22 Jul 2021 - 12:54 a. m.

Carrasquilla como novelista: comienzos de la literatura fundacional en Colombia

Tomás Carrasquilla es el punto de partida de una etapa fundacional en la literatura colombiana, entre los años 1820 y 1900, marcada por la tensión entre la imitación y asimilación de modelos europeos y por el propósito de crear una tradición literaria propia mediante la incorporación de elementos autóctonos.

Jesús Barrios

El siglo XIX, época del romanticismo, difundió las ideas de nación y patria, creó las bases para la emancipación política y cultural. La misma literatura es de tinte fundacional. El romanticismo era el género, la tragedia del amor, a través del cual se asociaban varios aspectos políticos y sociales de la época: el campo y la ciudad, un partido político y otro, por ejemplo. Los mismos escritores, los hombres letrados, eran los encargados de los asuntos nacionales, por ende, hay una creación desde el arte de la idea de patria. Los himnos (que si se detiene a ver son poemas clásicos) y el resto de simbologías vienen de una cabeza, de un grupo específico, que pensó lo que iba a ser Colombia, Argentina, México. Aquellos, sin embargo, convocan y constituyen una diversificación que simplemente decidimos aceptar, que marcan fronteras, economías, leyes, estamentos. Así vivimos: sin saber si el ideal que crearon es el absoluto.

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En la llegada del romanticismo, el referente o la herencia es lo gótico, explotado en el romanticismo alemán e inglés, por ejemplo, con Frankenstein. Una estética donde la belleza ya no es la claridad, el calor, los parques, los extensos campos y la alegría sino lo oscuro, los castillos en penumbra, la fealdad (el monstruo de Frankenstein para seguir con el ejemplo), el frío y la nieve, elementos que entran a consolidar un nuevo concepto de estética a través de lo feo. Cuando se heredó acá el romanticismo (uno francés puesto al servicio de procesos nacionales, como dice Summer) hubo algunas voces que también tendieron a buscar lo otro de Alemania e Inglaterra, todo ello para representar el dolor de antes, esa melancolía que no encuentra concilio en estéticas más alegres, por decirlo así. Cada tema obliga a un estilo, también al género, también a la forma, a todo.

Tomás Carrasquilla es el punto de partida de una etapa fundacional en la literatura colombiana, entre 1820 y 1900, marcada por la tensión entre la imitación y asimilación de modelos europeos y por el propósito de crear una tradición literaria propia mediante la incorporación de elementos autóctonos. Entretanto, aun a pesar de que Antioquia contaba con una importante presencia de africanos y afrodescendientes desde la época colonial, desde diversos lugares de enunciación y acudiendo a la empresa colonizadora del siglo XIX como mito fundacional, se empezaron a elaborar representaciones que mostraban a Antioquia y a sus habitantes como correlato exitoso de la asociación entre raza blanca y montañas andinas, en contraste con valoraciones negativas sobre las tierras bajas y pobladores negros.

Julio Enrique Blanco, en su libro Antología Filosófica, en el apartado dedicado a Carrasquilla, da cuenta de cómo el escritor veía el ambiente que lo rodeaba. Dice Blanco: “A cada paso en La marquesa de Yolombo. Los recuerdos de la historia o crónica del pueblo son allí tan frecuentes, abundan tanto, como las expresiones de las emociones ante los paisajes de la naturaleza, las formas de los sitios, lo inverosímil de los seres que le daban animación. Después de expresados aquellos recuerdos de la historia, en el capítulo I, ya en el capítulo II se encuentran los de las emociones de la naturaleza. Y en el resto de la novela es lo inverosímil, o increíble casi, de los seres que se movieron como figuras de vida semihumana, lo que fluía como corriente de los motivos que se enlazaban, desenlazaban y reenlazaban. Enredándose, desenredándose y re enredándose. Se ve que el autor, aun con la mente fresca para la creación de su novela, en los comienzos de ella dio lo mejor de su ingenio. Fue incansable en el tema, entonces, y es lo que también aquí mismo se le reconoce. Pero adelante se manifestó como cansado ya. El asombro que causa la naturaleza abrupta de paisajes agrestes, el espanto ante montes llenos de misterios que asustan a las almas primitivas se unió a la expresión de la angustia que estas sintieron. Indios aborígenes, negros africanos traídos del Congo, españoles colonizadores y explotadores de las riquezas escondidas en aquellos suelos vírgenes, pletóricos de minerales finos y valiosos, se presentaron como aterrados ante lo que veían. Y Carrasquilla los mostró como lo fueron: llenos de supersticiones y supercherías, creencias en entes fantásticos y diabólicos, que andaban por todas partes y que para ser ahuyentados necesitaban o de los exorcismos del cura o de los conjuros de las brujas con sus magias.”

La idea es dar cuenta de cómo surge lo que llamamos patria en Colombia por medio de un proyecto literario encabezado con Tomás Carrasquilla, así como ver la perspectiva de Blanco respecto a dicho autor y a lo que propone, analizando el contexto de su tiempo.

