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Andrés Arévalo: “Me duele que películas tan valiosas no lleguen a la pantalla grande”

En el mundo del cine, hay muchas películas que no llegan a cautivar a grandes audiencias, pero no por falta de calidad, sino porque nadie las distribuye. Con Cinemaran, Arévalo busca solucionar este problema y traer algunas de esas historias que normalmente no llegan a la cartelera.

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Santiago Gómez Cubillos
23 de febrero de 2026 - 09:00 p. m.
Andrés Arévalo enfoca parte de sus esfuerzos en distribuir cine colombiano.
Andrés Arévalo enfoca parte de sus esfuerzos en distribuir cine colombiano.
Foto: Cortesía
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¿Cuál fue la primera película que lo hizo enamorarse del cine?

Yo creo que la primera película que vi, además en Colombia, fue “El jorobado de Notre Dame”, la animación de Disney. A partir de ahí me surgió ese gusto por el cine. Tenía unos 9 o 10 años cuando eso pasó. Aunque en esa época, más que películas, veía muchas series: “El pájaro loco”, “Los picapiedras”, todo eso.

¿Cómo siguió cultivando esa pasión por lo audiovisual mientras crecía?

A partir de ahí comencé a ir con más regularidad al cine en Colombia. Incluso vi una película que me llamó mucho la atención hace muchísimos años, que se llama La nave de los sueños, una comedia dramática colombiana. Todavía recuerdo que contaba la historia de unos polizones colombianos y me impactó bastante. Desde entonces arrancó ese gusto por el cine.

Cinemaran también se enfoca en la distribución de cine colombiano. ¿Qué le llamó la atención de esta industria?

Creo que lo que más me impresiona son los actores. Tenemos muy buenos actores e incluso muchos de ellos, sobre todo los anteriores de los años 80 o 90, venían del teatro en Colombia. Y son intérpretes que hasta hoy uno ve en pantalla y todavía se pregunta: “¿Cómo lo hacen?”. El potencial del cine colombiano está, en gran parte, en ellos y en los productores. Ahí radica nuestra mayor fortaleza.

¿Por qué decidió que su compañía también distribuyera cine colombiano?

Eso ha pasado en el último tramo de Cinemarán, hace tres o cuatro años. Desde entonces, me he ido relacionando más con la producción colombiana; antes no lo hacía, porque llevo 30 años en España y toda mi carrera en Cinemarán y en el mundo del cine ha sido aquí. Pero, a través de la industria, he ido conociendo gente y amigos que ahora producen cine colombiano y, a partir de ahí, nos hemos interesado cada vez más por el cine colombiano. De hecho, nuestro primer contacto como distribuidores fue en España con “La mujer del animal”, de Víctor Gaviria. La llevamos a Málaga antes de estrenarla en cines y ganamos dos Biznagas por esa película, una a mejor dirección y otra por el trabajo de etalonaje. Me encantó porque era muy impactante, muy fuerte. Desde entonces he hecho amistades en la industria colombiana, gente que nos ha ofrecido proyectos, y así hemos ido interesándonos cada vez más por el cine colombiano.

Entonces, si el cine colombiano llegó después, vayamos más atrás y cuénteme: ¿de dónde salió el interés por distribuir cine independiente?

El interés por el cine independiente nació cuando yo iba a Colombia de vacaciones y aprovechaba para ir a cine. Vivía aquí y, al mirar la cartelera, pensaba: “Bueno, aquí no ha llegado esta película…” y cuando preguntaba nadie sabía de lo que estaba hablando. En ese momento ya estaba en la industria, pero en el mundo de los laboratorios de cine. Al ver que no llegaban muchas de las películas que yo veía afuera y que me parecían geniales, me surgió la idea de comenzar a distribuir cine independiente.

¿Cómo define, dentro de ese gran universo del cine independiente, qué es lo que realmente vale la pena traer a Latinoamérica y qué no?

Te pongo un caso cercano: anoche estrenamos “The Storm: El secreto del gran barco negro” en Colombia. Es una animación china. Ese tipo de películas uno las ve y siente que realmente vale la pena llevarlas a las audiencias. Pero eso que tú ves tan bueno en términos cinematográficos, a veces, en el negocio del cine, no resulta tan atractivo ni para las salas ni para quien la distribuye. Entonces tienes que buscar esa audiencia dentro del territorio e intentar que se entere de que la película se va a estrenar. Por eso arriesgamos con este tipo de cine. No es fácil llevarlo, no es sencillo encontrar público ni lograr que los cines la programen. Hay que saber trabajar muy bien ese tipo de películas para poder asumir el riesgo de distribuirlas.

Además que compiten contra los estudios más grandes del mundo…

No es fácil, porque los circuitos de exhibición tienen que apostar por el negocio y por esas grandes producciones, que además tienen detrás una cantidad de costos que deben cubrir como mínimo. Entonces no es sencillo entrar en ese tipo de programaciones en los cines. Hay que buscar siempre la manera de hacer la mejor publicidad posible, que la película se dé a conocer a través de los medios, lo cual tampoco es fácil, porque muchos no apuestan por este tipo de cine. Y, a partir de ahí, intentar encontrar ese espacio, ese pequeño espacio.

En este universo del cine independiente, ¿hay alguna película que le haya llamado particularmente la atención?

Hay una película de la Segunda Guerra Mundial que me impactó mucho y que también influyó en esa curiosidad que me surgió por distribuir. Se llama “Phoenix”, una película alemana ambientada en la Segunda Guerra Mundial, me marcó profundamente por su historia. En el cine independiente hay películas muy valiosas, con guiones y giros narrativos muy sólidos, que a veces ni siquiera llegan a la pantalla grande. Eso me mueve mucho y me duele también, porque muchas no encuentran distribuidor o no logran acceder a la exhibición. En este ámbito se hallan grandes historias, relatos que te tocan y que, en ocasiones, reflejan partes de tu propia vida.

¿Qué le diría a una persona que nunca se ha acercado a este tipo de películas?

Le diría que el cine es mágico. Cuando ves una película, te transportas a otro lugar. En ese sentido, el cine te permite conocer historias, el mundo y distintas culturas. El ser humano siempre está en búsqueda de algo, y creo que el cine te ofrece eso, aunque sea durante una hora y media o dos horas.

Santiago Gómez Cubillos

Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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