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Alemania tiene 34 estatuas colombianas adquiridas ilegalmente, pero se rehúsa a devolverlas

Documentos oficiales prueban que el Estado alemán conoce el origen ilegal de los objetos, que son patrimonio colombiano.

José David Escobar Franco

26 de julio de 2026 - 08:00 a. m.
Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia | Andrés Felipe Castaño Jiménez
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Los indígenas yanakuna resguardan un territorio sagrado en Colombia: el parque arqueológico de San Agustín, en Huila, patrimonio del país y una de las necrópolis más grandes del mundo. Llevan años realizando rituales para preparar los terrenos donde, esperan, regresarían las milenarias estatuas de piedra que están hace más de 100 años en el Museo Etnológico de Berlín. Esto depende de si sale bien la solicitud de repatriación del gobierno colombiano a la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano (SPK) –institución estatal que administra museos y bibliotecas de Alemania–, con la que hay negociaciones desde 2021.

Para Segundo Burbano, mayor yanakuna, las estatuas tienen un valor más allá de lo arqueológico: “Los espíritus de piedra que están allá pueden ser una madre, una abuela, un hijo”. El mayor Jair Quinayas, de la misma comunidad, asegura que la falta de esas estatuas en el territorio genera un desequilibrio. Existe evidencia que indica que Konrad Preuss, el etnólogo alemán que extrajo las piezas a inicios del siglo XX, sabía que las estaba sacando ilegalmente de Colombia. A pesar de esto, la SPK rehúsa la solicitud.

A una petición de información, una portavoz del Museo Etnológico de Berlín respondió: “Mientras continúan las negociaciones sobre el futuro de los objetos, no podemos emitir ninguna declaración al respecto”. No obstante, El Espectador, en conjunto con el periódico berlinés Die Tageszeitung (taz), accedieron al expediente de la negociación, que incluye un intercambio de cartas entre Hermann Parzinger, presidente de la SPK desde 2008 hasta mayo de 2025, y Alhena Caicedo, directora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).

La posición de Alemania en las cartas

En una primera carta del 2 de enero de 2025, Parzinger dijo que se justificaría bajo la ley alemana devolver los objetos si provinieran de un “contexto colonial” (...) y además hubiesen sido apropiados de un modo que hoy ya no se considera legal o éticamente aceptable. Pero afirmó que este no es el caso. Colombia no fue una colonia alemana: para inicios del siglo XX ya era una república independiente con la que Alemania tenía relaciones diplomáticas.

Parzinger añadió que “se trata de objetos arqueológicos de la época precristiana que no proceden de una comunidad cuyos descendientes estén vivos en la actualidad”. Esto, según el funcionario, implica que Colombia no puede reclamarlos.

Pero las autoridades colombianas han ofrecido pruebas para refutar estas tesis.

“Konrad Preuss fue un ladrón honrado”

Al frente de la exigencia ciudadana está la Veeduría “Pueblo Escultor”, liderada por los investigadores locales David Dellenback y Martha Gil en articulación con la comunidad yanakuna. En 1992, Dellenback logró ingresar a las bodegas del Museo Etnológico de Berlín, donde no solo inventarió 21 estatuas registradas de San Agustín, sino que descubrió otras piezas de Nariño omitidas en los registros oficiales. La colección fue extraída entre 1915 y 1923 por el arqueólogo prusiano Konrad Theodor Preuss, pionero de las excavaciones en el Huila. “Sabemos que hay centenares de estatuas de acá en colecciones privadas en todo el mundo, pero solo tenemos rastro de las que están en Berlín, porque Konrad Preuss fue un ladrón honrado que dejó registro de lo que se robó”, sentencia Dellenback.

A la carta de Parzinger, Alhena Caicedo, directora del ICANH, respondió con un informe que contiene extractos de cartas de Preuss, donde es evidente que él era consciente de que lo que hacía era ilegal. En una carta de 1915 dirigida a Wilhelm von Bode, entonces director de la autoridad estatal de museos, Preuss le notificaba: “Desde 1906 existe una prohibición de exportar antigüedades y objetos científicos destacados (...) ahora ha vuelto a recordarse porque alguien debe haber denunciado mis actividades en S. Agustín”. Posiblemente se refería a José María Burbano, corregidor de San Agustín, quien denunció las acciones de Preuss ante la Academia Nacional de Historia de Colombia. Para el momento, en Colombia regía el Decreto 21 de 1906, que prohibía deteriorar objetos patrimoniales del territorio. “No obstante, con cierta cautela, no hay peligro de sacar las cosas”, prosigue.

