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La conexión más importante entre Jorge Drexler y el mundo es la canción. En ella pone en juego casi todo, y cada vez que se dispone a componer es como si lo hiciera por primera vez, así que le toca desarmar las herramientas preestablecidas y evadirse de cualquier automatismo para empezar de cero. Cuando el uruguayo abandona los territorios conocidos para explorar, ahí mismo comienzan la angustia, la duda y el vértigo, tres sensaciones que fomentan su creatividad y lo impulsan a agarrar la guitarra, apretar el esfero y tomar el dictado desde adentro. Lo importante es que los impulsos se transformen en dínamos que lo lleven a kilómetros de distancia de la quietud.
“Yo escribo mucho con la guitarra y acompañado con lápiz y papel, pero también tengo muchas canciones que han surgido desde un sonido o desde la percusión o desde un apunte realizado en algún avión. Ahora estoy haciendo canciones para ser intervenidas por el oyente desde la aplicación de un teléfono inteligente o de una tableta”, dice Drexler, y aclara que no ahonda en el tema, aunque no por misterios, ni secretos, ni mucho menos misticismos, sino porque el proyecto está en plena etapa de génesis.
Así fue con Amar la trama, su más reciente trabajo discográfico, que presentó el año pasado en Bogotá y Medellín, en compañía de toda su banda, tal y como surgió el registro, porque fue grabado a la vieja usanza: con tomas completas, sin cortes, y con todos los músicos metidos en el estudio. Ahora, después de muchas giras arropado por elementos de percusión, con una sección completa de vientos y con un importante apoyo tecnológico, Jorge Drexler quiere realizar un ciclo de presentaciones con el formato más íntimo que ha podido encontrar: él solo en la tarima con sus tres guitarras.
“A mí me gustan mucho los dos planteamientos. Me encanta tocar con banda porque es una especie de viaje de amigos. Somos como catorce o quince personas en la carretera compartiendo alegrías y pesares. Pero luego de un tiempo extraño la posición antagónica del péndulo y esa es estar solo en el escenario, en el que uno tiene la posibilidad de cambiar el curso del concierto. Esa es una decisión que uno puede tomar cuando está solo”, comenta el cantautor uruguayo, que ganó un premio Óscar de la Academia en la categoría de mejor canción inédita para una película por su tema Al otro lado del río, de la cinta Diarios de motocicleta.
Una de las grandes ventajas que encuentra el artista en este formato tan particular es que puede jugar con los cambios de luces, tiene la libertad para convertir la oscuridad en su principal aliada y, además, puede cambiar el rumbo del concierto cada vez que lo considere necesario. Incluso confesó que, si tiene la oportunidad, jugará con los sonidos, tal y como hizo en su producción discográfica Cara B, grabada en vivo y en directo durante sus conciertos en Cataluña.
“Con las nuevas herramientas de edición, casi cualquier sonido puede ser transformado en música. No jerarquizo los sonidos, pero me gusta diferenciarlos por lo que me llegan a comunicar. El mundo del sonido es mi gastronomía personal”, advierte Jorge Drexler, quien, muy a pesar de lo que compone, siente que su labor es tan dolorosa como una herida abierta.
Este martes, Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, calle 170 Nº 67-51. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.