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Bogotá, con Rock al Parque y el Festival Malpensante

La ciudad recibe a los rockeros de Colombia y a los Malpensantes el último puente de junio, del 26 al 29.

Sara Araújo Castro

18 de junio de 2009 - 05:59 p. m.
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Cuando en 2007 la organización del Festival Malpensante anunció su cartel de invitados no fueron pocos los que saltaron al oír el nombre de Gay Talese. Durante mucho tiempo, estudiantes y amantes del nuevo periodismo se pasaban fotocopias gastadas de textos memorables como su perfil de Frank Sinatra, o la historia de su padre sastre. Hacía muchos años los textos de este veterano del periodismo norteamericano no se encontraban en Colombia. Y aunque no duró más de cinco días en Bogotá y no habló para más de 1.000 personas, su paso por esta ciudad fue la semilla para traer de nuevo sus obras a las librerías.

En una semana vuelve el Festival Malpensante, y los amantes de la palabra podrán asistir a una charla sobre ópera entre Alex Ross (crítico musical del New Yorker) y el escritor italiano Alessandro Baricco, un encuentro imposible en la cotidianidad. O a la conversación entre el historiador Tomas Cahill y Margarita Valencia.

En otra parte de Bogotá, a esas mismas horas, los rockeros de la ciudad estarán esperando a las mejores bandas de varios países alrededor del globo, oyendo a los grupos que hacen sus primeros intentos en las grandes ligas y a sus bandas locales. Bogotá, como otros lugares del país (en Neiva estarán pegándose la rodadita), en este último fin de semana de junio está de festival.

Ante tanto encuentro, cómo no detenerse a pensar en el debate que surgió hace algunos meses en un período tan fecundo en festivales como éste (después de pasado el Hay, el Festival de Música de Cartagena, el Carnaval de las Artes de Barranquilla y algunas fiestas tradicionales) acerca de si estos eventos en lugar de cultura son mero espectáculo. Esto entendido como algo que nace y muere en el instante en el que se apagan las luces y el público vuelve a sus casas, que no deja en los asistentes nada más que la euforia del momento y el posterior guayabo.

El Festival de Música de Cartagena, que se realiza cada año en enero, además de talleres permanentes de lutería en la costa y encuentros entre estudiantes y artistas internacionales, se ha convertido en una vitrina para nuevos artistas y una oportunidad para que el público conozca a músicos internacionales que no tendría cómo oír en vivo de otra manera.

Si bien se podría discutir que el simple acto de asistir a un espectáculo musical o literario es ya una expresión de cultura, lo más interesante es lo que dejan estos encuentros después de que caen los telones, se van los participantes y se encienden las luces. Además de los procesos de formación de públicos —que en el caso del Malpensante ha crecido en un 300% anualmente— que cada vez exigen más calidad y organización, está todo el proceso curatorial por parte de las organizaciones que exige un importante debate.

Con relación al Festival de Rock al Parque, se trata de un encuentro de músicos que anualmente se dan cita para escuchar en vivo un recorrido por lo que está pasando en el género en Colombia y en nuestra región. No en vano son 15 años en los que Rock al Parque se ha convertido en una institución que ha visto crecer a algunas bandas que algunos años después vuelven consolidadas.

El festival es, en últimas, no sólo la vitrina de los grandes que vienen de afuera para el deleite y el recuerdo, sino uno de los motores de la actividad musical que no sucede bajo el amparo de los grandes sellos discográficos con todo su andamiaje de publicidad y ventas, pero que circula en audiencias más reducidas, pero al mismo tiempo más agradecidas.

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Los grandes resultados culturales de Rock al Parque, más allá de la cantidad de grupos que han pasado por 15 años de tarimas, son mucho más etéreos, pero no por eso menos importantes. En un país de masas violentas y titulares sangrientos, la oportunidad de juntar masivamente a formas de pensar tan distantes, como muchas veces extrañas, puede ser considerado una osadía. Sin embargo, no hay en la historia de Rock al Parque el primer lunar de mal comportamiento, más allá de incidentes aislados que no reflejan el sentir mayoritario del público que considera el evento musical como propio.

Ya sea por el placer de la diversión y del entretenimiento ocioso, o por una profunda curiosidad intelectual de descubrir nuevos filones de excavación cultural, ir a los espectáculos que ofrecen los festivales en estos días vale la pena. Primero porque quien asiste corre el riesgo de encontrar un grupo musical que le gusta, un escritor que le da luces sobre nuevos temas que le generan interés o una idea que le permite ampliar su mente. Pero más aún porque en el acto de asistir encuentra personas reales con temas comunes, que es una actividad cada vez más rara. Se trata de permitir encuentros pacíficos distintos a los que están tan de moda a través de las comunidades virtuales, esos  no-lugares en donde se sostiene encuentros sin encuentro. ¡Qué buena ocasión para salir y por qué no.... de paso poder entretenerse!

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Se prende Rock al Parque

Con 16 grupos internacionales invitados, entre los que destacan la legendaria banda de death metal norteamericana Morbid Angel, además de los taquilleros mexicanos de Molotov y un viejo conocido del festival como es Fito Páez, el próximo sábado 27 comienza la versión número 15 de Rock al Parque, el mayor festival gratuito al aire libre del continente.

Además de los conciertos, el festival realizará una serie de conferencias y una exposición retrospectiva de lo que ha sido la experiencia de Rock al Parque durante los 15 años de su existencia.

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Este año, Rock al Parque contará con tres escenarios simultáneos en los que se presentarán, a lo largo de tres días, 33 bandas ganadoras de las convocatorias distritales, 10 bandas locales, nueve agrupaciones nacionales invitadas. El encuentro contará con una logística de más de 300 personas que estarán a cargo de montar el escenario y el sonido necesario para el puente más rockero del año.

Por Sara Araújo Castro

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