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Cristopher, Billy Pontoni, Claudia de Colombia, Leonor González, la negra grande. Por la casa del compositor y productor barranquillero Eduardo Cabas pasaban las grandes estrellas de la canción en los años 70 y 80. Él, reconocido por temas como Volverás (interpretada por Cristopher en el festival de la OTI en España) o su más grande éxito La Pataleta, recuerda que en ese ambiente creció su hijo Andrés. El domingo, el popular cantante, hace homenaje a su herencia identificándose simplemente como Cabas.
“Nunca he trabajado con mi papá ni lo pienso hacer”, afirma Andrés. “Yo sólo me limité a preguntarle cuando salió del colegio qué quería hacer y él contestó que estudiaría música. Pero soy sólo un buen espectador de la música de Cabas”, insiste Eduardo. Aunque ambos sean firmes al decir que nunca han mezclado su relación filial con su música, es imposible imaginarse el trabajo de Cabas —matizado con raíces Caribe entremezcladas con ritmos contemporáneos—, sin la influencia de su padre.
Lo cierto es que el experimento de sentarse a hacer un retrato el uno del otro, como sucederá esta tarde en el Teatro Amira de la Rosa de Barranquilla, no lo habían hecho y, bien sorprendidos, decidieron aceptar la propuesta. Además de ser una forma más de entrar en el mundo del otro y descubrirse a través de sus propias canciones, están seguros de que lo que nazca de allí se quedará ahí. “No seré nunca el hijo que canta a dúo con el papá en las reuniones familiares. Eso en la cotidianidad dañaría nuestra relación”, relata Andrés.
La música de Andrés, clasificada como pop, está llena de referentes de ritmos como el chandé, el bullerengue y la cumbia. Sonoridades que a pesar de no haber crecido en la Barranquilla de su padre, él descubrió en los viajes que hacía de niño. “Aunque vivíamos en Bogotá, yo siempre trataba de que mis hijos vinieran varias veces al año a mi ciudad. Por eso, creo que Andrés es tan Caribe en su música”. La cadena de oro, Caderona, Ana María, son ejemplos de esto.
Incluso Andrés grabó en su primer álbum el tema más reconocido de su padre, La Cantaleta, pero ni aun ahí, el compositor quiso influir en la producción. “Como productor tendría que opinar sobre el producto. Y Andrés tiene claro lo que quiere. Tampoco le diría qué hacer”, explica Eduardo. “Además yo vengo de una época en la que cada ritmo se trabajaba separado del otro, la fusión y las mezclas entre aires tradicionales no era lo que nosotros hacíamos”.
Sin embargo, desde niño Andrés disfrutaba mucho del gusto de su padre por el jazz, anticipando ese talento de hacer fusión y de encontrar en las mezclas su propia identidad. Eduardo Cabas ha sido en su creación un hombre versátil. Su nombre fue sello de éxito de distintos artistas y así sucede con su hijo. “Será la impronta genética”. Dice el padre. “Será además el ejemplo y la oportunidad de aprender a oír buena música en mi casa”. Dice el hijo. Lo cierto es que aún si Eduardo no se impuso en la vida de su hijo, ni Andrés utilizó el nombre de su padre para llegar a algún lugar, los puentes que los unen están cargados de sabor, de tambores, de romanticismo y melodías. Ambos hicieron de la música su forma de expresión y la razón de sus vidas.