Publicidad

"Cada día me llenan de salivazos"

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez habla del veto del que fue víctima por parte de su gobierno y entrega a El Espectador el prólogo que le prohibieron publicar.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Angélica Gallón Salazar
12 de diciembre de 2008 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

“Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor, y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario”. Estas son las palabras con las que termina el manifiesto de Protesta ante un acto de censura oficial que firmaron, hace unos días, escritores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Fernando Savater y Gonzalo Celorio para protestar por el “veto inaceptable” que el gobierno del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha cometido contra el escritor Sergio Ramírez, el autor de Margarita, está linda la mar, Adiós muchachos y El viejo arte de mentir.

El pasado 6 de diciembre, el diario El País de España publicó indignado una declaratoria en dónde hacía público que había recibido un comunicado por parte del Ministerio de Cultura de Nicaragua que le exigía que el acérrimo crítico del gobierno de Ortega, Sergio Ramírez, no realizara el prólogo de la antología del poeta Carlos Martínez Rivas que el diario madrileño estaba planeando. Ante la imposición, el periódico español decidió no publicar el libro en señal de protesta.

Sergio Ramírez fue vicepresidente de Daniel Ortega en el primer gobierno sandinista (1984-1990) después de derrocar al dictador Somoza. Sin embargo, cuando vio que Ortega no se resignaba a perder el poder, tras las derrotas electorales de 1990, decidió retirarse de la política y hacer frente, a través de las letras, a cualquier pretensión de un gobernante por perpetuarse en el poder. El Espectador entrevistó en exclusiva al escritor, quién hace una radiografía de lo que pasa por estos días con las letras de este país.

¿Por qué el presidente Daniel Ortega le tiene tanto miedo a lo que usted pueda escribir?

Yo he sido un crítico permanente de lo que ocurre en Nicaragua, porque no veo que Ortega sea una cosa circunstancial en el país; si yo viera que Daniel Ortega y su esposa están en el gobierno por los cinco años que le corresponden y que las próximas elecciones irán tranquilamente a su casa, yo no estaría tan preocupado. Pero estoy preocupado como ciudadano y como escritor porque veo que se está instaurando en Nicaragua un proyecto político a largo plazo, tomando elementos ya envejecidos de la revolución, adoptando nuevos elementos del llamado socialismo del siglo XXI, otros que vienen del viejo autoritarismo y otros que proceden de la imagen de un caudillo revolucionario, como lo es Ortega, que a la vez es conservador y tiene una enorme afición ahora por la Iglesia Católica, es un revoltijo bastante complejo.


Usted fue vicepresidente del primer gobierno sandinista entre 1984 y 1990, pero luego abandona el gobierno y el partido, ¿qué lo hace dejar la política y retornar a las letras?

A lo mejor fueron mis dones proféticos. Cuando en 1990 perdimos las elecciones con el FSLN (partido representado por Daniel Ortega y Sergio Ramírez) hicimos la gran demostración de afirmación de la democracia reconociendo la derrota electoral. Pero luego comienza el despeñadero, el presidente Ortega nunca quiso aceptar que había perdido el poder y se propuso recuperarlo y una vez recuperado no soltarlo nunca. Yo no tenía ese amor por el poder, esa ambición enfermiza por el poder, yo ya era escritor y regresé a la escritura, mientras que Ortega siguió por ese camino y lo ha llevado a proponer una dictadura personal y familiar.

¿Este veto del que fue víctima es un síntoma de una situación generalizada en Nicaragua con los escritores o es algo más personal?

La animadversión del matrimonio Ortega es contra aquellos escritores que tenemos relevancia internacional y que tuvimos que ver en algún momento con la revolución como el caso de Ernesto Cardenal, del cantautor Carlos Mejía Godoy, Guillo Fontalneli y el mío propio, que cada uno ha tenido su propia persecución. A Carlos Mejía le negaron sus derechos de autor cuando él reclamó que no ejecutaran sus canciones en público para fines del partido y el gobierno de Ortega, porque él ya no estaba más de acuerdo con los planes del presidente. La respuesta fue que las  canciones de Godoy las había escrito el pueblo y que él sólo había sido intermediario.

En segundo lugar, a Ernesto Cardenal le inventaron un juicio por injurias y calumnias, y  le embargaron sus cuentas bancarias personales —el no es hombre rico— para que respondiera. Ahora,  ver que extienden la mano y creen que aun fuera de la frontera pueden dictar lo que ellos quieren en cuanto a lo que consideran que debe publicarse o no es aterrador, yo lo que temo es que después de esta medida venga una persecución contra todos mis libros que no se imprimen aquí sino en España, México o Colombia y que vayan a prohibir que entren por la aduana nicaragüense.

¿El prólogo vetado iba a tener efectivamente un tinte político y contestatario?


(Risas). Eso es el absurdo, porque Carlos Martínez Rivas es un poeta nicaragüense tan bueno como Ernesto Cardenal, pero muy desconocido. Hoy por primera vez alguien que lo conoció en sus años de Madrid, José Manuel Caballero, que dirige la colección de antologías que está publicando el diario El País, de España, con sus ediciones, decidió inscribir a Rivas y me pidió que escribiera el prólogo. Este es un asunto estrictamente literario de un novelista que fue amigo de un gran poeta que escribe un prólogo en donde cuenta quién era él y cómo era. No tiene nada de político, excepto las letras “o” que se utilizan en el escrito que tiene que ver con la “o” de “Ortega” (Risas).

Hace sólo unos días el gobierno venezolano arremetía contra el escritor Vargas Llosa por unas declaraciones contrarias a Chávez. ¿Cree que esto, sumado a lo que usted está viviendo, es cada vez más una situación generalizada en Latinoamérica?

Yo no diría que hay una persecución generalizada contra los escritores. Hay casos, por supuesto, yo lo que creo es que  cuando la democracia se practica de verdad es incompatible con la intolerancia, y aquí en Nicaragua la intolerancia es total. Unos ciudadanos que deciden juntarse para protestar pacíficamente por el fraude electoral que se practicó descaradamente el pasado 9 de noviembre en las elecciones regionales fueron atacados por turbas armadas de palos y piedras. Es un verdadero desbarajuste.

¿Usted cree que la literatura está avocada a tener una voz política y social?

Creo que los escritores son una voz crítica necesaria, y que deben hablar por los demás que no tiene voz. Creo que en este momento en Nicaragua estoy asumiendo ese papel, pero estamos bajo muchas presiones, todos los días la radio y los canales del gobierno me llenan de injurias, como si me cubrieran de salivazos. Sé que es un costo que hay que pagar, pero hay que hablar cuando un país se encuentra en riesgo de perder su democracia y que está en amenaza de revivir el autoritarismo de Somoza. Contra él no me callé y ahora tampoco lo voy a hacer.

Por Angélica Gallón Salazar

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.