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Quiero decirte que aunque no puedo entender del todo por lo que has pasado y estás pasando, no tengo que hacerlo para mirarte a los ojos, tus ojos de selva, y darte una palabra de paz. Tal vez no es eso lo que necesitas. Es una soberbia quererte dar algo que no me has pedido. Tal vez no me pides nada porque no soy yo la que puede darte lo que quieres.
Dime ¿qué quieres? Si fuese tú tras el velo querría poder opinar, contradecir, descubrir, aprender. Pero no lo soy. Entonces trato de adivinar. Adivino una sonrisa. Al menos eso. Algo que te haga sentir segura, algo que se parezca más al juego y al cariño que a una orden o un grito. Nada de eso tiene idioma. Puede que no entiendas mis palabras, pero entenderás mi mirada, mi tono de voz, mi interés en lo que te pasa. Porque también fui niña. Niña aquí y no allá, niña mimada, sí, pero niña con miedo, niña con hambre, con sueño, con frío, con ganas de que los gritos se acabaran y que no le cerraran más la puerta en la cara. Niña con pesadillas. Niña a la que le hacía falta que le contaran un cuento que a la vez fuese refugio.
Dime ¿qué necesitas? He leído que necesitas un espacio seguro, que te traten con respeto y delicadeza. Necesitas volver a la escuela, que no te casen ni te vistan a la fuerza. Necesitas que tu madre pueda trabajar e ir al médico sin que le lancen piedras. Necesitas ser libre. Necesitas ser niña. Yo, como individuo, no puedo garantizarte eso, pero puedo cuidar mis palabras para que estés mejor bajo este mismo cielo.
O dime, ¿hay algo más que te pueda ofrecer? Puedo y quiero contarte una historia. O puedo enseñarte a escribir una o a dibujarla o a bordarla. En esa historia las guerras que comenzaron los hombres no tendrás que sufrirlas tú, pasarás de campos de refugiados a campos de flores, tu mirada no dejará de brillar, volverás a montar en bicicleta. Podrás sentarte al lado de tu amigo, ir a la fiesta de tu abuela, vestir con flores y colores. Podrás salir al balcón a saludar. Podrás ser quien quieras ser. Nadie hablará de una lista de prohibiciones, sino de una lista de derechos. Y estos se cumplirán.
En esa historia cuando tú lo decidas podrás quitarte el velo y reirás y se escuchará tu voz sin que nadie lo castigue.
Quiero decirte: bienvenida. Bienvenida sin peros, sin pausas, sin miedos.
*@julianadelaurel
