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Bajo la batuta de Dudamel

Una orquesta compuesta por músicos colombianos y venezolanos será dirigida por este joven maestro.

Sara Araújo Castro

20 de noviembre de 2010 - 03:59 p. m.
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Cuando se insiste en  volver al lugar común de que la música clásica es expresión de minorías y élites; cuando se quiere encasillar la formación musical en escuelas para jóvenes ricos y sin problemas, y en directores gruñones y arrogantes, es cuando se hace indispensable citar nombres como el del director argentino Daniel Barenboim  y los venezolanos José Antonio Abreu y Gustavo Dudamel. Tres milagros de la música clásica que dio el continente que, aparentemente, menos relación tiene con este género europeo.

De Barenboim el mundo supo porque mientras el gobierno israelita construía muros para separar a su pueblo de los musulmanes, este director y soñador ha dedicado su vida a construir  puentes entre artistas palestinos y judíos que demuestren no sólo el poder sanador de la música, sino la urgencia de la paz.

Del maestro Abreu hemos sabido poco a poco en los últimos 40 años, en la medida en que aquello que parecía una utopía se convirtió en el esquema de escuelas sociales de música más solido de América Latina y un modelo para el mundo. Este triunfo de la cultura sobre la miseria y el tercermundismo, encarnado en el sistema de escuelas de música de Venezuela, tiene a su más importante exponente en este carismático director, de cabellera indómita que no llega aún a los 30 años y ya forma parte de la lista de personas más influyentes del mundo que la revista Time publicó en 2009.

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Que Gustavo Dudamel, pupilo aventajado de Abreu y director de la Filarmónica de Los Ángeles, personaje de  talla mundial visite nuestro país el próximo 15 de diciembre con la orquesta Simón Bolívar es un hecho de gran relevancia cultural. Pero que este concierto haya nacido como la punta de lanza de un gran programa de cooperación entre Venezuela y Colombia, que prevé la creación de cuatro centros de formación binacional y un gran acuerdo de intercambios, con el país que exporta el modelo de formación musical más exitoso en comunidades golpeadas por la violencia, es una noticia de connotación política y cultural que mueve ambas naciones.

En este sentido la ministra de Cultura, Mariana Garcés, explica que “este concierto en el que el maestro Dudamel dirigirá 100 músicos venezolanos y 100 músicos colombianos es un hecho sin precedentes, que el mismo maestro Abreu buscó desde hace algunos años”.  Este estadista de la cultura, ganador del Premio Príncipe de Asturias en 2007 por el programa de música de Venezuela, fue quien identificó en el joven músico el talento para la dirección.

Una vez formado, Abreu pasó entonces la batuta a Gustavo Dudamel, quien se ha dedicado los últimos siete años a dejar una estela de inmejorables comentarios en el selecto y exigente mundo de la música culta en Europa y Norte América. Pues Dudamel no sólo conquistó un lugar en su natal Venezuela, sino que llegó a consolidarse en las ligas mayores tras recibir el premio a jóvenes artistas de la Royal Philarmonic Society y al ser llamado como director de la Filarmónica de Los Ángeles.

Es bajo la carismática dirección de Dudamel que una selección de 100 músicos colombianos —provenientes de la Orquesta Sinfónica de Colombia, la Filarmónica de Bogotá, las sinfónicas de Medellín y de Cali—, se encontrarán con 100 de sus colegas de Venezuela. En un gesto que sin duda alguna recuerda a Barenboim y la East West Divan Orchestra (conformada por músicos  palestinos y judíos) con sus armonías políticas imposibles.

Gracias a los buenos oficios de la Cancillería, al viaje que emprendieron la ministra Garcés, el ex ministro y director del Teatro Mayor, Ramiro Osorio, y la directora de artes Guiomar Acevedo, al encuentro del maestro Abreu y su maravilloso trabajo musical, tendremos en Colombia el próximo 15 y 16 de diciembre la desprevenida sonrisa y el gesto espontáneo  de ese joven genio de quien se dice que tiene un doble carisma: hacia el público y hacia la orquesta.

En este caso se podría también hablar de doble propósito: en la cultura y en la política, pues se trata no sólo de un concierto que celebrarán los asistentes al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, sino todos los venezolanos y colombianos que podrán verlo por televisión, para que recuerden que por encima de las diferencias tenemos más similitudes, que somos hijos de una misma tierra que tiene más urgencia de hermandarse que de declararse la guerra.

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Por Sara Araújo Castro

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