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Qué hacer cuando dos compañeros incondicionales de vida, dos maestros y amigos bondadosos de los que aprendiste los talentos que el mundo te reconoce, mueren. Maruja Torres, la periodista española y ganadora del prestigioso y más antiguo premio de literatura ibérico, Nadal, el pasado 6 de enero, respondería con una solo palabra: catarsis.
Sacarlo todo, escribir las conversaciones que se tuvieron y fantasear con las que no, partir desde el mundo de los vivos y viajar hacia el de los muertos y encontrar la paz de la compañía anhelada de los amigos entrañables que ya nunca verás más, esa es en esencia la historia que cuenta Esperadme en el cielo, el libro con el que Torres mereció el importante reconocimiento que otorga desde 1944 la editorial española Destino y que ha reconocido a figuras de la literatura española como Juan José Millás, Manuel Vicent y Francisco Umbral.
El triunfo es, sin embargo, agridulce, pues como declaró la periodista a la agencia AP: “No hubiese escrito este libro si mis amigos y colegas Terenci Moix (1942-2003) y Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003) no hubieran muerto”. A lo largo de la novela, escrita en primera persona, se cuenta cómo estos tres personajes son testigos de las transformaciones del barrio Chino, ahora conocido como Raval, de la Barcelona de su juventud y la de época de la posguerra.
Esa especie de aventuras de una vida invisible resulta tan placentera, que la autora y protagonista del libro le confiesa al diario madrileño El País que en un momento dado se planteó si “es más cómodo estar muerta que viva”.
Maruja Torres nació en Barcelona en el seno de una familia humilde, pero fue su mentora, Carmen Kurtz, la que la sacó de su puesto de secretaria y la adentró en las salas de redacción de varios medios españoles. Ahí, su pluma, sus declaraciones de tintes políticos, sus columnas sin tapujos en contra de los partidos políticos españoles o los conflictos internacionales le valieron un gran reconocimiento. En 2000 fue ganadora del Premio Planeta con la novela Mientras vivimos y en 2004 escribió Hombres de lluvia tras radicarse en la ciudad de Beirut. Ahora, con el Premio Nadal recibió la suma de 18.000 euros. El otro finalista, al que le correspondieron 6.000 euros, fue el escritor nacido en Valladolid Rubén Abella, con El libro del amor esquivo, una novela de amores perdidos e historias cruzadas.