El Magazín Cultural

Cambiar la rigidez del periodismo para escribir ficción

Juana Restrepo presentó en el marco de la Feria del Libro “Elisa”, su primera novela. La escritora de Ibagué habla del proceso de construcción de un personaje que le mostró en su propio yo a una mujer que estaba contenida y que encontró en la literatura la forma más eficiente para soñar.

Joseph Casañas / @joseph_casanas
03 de mayo de 2019 - 08:10 p. m.
“Elisa”, la primera novela de la escritora Juana Restrepo. / Foto: Vivianna Hamman
“Elisa”, la primera novela de la escritora Juana Restrepo. / Foto: Vivianna Hamman

Los escritores, dice Paul Auster, juegan a ser Dios. Crean y quitan vidas como se les da la gana. Crean y destruyen escenarios a su antojo. Son caprichosos. Deciden el pasado, presente y futuro de los personajes que se inventan. Cual Thanos, destruyen universos con un chasquido de sus dedos.

Durante la Feria del Libro, Juana Restrepo, comunicadora social y periodista de la Universidad Javeriana presentó Elisa, su primera novela. Si acaso, una muestra de que Dios también puede ser mujer.

Elisa es una historia de ficción que plantea un camino por temas siempre vigentes y reales, como la maternidad, la fidelidad a la familia y sus costumbres, las diferentes facetas del amor humano, así como la búsqueda de la identidad y de un lugar en este y en otros mundos”, dice Restrepo en diálogo para El Espectador.

La ilustración. Una casa hecha de ladrillos color gris. Ventanas grandes. Un gato negro en el techo. Una pared convertida en jardín. Se ve a una mujer en la habitación principal que mira hacia abajo. Es Elisa. El color que prima en la portada es verde. El nombre de la protagonista de la historia está escrito en mayúsculas amarillas. Abajo, el nombre de la autora.

Restrepo tiene el libro en la mano derecha. Lo mira con alegría, o con nostalgia, o con amor, o con ilusión. O con algo de todo eso. No fue fácil publicarlo. Trabajaba como periodista mientras deseaba y soñaba con hacer literatura.

“Vivía en La Macarena y recuerdo que estaba en el patio acostada con los gatos de la señora con la que vivía. Ahí fue cuando se me vino a la mente por primera vez Elisa. Una mujer que padece una especie de encierro en una casa del barrio La Soledad. Es de Bogotá, pero dentro de ella confluyen matices de muchas ciudades del país”.

Elisa es una apuesta por volver a la esencia clásica de los libros, con narrativas mucho más literarias, que acerquen a los lectores al mundo íntimo de los personajes y, por ende, al de sí mismos. Es ficción.

“¿Para qué escribir ficción en un mundo que demanda estar más informado de la realidad?”, le pregunto.

“Una cosa no excluye la otra. Al leer y escribir ficción, y al vivir estos mundos alternos, enriquecemos el mundo real. Todos esos mundos de la ficción empiezan a existir al momento de nacer. Nos permiten soñar otras realidades. En este mundo necesitamos soñar cosas distintas para empezar a cambiar el plano real”, responde después de un silencio que no fue largo, pero sí necesario.

“Escribir es necesario para soltar, pero también para vivir de otras formas y aprender a conocer al otro. Escribir me permite vivir otras vidas”.

Juana Restrepo necesitaba zafarse de una maraña que había adquirido en su trabajo como periodista. Estar pendiente minuto a minuto de la coyuntura, de la noticia, de lo que pasa en un mundo que no se detiene, además de desgastar, puede distraer hasta el punto en el que se llega a confundir lo urgente con lo importante.

“Venía trabajando en lo inmediato y tuve que hacer un cambio de chip para abrirle la llave a la imaginación y dejar de pensar tanto en la realidad. Cuando somos periodistas nos tenemos que contener. El proceso para soltarme costó un poco, pero ahora cuando vuelvo a escribir periodismo, entiendo que las herramientas de la literatura me permiten fluir más. Para escribir ficción es necesario dejar un poco la rigidez del periodismo”.

Para que Elisa viera la luz fue necesario dejar, momentáneamente, el periodismo. Vivió en Cuba y en España buscando la esencia de un personaje que construyó en Colombia. La vuelta fue necesaria para entenderlo todo.

“Al llegar a Colombia volví a seguir insistiendo. Enviaba Elisa a editoriales, pero no salía nada. Intenté lo mismo con editoriales en México y puse a participar la historia en concursos y convocatorias y tampoco resultó (…) ya cuando solté la obsesión por publicarla, me relajé y —por sugerencia de mi mamá, que me dijo: ‘¿Por qué no buscas editoriales en EE. UU. que publiquen en español?’— busqué en Google, le escribí a La Pereza y a los dos días me escribieron que les había gustado y que la iban a publicar. La enseñanza también es que las novelas se publican en el momento indicado, no cuando uno lo necesita”.

El personaje cambió bastante. Mutó. Sabía que iba a tratarse de los sueños lúcidos. Sueños en los que podemos actuar y vivir y que tenía mucho del mundo lírico. Estaba leyendo a Borges, a Cortázar, a Graham Greene, que son los pilares en cuanto al tema onírico. Estaba leyendo sobre los aborígenes australianos que tienen la sensación de que para ellos la vida real es la del sueño y no la de este despertar. Todo eso de las realidades paralelas era lo que me estaba influenciando.

Por Joseph Casañas / @joseph_casanas

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