El Magazín Cultural

Publicidad
24 Aug 2021 - 11:43 a. m.

Algunos poemas para recordar a Jorge Luis Borges tras 122 años de su natalicio

El 24 de agosto de 1899 nacía en Buenos Aires Jorge Luis Borges. Presentamos algunos de sus poemas para conmemorar esta fecha.

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges no escribió novelas porque, decía, “como no me tengo mucha confianza (...), es más fácil vigilar un cuento, en razón de su brevedad, que vigilar una novela”.
Jorge Luis Borges no escribió novelas porque, decía, “como no me tengo mucha confianza (...), es más fácil vigilar un cuento, en razón de su brevedad, que vigilar una novela”.
Foto: Agencia AFP

Son los ríos (Los conjurados, 1985)

Somos el tiempo. Somos la famosa

parábola de Heráclito el Oscuro.

Somos el agua, no el diamante duro,

la que se pierde, no la que reposa.

Somos el río y somos aquel griego

que se mira en el río. Su reflejo

cambia en el agua del cambiante espejo,

en el cristal que cambia como el fuego.

Somos el vano río prefijado,

rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.

Todo nos dijo adiós, todo se aleja.

La memoria no acuña su moneda.

Y sin embargo hay algo que se queda

y sin embargo hay algo que se queja.

(Le puede interesar ver la entrevista de Jorge Luis Borges en el programa español A fondo en 1976)

Entrevista a jorge Luis Borges de 1976 completa !

Sueña Alonso Quijano (La rosa profunda, 1975)

El hombre se despierta de un incierto

sueño de alfanjes y de campo llano

y se toca la barba con la mano

y se pregunta si está herido o muerto.

¿No lo perseguirán los hechiceros

que han jurado su mal bajo la luna?

Nada. Apenas el frío. Apenas una

dolencia de sus años postrímeros.

El hidalgo fue un sueño de Cervantes

y don Quijote un sueño del hidalgo.

El doble sueño los confunde y algo

está pasando que pasó mucho antes.

Quijano duerme y sueña. Una batalla:

los mares de Lepanto y la metralla.

James Joyce (Elogio de la sombra, 1969)

En un día del hombre están los días

del tiempo, desde aquel inconcebible

día inicial del tiempo, en que un terrible

Dios prefijó los días y agonías

hasta aquel otro en que el ubicuo río

del tiempo terrenal torne a su fuente,

que es lo Eterno, y se apague en el presente,

el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.

Entre el alba y la noche está la historia

universal: Desde la noche veo

a mis pies los caminos del hebreo,

Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.

Dame, Señor, coraje y alegría

para escalar la cumbre de este día.

Arte poética (El hacedor, 1960)

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar y que la muerte

que teme nuestra carne es esa muerte

de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo

de los días del hombre y de sus años,

convertir el ultraje de los años

en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso

un triste oro, tal es la poesía

que es inmortal y pobre. La poesía

vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Itaca

verde y humilde. El arte es esa Itaca

de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable

que pasa y queda y es cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.

Síguenos en Google Noticias