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Desde hace unos años los colegios han disminuido las horas de las cátedras de arte o, en el peor caso, las han quitado completamente. ¿Qué acercamiento va a tener un niño o un joven al que privan de participar y conocer las diferentes ramas del arte? ¿Cómo van a llegar al arte si en las instituciones no les dan el valor que estas merecen? Estas y otras preguntas iban apareciendo a medida que entrevistaba a Andrés Rodríguez, egresado de la Escuela de Diseño Gráfico de la Universidad Nacional de Colombia, y quien a partir de 2003 continuó su formación como ilustrador en diversos talleres de ilustradores y artistas, donde aprendió diversas técnicas de pintura, grabado y fresco. En el año 2010 fue merecedor de una beca para acceder al Diplomado en Animación Experimental ofertada por la Pontificia Universidad Javeriana.
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En 2009, sus ilustraciones fueron seleccionadas para formar parte de la Bienal de Ilustración de Bratislav, República Checa. Ha colaborado con diferentes editoriales y revistas de Colombia y Argentina. Alfaguara, Norma y Panamericana Editorial son algunos de los sellos en los que ha publicado. Dentro de su obra podemos percibir técnicas como vinilos aplicados con espátula, pintura digital, scratch, collage, acrílicos y pintura a mano.
¿Qué piensa sobre la falta interés para fomentar el arte en los colegios?
Los colegios se están yendo por lo pragmático. Es triste que en las instituciones académicas hayan limitado la participación de los estudiantes en el arte. Esto no les permite conocer otras habilidades que todo ser humano tiene. Al desarrollar la mano estamos desarrollando el cerebro.
¿Cómo cree que el dibujar ha influido en su vida?
Sentarme a dibujar me ha permitido tener una visión diferente de la vida. Pintar me ha sensibilizado la vista con respecto a ciertas cosas: al color, por ejemplo, o qué pasa cuando amanece, qué colores hay. Si tenemos esa sensibilidad ya se tiene una forma de ver el mundo, y podremos ver de una manera distinta las cosas que son comunes o normales ante los ojos.
¿Qué cosas lo ayudan?
Me pasa que cuando voy en bus, con mi esposa, empiezo a detallar cada cosa que hay alrededor. Los gestos de las personas son impresionantes, cada una es diferente, me fijo mucho en la fisonomía de la gente, eso me sirve a mí.
¿Por qué en la fisonomía de las personas?
Fundamentalmente es para el trabajo, para poder pintar a un señor o señora, a un joven, a un niño o una niña. La fisonomía cambia según el género y la edad. Al detallarlos me doy cuenta de que puedo llegar a crear un personaje distinto para cada historia y no caer en lo mismo.
Rodríguez vivió gran parte de su vida viendo los cerros de Bogotá desde su casa. Con el pasar de los años se fue aburriendo del orgullo bogotano y empezó a buscar oportunidades fuera del país. Viajó a Argentina y hasta hoy se encuentra viviendo allá.
¿Qué excusa le dio a su familia para irse de Colombia?
El estudio. Hice una maestría que ni me gustó. Cuando estaba terminando me di cuenta de que estudiar allá fue una excusa para irme. Estando allá me acordé de Fernando Vallejo, porque él dice que la sombra de Colombia es tan grande que adonde uno vaya esta lo cubre, porque cuando estás en la distancias empiezas a ver a tu familia, el sitio donde naciste, el país de una manera diferente, porque ya tienes otra visión y así llegas a comparar tu país con el lugar donde vives ahora.
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¿Qué le llamó la atención de allá?
Ver a una sociedad organizada. Ver un país en paz. No ver a un desplazado, alguien en la calle pidiendo limosna. No hay ejército en las calles. Las fachadas de las casas son diferentes, limpias. Un sistema de transporte eficaz y preparado. Cuando uno viaja se le abre mucho más la cabeza y esto enriquece totalmente.
¿Qué diferencias hay entre los ilustradores argentinos con los ilustradores colombianos?
Para mí son mejores ilustradores los colombianos. La diferencia entre estas dos nacionalidades es que allá apoyan más el arte, además de esto, se están proponiendo constantemente proyectos artísticos. Especialmente en Buenos Aires sacan obras, sacan libros, sacan cómics, sacan, sacan y sacan.
Usted trabajó como publicista durante un tiempo corto, ¿cree que la publicidad es un limitante del arte?
Yo creo que la publicidad es limitante del arte cuando instrumentaliza el arte. La publicidad es inmediata, uno debe salir con un copy en un día y como le guste al cliente, no como al ilustrador o al publicista le parezcan dentro de su creatividad.
¿Qué piensa de la cultura de la inmediatez?
Eso es inmediato, eficaz. No se valora, se pasa rápido y se olvida. La publicidad es totalmente inmediata, es una bestia insaciable, que siempre tienes que estar alimentando. De todos modos, yo creo que la publicidad se nutre mucho de las vanguardias, la fotografía, de otras disciplinas, pero termina instrumentalizando también estos elementos tradicionales. Uno sabe que si busca una imagen en internet la va a encontrar y ya, la utilizas, pasas a la siguiente, luego a la otra, saltas de una a otra.
¿Por esto terminó en el mercado de la literatura?
Sí, en parte. Yo me metí por la literatura porque siempre me ha gustado y porque es un mercado pequeño. Requiere mucho tiempo recrear las ideas y los personajes que el autor escribe. Es interesante congeniar las palabras con los dibujos.