El historiador colombiano Andrés Ospina obtuvo directamente del Bundesarchiv más cartas de Preuss. En una, el alemán contaba que deliberadamente rompió varias de las estatuas para transportarlas fácilmente: “Tuve que encargar dividir la figura el ‘Resandero’ en dos partes que posteriormente se trajo de Monte Alto de las Piedras. (...) También dividí con serrucho una gran urna funeraria”. En otra, del 10 de julio de 1922, dijo que “para no llamar la atención de las autoridades colombianas” registró las estatuas como “minerales”.

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Foto: María Alejandra Alarcón

Sabiendo que iba contra la ley, Preuss extrajo múltiples objetos patrimoniales, rompió varios, fue denunciado por las autoridades locales y, para evitar represalias, mintió al presentar las estatuas como minerales.

La mayor parte del último siglo, las piezas líticas han estado guardadas en la bodega del Museo Etnológico en el distrito berlinés de Dahlem. La última vez que fueron expuestas fue en Bad Godesberg en 1986.

Parzigner respondió a Alhena Caicedo en mayo de 2025, antes de dejar su cargo, que esta información era “muy bienvenida” y que estaban “abiertos a una reevaluación de los hechos históricos”.

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Pero esa reevaluación aún no ha ocurrido. ¿Por qué la demora?

En 2023, durante el gobierno de Olaf Scholz, la entonces ministra de Cultura de Alemania, Claudia Roth, gestionó directamente la devolución de dos máscaras Kogui que Preuss también se llevó. En respuesta a preguntas formuladas por El Espectador y taz, afirmó: “Si se demuestra que Preuss efectivamente rompió las estatuas y las declaró minerales, esto constituiría una apropiación ilegal. Sería, sencillamente, un robo. Y eso es inaceptable. En tal caso, las estatuas deben ser devueltas y, además, se debería considerar una indemnización”.

“Pero ahora el gobierno de Alemania piensa diferente”, afirmó Alhena Caicedo sobre el gobierno de Friedrich Merz —que llegó al poder en 2025—. Cree, incluso, que sus contrapartes están demorando el proceso a la espera del cambio de gobierno en Colombia. El 7 de agosto se posesionará como presidente Abelardo de la Espriella, quien representa una oposición radical al gobierno Petro y no ha dicho qué planes tiene en cuanto al manejo del patrimonio.

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En efecto, Alemania ha aplicado lo que podría ser una estrategia dilatoria. El 17 de marzo de 2026, según consta en un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano, el doctor Alexis von Poser, encargado del Museo Etnológico, pidió a la embajada de Colombia información adicional. En concreto, solicitó una investigación de procedencia, donde las autoridades colombianas buscaran en detalle los archivos de todas las estaciones por las cuales pasaron las estatuas desde San Agustín hasta Puerto Colombia, en Barranquilla.

De acuerdo con el doctor Kwame Opoku, exasesor de Naciones Unidas y activista por la repatriación del patrimonio africano, la solicitud de investigación de proveniencia adicional es, frecuentemente, una estrategia para procrastinar la restitución. En un artículo al respecto, señala que esa tarea investigativa requiere dinero y tiempo, y que “no hay garantía de que la investigación sobre la procedencia del objeto conduzca a su restitución si se demuestra que fue saqueado”.

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Se buscó al Ministerio de Cultura alemán para pedir una respuesta a estos comentarios y un pronunciamiento sobre el proceder de Preuss. Una portavoz respondió que la investigación al respecto está en curso y que es un proceso que toma tiempo.

No obstante, para el jurista alemán, Hannes Hartung –especialista en derecho de las artes–, no se requiere tanto tiempo para valorar los hechos: “Fue simple y llanamente un saqueo sin permisos de exportación de Colombia, algo ilegal bajo el derecho internacional público ya a inicios del siglo XX. Es irrelevante si Colombia era o no colonia alemana”.

