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"Al pasar frente al cuarto de coser vio por la ventana a una mujer mayor y a una niña sentadas en dos sillas muy juntas, ambas siguiendo la lectura en el mismo libro que la mujer mantenía abierto en el regazo; la lección no se interrumpió, pero la niña levantó la vista para ver quién pasaba por la ventana, y esa mirada casual fue el origen de un cataclismo de amor que medio siglo después aún no había terminado". Así describe García Márquez el primer encuentro entre los protagonistas de una de sus novelas más reconocidas, El amor en los tiempos del cólera.
Pasarían otros 22 años para que el llanto, la zozobra y la emoción de esta tórrida novela conmoviera a los espectadores en todos los lugares donde se ha exhibido la adaptación cinematográfica de esta obra, que muchos quisieron llevar al cine. El director elegido fue Mike Newell, reconocido por uno de los capítulos cinematográficos del mago británico, Harry Potter y el cáliz de fuego y una de las mejores comedias románticas de los últimos tiempos, Cuatro matrimonios y un funeral . A pocos días del estreno mundial, El Espectador habló en exclusiva con su director.
¿Estará en vía de extinción esta clase de historias de amor?
No. Siempre he pensado, desde que leí el libro hace 20 años, que esta es una historia de todos los tiempos. El amor es tan humano que pensar que historias de amor como la de Florentino y Fermina están extintas, sería hablar de nuestra propia pérdida como seres humanos, el amor es lo único que nos mantiene vivos.
¿Quedarán más hombres como Florentino Ariza?
Espero que sí, ese es el mensaje de la historia, de cómo ser lo suficientemente fuerte de corazón para luchar, así sea por toda una vida, para no vivir en vano y sin amor. Ese es el caso de Florentino, quien amó por más de 60 años a la misma mujer, luchando por sus sentimientos aun en contra de su misma felicidad. ¿Qué sentido tiene vivir si no amas realmente? Creo que ninguno.
¿Cree que un hombre puede ser virgen de espíritu como Florentino decía?
Jajajá, no lo sé, es muy difícil de creer, aunque si el amor es tan obsesivo como lo fue para este hombre, aún hay esperanza para las mujeres. Lo que realmente sucede con esto es el gran sentido del humor que tiene Gabo, él es tan fino con sus bromas, que pone a prueba al lector sugiriéndole este tipo de dilemas sobre el amor, la virginidad y la fidelidad.
¿Alguna vez tuvo un caso de amor no correspondido?
Claro que sí, absolutamente, cuando era joven lo viví en carne propia y déjeme decir, duele mucho, es un desasosiego tal que se pierde el sentido del tiempo y del espacio, se siente que el sol no brilla, es como estar en penumbras; por eso sentí una gran simpatía con lo que profesaba Florentino en la historia.
Cambiando de tema, ¿cómo terminó con este proyecto?
Cuando supe que esta obra se iba a llevar al cine enloquecí, me obsesioné como nunca antes, volví a leer el libro de una forma como nunca antes lo había hecho, pensado en cómo lo vería a través del lente. Al terminar supe que esta historia tenía que ser mía y así fue. Entonces fui y cacé al escritor del guión, el británico Ronald Hardwood (El pianista), le dije todo lo que tenía en mente y le encantó, entonces me contactó con los productores, de ahí todo es historia.
¿Se sintió intimidado por el reto de llevar al cine una obra de este calibre?
Absolutamente, sobre todo el hecho de que esta novela para mucha gente en Colombia y en el resto de Suramérica es un libro tan distintivo y célebre como la Biblia, y más el hecho de hacerlo en un idioma en el que no fue originalmente escrito.
¿Y por qué hacerla en inglés?
Querían que fuera lo más universal posible, que llegara a todos los rincones del planeta y pues se creyó, por parte de los productores (de mayoría estadounidense) que en inglés era la mejor forma de hacerlo; pero decir que debería ser en español es tan loco como decir que Shakespeare sólo se puede hacer en inglés. Además, si hubiese sido en español yo no estaría ahora hablado contigo.
¿Cuál fue la diferencia entre adaptar al cine un libro de Harry Potter y esta novela de García Márquez?
