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2 Oct 2021 - 5:23 p. m.

Anna Ajmátova: Unos cuantos versos rusos contra el cerco nazi (I)

Habrá tenido que apretar los dientes y cerrar los ojos con fuerza, y enterrar la mirada en el último de los subsuelos de su casa y clavarse las uñas en las palmas de la mano, y habrá tenido que contener un torrente de lágrimas, si era que aún le quedaban lágrimas, y repetir en silencio una y otra vez todos los insultos que en voz baja repetía a menudo.
Fernando Araújo Vélez

Fernando Araújo Vélez

Editor de Cultura
Anna Ajmátova, una de las poetas rusas más reconocidas en Occidente, nacida en 1889 y fallecida en 1965.
Anna Ajmátova, una de las poetas rusas más reconocidas en Occidente, nacida en 1889 y fallecida en 1965.

Habrá tenido que reprimir sus deseos de escupir a aquel hombre en uniforme y sus infinitas ganas de decirle que no, que no y mil veces que no a cada una de sus propuestas, y habrá tenido que morderse los labios para no insultarlo, y a través de sus insultos, pisotear el nombre de Iosef Stalin, y su imagen y su pasado y lo que le quedara de futuro. Habrá tenido, en fin, que vencer sus pulsiones para escuchar a aquel alto emisario del régimen soviético y decirle, en voz muy baja, que al día siguiente le daría una respuesta.

Y al día siguiente le dijo que sí. Muy a pesar del odio, de lo ocurrido en los últimos 25 años, de la vida que le habían arrebatado, de las persecuciones y las torturas, de las interminables filas que le hicieron padecer para ir a visitar a su hijo en prisión, y a pesar del hambre, de la angustia, de la incertidumbre, del no futuro, Anna Ajmátova le dijo que sí al emisario de Stalin, y le dijo que sí porque la historia y sus ancestros y la cultura rusas, y la poesía misma, y la música, y Dostoievski y Tolstoi y Pushkin, y su propio hijo, y las imágenes del tiempo que había sido, y su infancia, y las pinturas que le habían hecho, y tantas y tantas conversaciones que había sostenido, e incluso sus poemas, estaban en riesgo. Le dijo que sí porque Rusia o la Unión Soviética o como se llamara estaba a punto de desaparecer, y ante la inminencia de la muerte era urgente hacer.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual es editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.Faraujo@elespectador.com
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