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Caminos de redención

’Aguas turbulentas’, del director noruego Erik Poppe, es una película que evita facilismos y la simplicidad de sus personajes. Una historia que transita entre la culpa, la rabia y el perdón.

Liliana López Sorzano

07 de junio de 2012 - 06:18 p. m.
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Hay algo en los vientos del Norte que crea unas características muy especiales en las personas. El frío, los breves veranos, la oscuridad extendida, el sol reducido a ciertas horas, hacen parte del paisaje climático de los países nórdicos que forma un carácter particular en la gente. No es extraño que los niveles de alcoholismo sean muy altos y que la tasa de suicidios sea mayor si se compara con otros países. A pesar de ser sociedades muy avanzadas, casi utópicas, con un sistema de educación gratuito, de seguridad social y de salud envidiable; a pesar de que los periódicos se llenen de buenas noticias, de que los horarios laborales sean de 8 a 5 p.m. y de que el afán de los días esté más cerca de la tranquilidad que del estrés, las artes y sobre todo el cine y la literatura, se han encargado de indagar y de hurgar lo que hay detrás del postigo, lo que rasguña esos terrenos de perfección y esas tierras fértiles de aires puros y calmado caminar.

Quizá Ingmar Bergman sea el gran maestro de un cine que se encargó de revelar las imágenes del mundo nórdico, de mostrar una mirada exacta del ser humano en sus miedos, neurosis, ansiedades y frustraciones. Un punto de inflexión llegaría con La celebración, del danés Thomas Vinterberg, película pionera del movimiento Dogma 95 que se llevó la Palma de Oro en Cannes en 1998 y que puso de nuevo los ojos del mundo cinematográfico en el Norte.

No hay duda de que el cine nórdico se ha caracterizado por adentrarse en dramas personales de gran intensidad y por presentar con personalidad propia las incertidumbres del ser humano. Películas estrenadas recientemente en Colombia, como Un mundo mejor, de la danesa Susanne Bier, que ganó el Oscar a mejor película extranjera; Beyond, de la sueca Pernilla August; Melancholia, del danés Lars Von Trier, muestran realidades alejadas de ese aparente orden, de relojes puntuales y de paisajes de lagos y bosques.

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Ese es el caso de Aguas turbulentas, del director noruego Erik Poppe, que se estrena hoy en Colombia. En un increíble manejo de tiempos, con escenas que alternan el pasado y el presente, como en un rompecabezas de días y horas, se cuenta la dura historia de Jan Thomas, quien sale de prisión luego de cumplir su condena por el supuesto asesinato de un niño. ¿Es realmente un asesinato? ¿Fue un accidente? son las preguntas que flotan en el aire durante toda la película. La vida le dará una segunda oportunidad como organista de una iglesia, sin llegar a revelar su pasado. Por otro lado, la madre del fallecido niño, Agnès, llega a la iglesia en una visita escolar y reconoce a Jan como el joven que fue condenado. Este encuentro despertará todo en esta madre que aún tiene frescas las heridas. Lo que sigue es un recorrido por el doloroso pasado, un recuento de culpa, de rabia y una necesidad implacable de conocer la verdad.

Aguas turbulentas presenta a unos personajes con todo el peso de la humanidad interpretados de manera valiente por los actores sin caer en maniqueísmos o en absolutos de bien o mal. Son personajes atormentados por un crimen sin sentido, mostrados en sus facetas más vulnerables. Un guión y una puesta en escena crean una alta intensidad en el relato, que logra que el espectador se quede pegado a su silla. Una película fuerte, bien pensada, bien narrada, emotiva, que recorre la tragedia de dos personas y que al final explora los caminos del perdón y la redención.

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Por Liliana López Sorzano

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