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“Alemania es muy consciente de la seriedad de la restitución. Por lo tanto, es muy problemático que con Colombia esté diciendo que simplemente harán investigación sin asumir la responsabilidad de devolver el patrimonio’”, agregó el catedrático de la Universidad de Munich, quien coincidió en que la solicitud de información adicional era una estrategia de dilación.

Colombia: “El patrimonio no se comparte”

En el pasado —según recordó Parzinger en una carta de 2013—, el gobierno de Colombia no estaba interesado en el tema. Incluso, celebraba que las estatuas de San Agustín fungieran como “embajadoras culturales” en el exterior. Hoy, la embajadora de Colombia ante Alemania es una mujer de carne y hueso: Yadir Salazar Mejía. “Hemos llevado a Alemania a tomar posición”, afirmó la diplomática.

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Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia | Andrés Felipe Castaño Jiménez

Salazar Mejía considera que alrededor de las estatuas hay grandes oportunidades para la cooperación científica y cultural entre los dos países. Alemania coincide. No obstante, la divergencia de fondo radica en que la propiedad de las piezas no está resuelta. Los funcionarios del Estado colombiano están regidos por la Constitución, que en sus artículos 8, 63 y 72 establece que el patrimonio cultural es inalienable, imprescriptible e inembargable y el gobierno lo tiene que proteger. Es decir, la propiedad de las estatuas es de Colombia y no se puede compartir.

Los últimos cuatro años, la embajadora ha argumentado frente a Alemania el valor de la colección lítica y la relevancia que su retorno tiene para el país. Llevó el tema a las más altas esferas de la política alemana e incluyó en la agenda diplomática cartas de la comunidad y de la población indígena y de San Agustín. Incluso, en 2023, llevó a Lars Christian Koch, entonces director del museo etnológico, a los parques arqueológicos.

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Pero, hasta el momento, no hay una fecha prevista para el retorno de las estatuas.

El gobierno está obligado a proteger el patrimonio

En 2013, un intento de homenaje a Konrad Theodor Preuss en Colombia desató la ira de miles de habitantes del pueblo de San Agustín. El ICANH planeaba una exposición en el Museo Nacional de Bogotá, capital colombiana. Se celebrarían 100 años de las primeras excavaciones arqueológicas que Preuss comenzó en lo que desde 1935 es el Parque Arqueológico de San Agustín. Para los pobladores, el homenaje a Preuss era ofensivo y también lo era que el ICANH planeara trasladar 20 estatuas del parque a la capital.

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Tras protestas, impidieron que sacaran más estatuas del parque. Un año antes, mediante una carta con casi dos mil firmas, habitantes del pueblo de San Agustín solicitaron al Ministerio de Cultura y al ICANH que gestionaran la repatriación de las estatuas. Pero fue hasta 2017 que el Tribunal Superior de Cundinamarca, en una sentencia, dijo que era obligación del Estado colombiano proteger el patrimonio de la nación, y que estaba obligado a buscar la repatriación. Cuatro años más tarde, la entonces canciller colombiana, Marta Lucía Ramírez, comenzó las primeras gestiones. En 2022, Laura Gil Savastano, viceministra de Cancillería, convirtió la tarea de repatriar el patrimonio colombiano en un pilar de la política exterior.

Alemania ha mantenido controversias similares por la retención de bienes culturales con países como Nigeria (por los bronces de Benín), Egipto (por el busto de Nefertiti) y Camerún, entre otros. Históricamente, las autoridades alemanas se han negado a devolverlos amparándose en el tecnicismo de que las leyes internacionales de restitución no son retroactivas, o argumentando que los objetos fueron adquiridos “legalmente” en el mercado de arte de la época.

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Hoy, en Berlín, circula una versión en alemán de este reportaje en el periódico Die Tageszeitung (taz). Fue realizado en el marco del intercambio Alemania-América Latina del International Journalisten Programme (IJP).

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Por José David Escobar Franco

Periodista e internacionalista. Becario del International Center for Journalists (ICFJ) en 2024 y del programa Puentes de Comunicación de la DW Akademie, Efecto Cocuyo y El Faro en 2022.@JoseD_Escobarjdescobar@elespectador.com
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