que el libro represente una forma de pasar la página en un país caracterizado por la polarización, admite que le encantaría, pero que más allá de ese anhelo está la invitación a la reflexión. “Si algo aprendí del plebiscito, del proceso de paz, de los grandes acuerdos es que aunque las cicatrices del conflicto son inevitables se pueden sanar en buena parte en espacios íntimos. Ojalá entendamos que al odiar y no perdonar estamos bebiendo veneno esperando que sea el otro quien sufra sus efectos. Mientras tanto, la lectura de esta novela apuesta por encontrar el amor en tiempos de posconflicto”.

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