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Adiós a Dala

El músico bogotano Daladier Arismendi, fundador de la banda de reggae Alerta Kamarada, fue asesinado en San Agustín, Huila.

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Sara Malagón Llano
07 de agosto de 2014 - 04:08 a. m.
La casa de La Candelaria donde vivían los rastas hacia el año 2003. / David Caneva
La casa de La Candelaria donde vivían los rastas hacia el año 2003. / David Caneva
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Los asesinos entraron a la finca La Maloca el domingo por la noche y atacaron con un machete a Daladier Arismendi. Uno de los golpes lo recibió en la cabeza. Ese fue el que lo mató. Sólo hasta el lunes encontraron su cadáver, que yacía sobre la cama, envuelto en una sábana.

Desde hacía ocho años el músico vivía en San Agustín con su esposa, de nacionalidad alemana, y su pequeña hija (quienes estaban fuera del país cuando ocurrió el homicidio), y se dedicaba a hacer artesanías. Antes, algunos años antes, Arismendi vivía en La Candelaria junto a los demás miembros de la banda Alerta Kamarada.

“Por una calle empinada de la antigua Bogotá se llega a la casa de los Alerta Kamarada, una banda de reggae que decidió compartir espacio, crecer como familia y rendirle homenaje a la cultura rasta, originaria de Etiopía y conservada en Jamaica. Ubicada en la parte alta del barrio La Candelaria, es un domicilio donde estos rastas colombianos sobreviven a las adversidades de la Nueva Babilonia, como ellos denominan a la sociedad de consumo”, escribió David Caneva hace más de una década en su artículo “La comunidad del humo”.

Y es que el reggae no es sólo un género musical. Aquellos que hacen reggae muchas veces también pertenecen a un movimiento espiritual, el rastafari, que considera que Haile Selassie, un emperador de Etiopía de principios del siglo XX, es la tercera reencarnación de Jah, después de Melquisedec y Jesús. “Un ejemplo de hombre”, se le oía decir a Arismendi.

La filosofía rasta dicta un estilo de vida basado en una conexión profunda con la naturaleza y un rechazo por el sistema económico capitalista y su escala de valores. La solidaridad, la colaboración, el compañerismo son las más altas cualidades. “El deber rasta es dar ejemplo a la sociedad de que se puede vivir sin interferir en los procesos naturales. Lo que pasa es que la gente tiene que estudiar el tema rasta para comprenderlo y comprendernos”, decía Arismendi.

“En lo profundo de la tierra y el mar, Jah Rastafari está ocupando su lugar”, cantaba Alerta Kamarada, que cuando se reunía compartía el silencio, “la bondad milenaria de los rastas, y la sabiduría recogida en el Kebra Negast, el libro sagrado de la religión etíope que los convoca y representa”, dijo Caneva tras su visita a la casa.

Alerta Kamarada nació en 1996. Pasaron del ska al hardcore en busca de un estilo musical que reflejara su modo de vida, su visión de las cosas. Fueron así encontrando su ritmo, que combina el folclor colombiano con el reggae y letras que llaman a luchas políticas y sociales.

Fueron consecuentes. Su vida fue su música. Arismendi quiso seguirlo siendo al distanciarse de la sociedad que criticaba, para vivir en medio de lo natural, sobreviviendo con lo necesario, en aquel municipio en el que lo mataron sin razón. Lo que no es coherente es que un hombre que intentara difundir un mensaje de paz y amor haya sido víctima de un crimen tan brutal.

En la tarde de ayer se llevó a cabo en su honor una marcha por la vida en San Agustín, como expresión ciudadana contra la violencia.

El féretro del artista fue trasladado por sus familiares hasta Bogotá, donde será sepultado.

Por Sara Malagón Llano

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