La gran diferencia es que Harry Potter es un libro que permite cortar pedazos de la trama y aún continuar con la historia principal, que fue lo que yo hice, pero con la novela de Gabo no era tan fácil, pues me di cuenta de que cada frase en cada párrafo hace parte de una maraña literaria interconectada y que si quitaba un hilo, la historia se me descosía. Me demoré más de dos meses en lograr atar cabos y ponerlos en pantalla.
¿Gabo le dio algunos consejos antes de comenzar la filmación?
Claro, leyó el guión, nos ayudó muchísimo, hablamos sobre los actores principales y durante la filmación los actores lo llamaban de vez en cuando para buscar los rincones perdidos de sus personajes. Yo lo llamaba cuando me encontraba confundido y él me decía "vuelve al libro, que esa es tu real guía".
¿Y él ya vio la película?
Sí, ya la vio, le fascinó, lo que me parece fabuloso. Yo estaba muy asustado de su reacción, su visto bueno era muy importante para todos. El productor se la mostró en Ciudad de México a finales de septiembre. Una vez prendieron la luz, cuando se acabó la película, él se tomó la cabeza y después extendió los puños en el aire como si hubiese anotado un gol. Fue lo máximo.
Casi un año después, ¿qué es lo que más extraña de Cartagena?
Extraño lo felices que son lo cartageneros, la energía y el carisma del costeño. Extraño el colorido de sus calles, pero sobre todo su bulla. Si en Cartagena tu tienes un radio, lo oyes a máximo volumen, y si manejas un bus lo llevas en primera con el exosto roto haciendo un ruido muy pintoresco. La gente no habla sino grita, esa bulla me encantaba, me hacía sentir vivo. Estoy muy emocionado por volver y hacer la siesta de dos horas a la que me estaba acostumbrando (sonríe).
¿Cuál era su percepción de Colombia antes de venir a rodar?
Honestamente no sabía qué esperar, pues por mucho tiempo había oído sobre Medellín y el narcotráfico, parecía que Colombia fuera un secreto para Europa. Pero después de pasar más de tres meses en esa tierra y con su gente, estamos muy agradecidos con todo el país y sobre todo con Cartagena. De una u otra forma esta película hará justicia a lo hermoso y maravilloso que es ese país.
¿Fue difícil de retratar el realismo mágico en la película?
Por supuesto, a diferencia de Cien años de soledad este libro no tiene tanto realismo mágico, pero tiene momentos de extrema intensidad, la atmósfera sinigual de la imaginación de Gabo, personas haciendo cosas extraordinarias por razones extraordinarias, eso fue muy difícil de llevar a la pantalla, fue un gran reto. Tengo que esperar al veredicto final del público.
En la película se aprecian increíbles cambios físicos de los actores, ¿cómo fue el proceso de preparación?
Fue muy dispendioso, por un lado tuvimos una entrenadora de acento quien logró, después de un intenso mes de trabajo, que todos los actores hablaran el mismo tipo de inglés. Esto era vital para la historia. Por el otro lado, tuvimos un entrenador de movimiento muy reconocido, quien les enseñó a los actores a moverse de acuerdo con su edad, desde jóvenes hasta ancianos. Estos dos factores, con el maravilloso maquillaje, son una de las grandes virtudes de la película.
¿Como fue dirigir a Catalina Sandino?
Absolutamente adorable, la pondría en una botella y la llevaría conmigo a donde quiera que vaya, su virtud fue lograr que su personaje fuera tan real como ella misma. En general quisiera agradecer a todos los actores colombianos que hicieron parte de la película, quedé realmente impresionado por el gran talento que hay en ese rinconcito del Caribe. Puro talento.
Háblenos un poco del trabajo del colombiano Felipe Aljure...
Él fue vital para la película, sin él no hubiésemos podido hacerla. Nos ayudó con el casting de extras, con las locaciones, con el gobierno local para que nos dieran todos los permisos; además, él era el director de segunda unidad, filmaba todo lo que yo no podía. Hay unos panoramas preciosos de las montañas colombianas, ya verán, eso nunca se hubiese visto si no fuera por Felipe y su helicóptero.
acorzo@elespectador.com