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Desde los años en los que la artista Beatriz González llenaba de ironía y humor sus obras, inspirada casi siempre en noticias, o hechos políticos del país, nunca se había encontrado con que sus pinturas ‘hicieran milagros’. Sin embargo, a principios de este año recibió una carta de una humilde lavandera que le contaba que la líder asesinada Yolanda Izquierdo le había hecho varios.
En el escrito narraba que conoció a Izquierdo a través de uno de los retratos hechos por González y publicados en El Tiempo en 2008 (para ser intervenidos por el público). Explicaba cómo tras rezarle al alma de la difunta, le empezaron a suceder milagros en su vida y al final le solicitaba que intermediara para llevar su agradecimiento: “Beatris (sic), esta es mi promesa de agradecerle a Yolanda con toda mi alma (...) pensé que tú podrías llevarle mi mensaje adonde quiera que esté porque le di mi palabra”.
Incluso pasados algunos meses, la artista narra la historia sin dejar de sorprenderse. “Fue como una triangulación”, afirma mientras recorre la galería Alonso Garcés, en donde por estos días expone su obra. “Yo encontré la foto que hizo el periodista Álvaro Sierra de Yolanda Izquierdo y empecé a trabajar sobre el tema. Luego, la historia se me devolvió por esta carta de una señora que refleja el país: hace unas reflexiones sorprendentes, es de una inteligencia impresionante”.
Esta misiva transformó la última fase de la obra de González. Los retratos de Yolanda Izquierdo, sobre los que todavía trabajaba, empezaron a oscurecer: “Los volví más sombras. Empecé a hacer énfasis en apariciones, los volví más religiosos pues quería resaltar el icono. Este personaje que ahora tiene también un halo de santa”. Así, muy a su manera, González pagó la promesa que solicitó la anónima mujer.
Con estas pinturas, la artista culmina el proceso que inició hace tres años, cuando vio por primera vez la imagen de Yolanda Izquierdo. “Además de lo impactante de la historia, lo que me gustó de la foto es que me recordó a Los suicidas del Sisga. Pues era muy simple”, cuenta. Una vez más, González se entregó a trabajar sobre una historia que refleja la violencia de nuestro país, pero con ese estilo que ella define como una ‘transfiguración’, pues se inspira en hechos violentos —en este caso el asesinato de una líder campesina de Córdoba—, pero los inmortaliza con colores vivos, con ese estilo que ella denomina ‘de provincia’, resaltando sus sueños incumplidos. Y sin escenas de sangre. “A mí no me gusta la escatología, lo obvio. Las historias violentas van madurando dentro, pues lo que yo quiero hacer es un proyecto de memoria, que si uno reitera y reitera, deja un testimonio más perdurable que el de los medios”.
Aunque la violencia, primero la de los años 50, ha sido un tema recurrente en el trabajo de esta bumanguesa discípula de Marta Traba, y aunque ella misma reconoce que la violencia de entonces se parece a la de ahora, su manera de ver las cosas se ha transformado: “Yo me sigo conmoviendo, pero antes era más humorista. Podía ver ese lado irónico de la muerte, lo cómico que aún los jóvenes siguen buscando, por ejemplo, en el trabajo de Turbay y en las caricaturas. Pero mi vida se divide en dos: antes y después del Palacio de Justicia. Después de haber visto eso tan de cerca, ahora no hay lugar para la ironía. Mis trabajos son más espirituales, fantasmales” concluye.
Así cierra este ciclo que empezó para el pasado Salón Nacional y que fue inspirador y contundente. Ahora vuelve ese momento de angustia en el que se tienen que concretar nuevos proyectos pictóricos. Sin embargo, para Beatriz González esto no significa tiempo libre, pues como ella afirma, tiene una doble vida, de artista e investigadora, que no le deja tiempo para el ocio. Mientras aparece algo que la mueva y la transforme, como la historia de Izquierdo, ella sigue llegando cada mañana a su estudio para pintar. En las tardes cambia de rol y se dedica a sacar adelante ese inmenso proyecto investigativo sobre la caricatura en Colombia, que prevé una exposición en el Banco de la República y un libro con Villegas Editores.
Son precisamente esa disciplina y el indiscutible talento los que han mantenido a Beatriz González a la vanguardia del arte en América Latina. No en vano sus obras han sido adquiridas por el MOMA de Nueva York y por la Tate Gallery, así ella mantenga ese aire provinciano que decidió guardar cuando llegó a Bogotá a estudiar arte en la Universidad de los Andes. Así siga firmando con letra chiquita, como ella misma dice, y no haya aprendido de sus predecesores (Obregón, Wiedemann, Grau) esa actitud de grandes maestros que ellos tenían.
Sus obras siguen guardando los momentos más duros de la historia de nuestro país, de una manera que sólo pretende inmortalizar a las víctimas y, como ella con tanta sencillez expresa, “hacer perdurar ciertos acontecimientos del país”.
El jueves a las 4:00 p.m. y el próximo jueves 4 de junio la artista estará haciendo una visita guiada en la Galería Alonso Garcés. Carrera 5 N° 26-92 Bogotá. Tel. 337 5827.