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¿Cómo se relaciona la arquitectura, la carrera que estudió, con el lenguaje audiovisual?
Llegué a varias productoras haciendo dirección de arte y escenografía. Digamos que la acción de los espacios seguía siendo mi rol. El hecho de que mi cerebro también piense en espacialidades, en 3D, hace que sea capaz de imaginar los espacios de un set, por ejemplo. A mí me gusta un montón estar frente al monitor y poder decir, por ejemplo, “qué pasa si movemos esta lámpara o este otro objeto”.
¿Cuándo se dio cuenta de que navegaba por los espacios de una manera distinta?
Desde muy pequeña he estado muy involucrada en espacios creativos. Siempre he visto el mundo como una plataforma creativa. Mi tía, que es como mi hermana, era directora creativa en publicidad. A veces me compraba una paleta y me llevaba a esos momentos de lluvia de ideas. Siempre me involucró mucho. Más adelante me empecé a apasionar por la fotografía. Mi papá llegó con una cámara análoga a la casa y para mí ese aparatico era todo un mundo por explorar. Me gustaba hacer fotografías en mi casa. Organizaba lo que quería fotografiar, por ejemplo organizaba mi cuarto, lo pintaba, etc. Me gustaba mover las cosas hasta encontrar lo que buscaba. Así me acerqué más al diseño de interiores y a la arquitectura, que fue lo que decidí estudiar. Como te decía, luego la vida me fue llevando más a una arquitectura efímera, que es la que hay en un set de grabación.
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¿Qué experiencias de grabación la han marcado?
Creo que las clasificaría.
¿Cómo?
En producciones de publicidad y las de documentales. Un ejemplo de lo primero fue un proyecto que estábamos grabando en el jardín de Espacio Odeón. Para hacer ese comercial trabajamos con mariposas morfo azules reales. Entonces teníamos un biólogo en set que las cuidaba. Por supuesto, controlar la acción de una mariposa es imposible. Ellas vuelan si quieren, abren o no las alas, etc. Justo estábamos rodando el producto por última vez y llegó una mariposa y abrió las alas al lado del logo. Todos estamos siguiendo el monitor y cuando dijeron “corte” todos aplaudimos. Son esos momentos que se salen de las manos, pero que producen mucha satisfacción.
¿Y en documental?
Este año fuimos a un territorio anfibio, en la Ciénaga Grande de Santa Marta. Ese proyecto fue un reto a nivel documental y un aprendizaje impresionante. El hecho de reunirte con personas que viven en el agua, seres humanos con historias increíbles. Hay una que se encarga de entregarle agua potable al pueblo, se llama Isaac. Es un señor de unos 58 o 60 años, pero con un físico impresionante, que lleva su balsa llena de agua. Se encarga de todos los días ir hasta una parte del río, sube 4 o 5 horas a encontrar agua dulce y llevarla al pueblo.
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¿Qué le impactó de la historia de Isaac?
La manera como manejaba la soledad, esa soledad que a uno le da miedo en Bogotá. Uno acá tiene muchas cosas y recibe información todo el tiempo, no está acostumbrado a la soledad y al silencio total. A mí me parece admirable lo que hace Isaac por el pueblo, pero también como se desenvuelve en esa soledad de tantas horas. Es muy apasionante vivir experiencias que te acercan tanto a otras culturas y a otros espacios. Cuando le pedí a Isaac su firma para un documento, me dijo: “Yo ni siquiera estoy registrado como colombiano, no tengo cédula”. Cada persona es un mundo muy diferente.
Usted dice que ve el mundo como una plataforma creativa. ¿Cómo nutre la creatividad?
En parte con la naturaleza y la exploración. Caminar, saltar, meterme al río. Esas cosas me llevan a otro tipo de reflexiones. Soy católica, entonces muchas veces la oración me ayuda a abrir el espectro de lo que estoy pensando. Ahí también se iluminan las bombillas. Y, por supuesto, con las películas. Esa es nuestra industria y tenemos que consumirla, criticarla y aprender de ella y de los grandes. En general, creo que para ser creativo uno tiene que ser como una esponja, dispuesta a absorber lo que lo rodea a uno, tanto lo bueno como lo malo.
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