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A puro bandoneón

El reconocido artista afirma que el tango es una lengua muerta y que todas las manifestaciones contemporáneas y electrónicas se han encargado de pisotear lo que queda de la cultura porteña.

Juan Carlos Piedrahíta B.

24 de julio de 2008 - 05:09 p. m.
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Las voces de sus amigos y los ladridos de sus perros son los sonidos qué más le gusta escuchar. Es músico, siempre lo ha sido, pero es capaz de identificar que las prioridades de la vida no necesariamente son rítmicas. El tango, en su más pura expresión, lo sedujo desde pequeño y por eso al preguntarle por el género porteño y por su instrumento por excelencia, el bandoneón, responde que es como preguntarle a un pez por el agua.

A Rodolfo Mederos no le gusta ni le deja de gustar el tango, es su medio, él tiene que tocar el bandoneón, porque la idea que tiene es ser consecuente con su historia y representar lo más ancestral de su cultura. Él no optó por el instrumento, ni mucho menos se inclinó por el género, fue una cuestión de naturaleza. Natural, a veces parco, otras tajante pero siempre muy sincero, así es este maestro nacido en Buenos Aires y que ha sido docente, director musical, compositor y arreglista.

En la década de los 70 participó en lo que se llamó rock argentino y tuvo una memorable actuación en el trabajo discográfico El jardín de los presentes, de Luis Alberto ‘El Flaco’ Spinetta. Hoy prefiere no hablar del tema, pero sí recuerda con mucho cariño las invitaciones que le han hecho personalidades de la canción social como Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrat.

En este momento está concentrado en la culminación de su tríptico, una serie musical bastante compleja, en la que ha demostrado distintas facetas porque en el primer álbum, titulado Comunidad, se hace acompañar por un formato tradicional de tango. En el segundo, Intimidad, lo respalda un trío y en el más reciente disco, Soledad, está respaldado por su bandoneón.

“Soledad está compuesto por solos de bandoneón, porque creo que todos vivimos en soledad en algún momento de la vida. Todos vivimos en comunidad, en intimidad y en soledad y la música puede reflejar eso también. Yo cuando compongo lo hago en su totalidad. No me sobran temas, construyo una pieza en la que no quedan sobrantes ni faltantes. Yo elaboré esa trilogía

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de Comunidad, Intimidad y Soledad en mi cabeza y desde el comienzo estaba concebida así para el público”, comenta categóricamente Rodolfo Mederos.

No se deja descrestar por el virtuosismo en la improvisación, tan de moda en las nuevas corrientes del tango actual. Para él en la música existen personas con capacidad para improvisar y artistas que, simplemente, no lo hacen. En el estilo porteño, y en general en el ámbito sonoro, la improvisación representa tan solo una de las múltiples opciones de la amplia oferta musical. La interpretación adecuada, correcta y, sobre todo, respetuosa de lo que está escrito en la partitura tiene un mérito inmenso, según la opinión de este personaje, que creó agrupaciones tan destacadas como Guardia Nueva y Generación Cero.

Tampoco les rinde pleitesía a las grandes figuras del tango como Carlos Gardel y Ástor Piazzolla y por eso presentarse en Medellín, la tierra que vio morir al denominado ‘Zorzal Criollo’, no representa nada en especial. Sin embargo, valora su aporte, lo que no sucede con las nuevas corrientes del estilo porteño.

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“El tango no puede ser electrónico… lo único electrónico son la plancha y el ventilador. Las nuevas corrientes del tango no merecen la pena. Lo mejor es no perder tiempo hablando de algo que ni siquiera es artístico. Creo que el tango se puede dividir en música y en oportunismo. El comercio marca mucho la música actual, pero creo que el tiempo pondrá las cosas en su lugar”.

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Para Rodolfo Mederos no hay ninguna tendencia rescatable en la actualidad y eso le da tristeza porque el  tango es, hoy por hoy, una lengua muerta, tal como ocurre con el latín. “Lo que se llama tango murió en los años 60. Esa es la realidad y lo que pasa ahora es un fenómeno para el turismo, no tiene mística, ni esencia. Es falsa y es un pisoteo a una cultura y a la memoria de todo un país”, asegura el bandoneonista.

Sus planes, por ahora, están centrados en la posibilidad de que la gente conozca la esencia de un estilo casi extinto, pero con unas raíces sólidas que mientras más tiempo pasa se escucha mejor... sobre todo si es con el bandoneón de Mederos.

Por Juan Carlos Piedrahíta B.

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