El Magazín Cultural

1 Feb 2019 - 9:23 p. m.

A la casa de Rivera la devoró la selva

El sino trágico de Arturo Cova, protagonista de la novela "La Vorágine", también signó la memoria, el legado y los vestigios de su creador.

Marcos Fabián Herrera

José Eustasio Rivera, autor de La vorágine, fallecido 90 años atrás.  / Cortesía
José Eustasio Rivera, autor de La vorágine, fallecido 90 años atrás. / Cortesía

La violencia, ominosa impronta de la historia de Colombia que permeó su obra,  le siguió arrebatando, ya en su gloria post mortem, “los deliquios embriagadores” que tanto ansiaba el amante de Alicia en su desesperado periplo a la selva. Ese desespero no le fue ajeno a las miles de personas que durante décadas se apiñaron todos los días en interminables filas frente a la casa del novelista José Eustasio Rivera, ubicada en el deslucido centro de Neiva. Agobiados ciudadanos, jadeantes por el cansancio y el apuro por demostrar su conducta ajustada a la ley, nunca ávidos lectores del escritor que en su momento recibió elogios del notable narrador uruguayo Horacio Quiroga;  y angustiados contratistas, desempleados y aspirantes al honor militar, que en un tortuoso trámite kafkiano esperaban por horas el extinto pasado judicial, hicieron interminables filas  frente al mancillado y desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad D.A.S.   Esta institución ocupó la casa en la que vivió el autor de Tierra de Promisión  mientras cursaba el bachillerato, primero  en el Colegio Santa Librada y luego en el San Luis Gonzaga. 

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