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Julio Enrique Blanco es mostrado por el profesor Alfonso Manzano en su aspecto de crítico literario. Según el texto del docente, publicado en la Revista Huellas, se dice que para Blanco la crítica es “hacer el análisis para, después de comparar, situar la obra estudiada en el conjunto o cuadro de la literatura universal”.

Blanco logra, casi de forma completa, abarcar todo el fenómeno Carrasquilla. Ver la descripción que este hace del pensamiento de dicho escritor nos insta a pensar en nuestros orígenes como ciudadanos consolidados a partir del Estado, de cómo a partir del amor hacia una mujer se consolida la patria. Es decir, con Blanco entendemos de manera explícita lo que buscaba Carrasquilla (y quizá todos los autores del género romántico dentro de la literatura), que era mostrar la analogía que planteaban los hombres letrados del momento: si un hombre buscaba la compañía de una mujer para establecerse como familia, un Estado o una patria necesitaba de sus ciudadanos para poder consolidarse en su totalidad, porque qué era un hombre sin familia en aquel entonces, o qué eran los gobernantes sin tener a quien gobernar. Una cosa le hacía falta a la otra. La estrategia de los que estaban a la cabeza fue esa: enamorar al pueblo para así consolidar lo que hoy por hoy se llama patria, todo heredado del contexto europeo.

Julio Enrique Blanco, mediante su exposición de Carrasquilla, nos explica cómo surgió en Colombia el llamado romanticismo costumbrista. El contexto histórico y social en el que se debe situar a Carrasquilla es el del siglo XIX, tiempo en el que Colombia vivió grandes confrontaciones y cambios: el país dejó de ser una dependencia del Imperio español para convertirse en una nación independiente y por esa misma época se dio el desarrollo del periodismo, lugar en el que Carrasquilla desarrolló algunos de sus dotes como escritor. Para el costumbrismo, lo importante era retratar la sociedad colombiana en sus costumbres. Los costumbristas, como Carrasquilla, presentaron a un pueblo por medio de los personajes de sus relatos, hecho que se ve claramente en A la diestra de dios padre (1897), la cual puede considerarse como una narración con postura crítica frente a la sociedad, pues su relato se construye gracias a los males y a las costumbres de la sociedad antioqueña por culpa de las guerras civiles.

Carrasquilla, un autor que frecuentemente es visto como costumbrista porque ubica sus relatos en un contexto popular, narra los detalles tradicionales del pueblo sencillo y describe escenarios, como era usual a dicho género desarrollado en América Latina y en España durante el siglo XIX.

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Para el desarrollo de esta propuesta es necesario acudir a Blanco, ya que es por medio de este pensador por quien podemos colocar en tela de juicio los preceptos patrióticos que tenemos hoy en día en nuestro gobierno. Quizá la intención de Blanco al hablar de Carrasquilla no fue la que trato de desarrollar en este escrito, sino la de acercarse a su obra desde un punto de vista crítico y con fines filosóficos. Quizá Blanco estudió a Carrasquilla y dudó de todo lo que estaba pasando en ese tiempo, o quizá simplemente lo leyó con el fin de ampliar sus conocimientos, como el deber que tiene el pensador de aprender más y más.

La intención es colocar un interrogante ahí donde los llamados padres de la patria colocaron el punto final, es decir, cuestionar los valores que están establecidos desde hace mucho tiempo, quizá no buscando una nueva ola de ideas que traten de abolir lo que ha estado imperante todo este tiempo, pero sí para generar una conciencia crítica al respecto de lo que llamamos patria, y preguntarnos si realmente existe o no dicha invención traída por medio del romanticismo.

Blanco cree, según el planteamiento que nos hace el profesor Manzano, que el escritor debe poseer un perfecto equilibro entre estética, ética y ciencia, porque una obra literaria es juzgada también por su belleza estilística y por las ideas que intenta trasmitir por medio de la historia que se desarrolla.

Tomando a Blanco y a la descripción que nos da de Carrasquilla, podemos acercarnos a través de la crítica a lo que sería el cuestionamiento de lo fundacional o de la fundación de la patria en Colombia, teniendo en cuenta el respectivo contexto en el que se desarrollaron dichas ideas y tratando de traerlas a la actualidad para lograr la intención planteada, la cual quedó aclarada en los primeros párrafos.

En conclusión, con el planteamiento de Blanco sobre Carrasquilla, si nos cuestionamos más sobre los orígenes de nuestra fundación y de nuestra literatura, logramos ver desde una perspectiva crítica, histórica y filosófica los orígenes de las letras y de cómo un autor se vale del contexto que está viviendo para armar toda su crítica respecto a la sociedad en la que está viviendo. La idea es tomar a Blanco como referente barranquillero, pues nos da una carta de navegación para comenzar la investigación sobre la idea de lo fundacional en Colombia, basándonos en la literatura.

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