El Magazín Cultural

23 Apr 2018 - 9:30 p. m.

Breaking Bad, diez años de vida o muerte

Como los grandes personajes de la literatura, la historia de Walter White seguirá cautivando generaciones. Van diez años de la emisión del primer capítulo, y en las plataformas donde se puede ver siguen creciendo el número de adeptos.

Jaír Villano / @VillanoJair

Una imagen de Walter White y Jesse Pinkman, los dos personajes fundamentales de la serie Breakin Bad, estrenada diez años atrás. / Cortesía
Una imagen de Walter White y Jesse Pinkman, los dos personajes fundamentales de la serie Breakin Bad, estrenada diez años atrás. / Cortesía

La literatura dostoievskiana nos enseñó que la coherencia humana es más compleja de lo que parece. El ser humano más ruin puede tener momentos de bondad, así como el ser más bondadoso pasajes de perversión. Si de abarcar en pocas palabras, -de hacer un epítome de la obra maestra de televisión-, diría que en eso se resume la vida de Walter White: el anodino profesor de química, que para ganar dinero extra trabaja en un lavadero de autos; el buen samaritano que tiene un hijo con parálisis, y una hija a punto de conocer al mundo; el mismo que un día es enterado de un cáncer letal, cuyo tratamiento se sale del más ambicioso de todos sus presupuestos salariales.

¿Qué hace el buen samaritano para salvarse? Guardadas las proporciones, lo mismo que Raskólnikov para continuar sus estudios, esto es, sobrepasar los obstáculos sin importar los medios. En el caso de White, cocinar metanfetamina. Y de ahí para allá, descubrir que tiene un lado oscuro y protervo, -Heisenberg-, que lo hace sobreponerse sobre todo lo que estorbe. “No estoy en peligro, Skyler, yo soy el peligro”.

Walter White empieza trabajando para su familia, pero luego para él. En las primeras temporadas es difícil no sentir piedad por su falta de suerte; como para rematar, Walter tiene dos amigos a los que les vendió la parte de una empresa que con el tiempo los hizo millonarios. Ellos ofrecen pagarle su tratamiento. Orgulloso y sintiéndose estafado, Walter se aventura en la fabricación de meta, pensando en el bienestar de los suyos y en pagar sus quimioterapias. Le quedan doce meses de vida. Pero es imposible sumergirse en el mar y no mojarse, y la ilegalidad implica muchas cosas; por ejemplo, matar. Y es ahí donde empieza la transformación del personaje. De un White tierno a un despiadado Heisenberg, que no teme en exterminar a Tuco y luego a Gus y a quien no le pesa burlar a su socio, Jesse Pinkman.

Vale la pena detenerse en Jesse, así la intención y todo sea analizar a WW, es interesante porque a pesar de lo malvado que es y que se va volviendo, White nunca desprende la compasión por él. Pinkman es un pusilánime, drogadicto e impulsivo joven que estorba a lo largo de la historia. Alrededor de él siempre hay giros que hacen más emocionante la serie. Por mencionar algunos casos, está cuando se enamora de Jane, la consumidora de heroína rehabilitada que luego vuelve a caer. White la deja intoxicarse, pensando en que ella llevaría a Jesse por un mal camino; y también está el respaldo que le da ante Gus, quien al principio no lo quiere; y por no hacer más largo el camino, ese final épico, cuando tras acabar con la pandilla de Jack, -en una maniobra estupenda y memorable-, él le entrega el arma para que lo ultime. De nuevo, vemos un matiz en el personaje malo, que a pesar de serlo, -de asesinar gente, de mentirle a su familia, de envenenar a un niño-, tiene sentimientos de sensibilidad hacia otro. Lo que hace del protagonista de Breaking Bad un ser de dostievskianos contrastes.

De hecho, a mí se me hace que Walter es una semejanza del hombre extraordinario propuesto por Raskólnikov. El mismo que no teme ser inclemente con tal de conseguir su objetivo y a quien el curso del tiempo lo va ensimismando. “Lo hice por mí”, confiesa White en un cruce de palabras con su esposa Skyler concluyendo la serie.

Y a pesar del delirio y la arrogancia que se apoderan de él, White sigue amando, aunque de manera distinta, a su familia. Si hay pasajes -de tantos, por supuesto- icónicos es cuando Hank descubre que el Heisenberg que tanto persiguió es su cuñado. El cara a cara entre ellos en la cochera del agente de la DEA y las palabras de White lo dicen todo: “Si no sabes quién soy, entonces tal vez tu mejor opción sería andarte con cuidado”. Desde luego, hay algo de cinismo en la frase. Pero teniendo en cuenta su prontuario de sangre y el desenlace ya conocido, a lo sumo Hank habría corrido mejor suerte de haber seguido la sugerencia.

Ahora bien, si hay alguien con quien White pierde todo el control y pasa a actuar de manera desbocada, es con su cónyuge Skyler. En ella vemos las consecuencias que producen sus decisiones y su paso al narcotráfico. En ella se refleja el dolor de la madre y la esposa que sabe que la vida no volverá a ser la misma. Walter termina fatigándose con Sky y, sin embargo, en su fuga a la marginalidad, se despacha en una retahíla de insultos que buscan inmiscuirla de las culpas que podría tener luego de ser descubierto por las autoridades el temido cocinero de la metanfetamina azul.

El encuentro entre ellos en el culmen es conmovedor. Luego de pasar mucho tiempo en absoluta soledad, White, envejecido y agotado, se las ingenia para pasar por el lugar donde su esposa e hijos viven. De nuevo, asistimos a escenas donde el humano conmueve por el amor a sus hijos y a su familia. De nuevo, terminamos sintiendo compasión por White.

En definitiva, Breaking Bad es una obra maestra por elementos como los que he mencionado, y porque hibrida múltiples aspectos -como los personajes, los diálogos, la apuesta en escena, el arte- de manera tal que uno como espectador termina rendido ante su soberbia.

Como los grandes personajes de la literatura, la historia de Walter White seguirá cautivando generaciones. Van diez años de la emisión del primer capítulo, y en las plataformas donde se puede ver siguen creciendo el número de adeptos. Porque eso consigue la serie de Vince Gilligan: adeptos, fanáticos y seguidores que no se resistirán a verla una sola vez. Si los buenos libros se releen, las buenas series -por extensas que sean- se vuelven a ver. Es la segunda vez que la consumo, pero estoy esperando que mi memoria desocupe esto para volver a su contenido, y repetir con él: “Say My Name”.

 

 

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