La poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972), es tal vez una de las poetas latinoamericanas de mitad de siglo más leídas, (hoy especialmente por los jóvenes). Su vida fue un solo mirar hacía dentro, construir con su cuerpo un poema, hacer de su vida un espacio poético, y esto tiene un mágico atractivo para todo aquel que se acerca a ella. Con seguridad, el poema que mejor puede ejemplarizar esto que digo, es:
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Vértigos o contemplación de algo que termina¹
Esta lila se deshoja,
desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.
Su escritura, no fue muy extensa, pocos libros la reúnen totalmente. Siete libros de poesía suyos² fueron publicados en vida, los demás son selecciones, textos recuperados por sus amigas, hoy curadoras de su obra, y hallados en los bordes de sus papeles de Diario, pero que continuarán como ejemplos de su intensidad poética y de vida. Alejandra Pizarnik no fue una escritora de textos largos, el más extenso suyo “La Condesa Sangrienta”, es apenas un conjunto de breves relatos que describen las torturas y muertes que la Condesa Erzsébet Báthory (1560-1614), los demás conocidos son pequeños ensayos y narraciones sin mucha ligazón y algunos escritos como tareas alimenticias, y otros que pretendieron la experimentación, la búsqueda de caminos diferentes a la ya explorada por ella, en sus libros de poesía.
Su fórmula poética permite disfrutar el placer de su estrategia literaria, la cual fue llegar al mismo lugar, inicio de la frase, (que particularmente recuperó del poeta inmigrante Antonio Porchia, cuya estructura le da a Alejandra, en su juventud, elementos para la escritura). Esto se suma a algo muy propio suyo: la brevedad, la intensidad y la austeridad. Además, su abordaje a la imagen surrealista, al mismo tiempo que un “otro giro a la tuerca”, acompañado con la ubicación del sujeto al final del verso (en muchas oportunidades el sujeto, es ella misma). Todos estos elementos constituyen el método, el andamiaje para la elaboración de su poesía. Miremos estos ejemplos, tomados de su libro “árbol de Diana” y de “La última inocencia” que son una muestra de esto.
“explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome”
“Se fuga la isla
y la muchacha vuelve a escalar el viento”
(“La última inocencia”)
“como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme”.
(Los trabajos y las noches,1965)
Ella, la poeta de la mitad del siglo XX en Buenos Aires es hoy, a los 90 años de su nacimiento, recordada y valorada por su obra poética fundamentalmente, un extenso Diario literario, narraciones, ensayos, reseñas, algunas entrevistas y un texto teatral, son el cuerpo central de su constante búsqueda. Vivió unos años en París, conoció a importantes escritores de la mitad de siglo (amiga de Julio Cortázar, Aurora Bernárdez, Octavio paz, Jorge Gaitán Durán, Marguerite Duras, entre muchos) publicó “Árbol de Diana” y vivió intensamente un caer continúo al abismo y saber la soledad como algo íntimo.
Sus traducciones y entrevistas a escritores se convirtieron en mitos literarios, pues se sabe de ellos, aunque no tengamos donde encontrarlos. Debió volver al país pues su situación económica, las exigencias de su madre, la enfermedad del padre, la obligaron asumir un espacio que no era el suyo y que la llevó poco a poco a hacer con su cuerpo el poema. Lo había dicho varias veces de muchas formas, he de morir, quiero morir de cosas así.
Pero los escritos a partir de 1966, ya viviendo nuevamente en Argentina dan señal de su trabajo intenso en la indagación de nuevas formas para continuar haciendo con su cuerpo, el cuerpo del poema. Ella es consciente que su poesía requiere romper con lo ya consolidado, por ello la fractura, la construye a partir de pedazos de otros, la silencia y luego irrumpe primero en el absurdo, en el humor y el sarcasmo, utiliza palabras vulgares, emplea neologismos, fusiones léxicas, trae versos del francés y los hace sonar en paralelo con otros en una perfecta pluralidad de voces que poseen caminos y sentidos distintos.
Dije que en su última etapa, “echa mano” de textos y de autores que más la obsesionaban, rasga trozos de ellos y los pone, como un collage, como puertas que se abren a espacios propios, pues son estos, campos de preocupación común: “Alicia en el país de las maravillas” de Levis Carroll, es casi “su alter ego”. Ha perseguido este personaje en el jardín; el nombre suyo y el de la pequeña comienzan por “A”, ambas son dos niñas que buscan llegar a un lugar por terrenos y túneles oscuros que no entienden; “Los cantos de Maldoror” ha sido su libro de cabecera desde su adolescencia; Antoni Artaud, su escritor favorito pues su prosa ardiente y desdentada, procaz e insultante, en esta etapa de la vida de Alejandra, constituye otra salida.
Por eso este año, al cumplirse 90 de su nacimiento, recordarla y leerla es una “obligación” para los que sabemos de su importancia literaria y para los que no la han abordado, reconocer en sus poemas, esa dosis íntima de soledad, de misterio, de elevación poética, de vida por y para la poesía, es un paliativo en tiempos difíciles como son estos.
Por ello, debe señalarse el reconocimiento que Sílaba Editores hace con la publicación de la segunda edición de la novela “Alejandra la poeta que murió de su vestido azul” la cual lleva esta vez un prólogo del escritor Pablo Montoya como antesala a un texto que tiene de ficción y de elementos de la vida de la poeta, como del entorno social, político y cultural, la dosis apropiada para disfrutar una obra llena de lo literario en el siglo XX.
Dejo este poema que considero su segunda declaración íntima, más importante:
Cold y hand blues³
y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y que es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo
(1) “Poesía completa”. Pizarnik, Alejandra. Edición a cargo de Ana Becciu. Editorial Lumen. Página 214, 2000
(2) “La tierra más ajena” 1955, “La última inocencia” 1956, “Las aventuras perdidas” 1958, “Árbol de Diana” 1962, “Los trabajos y las noches” 1965, “Extracción de la piedra de la locura” 1968”El infierno musical” 1971
(3) “Poesía completa”. Pizarnik, Alejandra. Edición a cargo de Ana Becciu. Editorial Lumen. Página 263, 2000