Cartas en tiempos de represión (Cuentos de sábado en la tarde)

Junio 2004 Querido Hernán, hace tiempo vengo con el deseo de escribirte estas líneas, pero las ocupaciones y la angustia me lo han impedido.

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Carlos Martínez Buelvas
23 de mayo de 2020 - 09:19 p. m.
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Perdóname, si al inicio de esta carta no aparece mi lugar de residencia, porque conozco tu sensibilidad de hermano y el cariño que siempre profesaste por mamá, papá y Genaro nuestro hermano menor. Por eso, te invito a que imagines que deambulo en estos tiempos por la Argentina Kirchnerista, donde las cosas parecen mejorar a pesar del escepticismo de sus habitantes, no te preocupes acá estoy mucho mejor que en nuestra patria. Allá deben estar felices por el partido de hace días de la selección contra los uruguayos, porque en la filosofía del colombiano, el fútbol como hablar de él hace parte de la canasta familiar y es más importante que cualquier otra cosa; sabes algo, disfruté mucho el primer tiempo, pero como me puse nostálgico por no verlo con ustedes me fui a beber unos cuantos vinos. 

Sabes, hermano mío estoy más angustiado estando acá por la tristeza que padecen nuestros padres en estos momentos que por mi propia integridad. Te imploro que les leas esta carta y les regales a cada uno tres abrazos y cinco besos de mi parte. Hermanito de mi vida, lamento no decirte el lugar exacto donde me encuentro, si vivo en un hostal o en un hotel, pero sabes que huyo de la represión que se está viviendo en Colombia: chicos desplazados, poetas desaparecidos, escritores y periodistas censurados, estudiantes tragados por leones, como le sucedió a nuestro hermano Genaro que era un estudiante de literatura y que por escribir un poema en un diario, donde soñaba con un país en paz y sin represión obtuvo como premio el más cruel de los destinos. A veces me pregunto, si los ríos donde lanzan cadáveres a los cocodrilos o los bosques donde habitan los animales salvajes, son cementerios dignos para que nuestros cuerpos descansen. En efecto no lo son, sin embargo, desde que Genaro se fue, me pregunto eso.

Genaro hermanito, monito, mi rubio, mi niño. A ti también escribo estas líneas, porque espero sea mentira ese vídeo que hace días fue noticia mundial, donde en Colombia un cocodrilo y un león vomitaban partes de cuerpo humano que correspondían a un mismo joven llamado Genaro Rodríguez, yo sé que estás en casa leyendo algún poema de Octavio Paz, de esos que tanto te gustaron siempre y no eres ese chico. Sin embargo es cierto, porque mis lágrimas lo saben, pero quiero hacerme la idea de que sobreviviste para que las nubes aledañas a nuestra casa no estén tristes.

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* * *

21 de diciembre de 2004, La Plata - Argentina

Hermano, he quedado esperando tus cartas desde junio y nada que me envías una. Cuentan en las noticias de acá, que el gobierno argentino le ha ordenado a la aduana restringir la recepción de envíos de toda índole. No imaginas cuan frustrado puedo sentirme, dos días atrás el Junior de nuestras vidas salió campeón en cancha de Nacional y solo pude escucharlo mediante un radio de onda corta, supongo que la ciudad estará feliz, porque allá el fútbol es una cátedra que incluyen en la Facultad de Filosofía.

Suena tonto, pero Genarito debió gritar el gol de Walter Ribonetto en el cielo con tanta emoción, que solo de imaginarlo, mis ojos derraman gotitas de lluvia por la nostalgia. Adivina qué se me pasó por la cabeza hermanito? Evoqué el primer partido que fuimos con nuestros padres a la cancha y que siempre habíamos soñado en salir campeones en cancha de esos verdolagas. También, pensé en lo futbolero de mí nombre, el cual homenajea a Osvaldo Zubeldía, el ex–técnico de Estudiantes de La Plata (Osvaldo Juan) y que en el barrio de nuestra infancia cuando jugábamos a fútbol me llamaban Ojota por la iniciales de mis nombres; igualmente recordé que, nuestro querido Genaro no iba a correr por toda la casa para recibir el abrazo feliz de nuestros padres y que yo estando vivo, correría con la misma suerte por culpa de la represión estatal. 

Sabes algo, la vida acá comienza a complicarse, todo está costoso y he tenido que cambiar de barrio. Me encuentro en un sitio tan peligroso como la melancolía de perder una novia, un día antes del matrimonio; un lugar tan oscuro como los sonidos del llanto que escuchas de nuestros padres cada noche antes de dormir. Pienso pasar la navidad en alguna playa uruguaya o en Mar del Plata, tal vez en la inmensidad del mar encuentre la voz de Genaro hablándome y la tranquilidad que tanto nos falta, espero pronto tus respuestas, también es probable que el fin de año lo pase en algún bar de Buenos Aires, dicen que los tragos son amigos de las depresiones y yo estoy buscando compañía: los quiero, Ojota.

* * *

9 de marzo de 2005, Malambo – Atlántico   

La persona que lea estas líneas no hallará su hablante natural ni tampoco a su autor de forma inmediata. La persona que reciba estos párrafos pensará que su hijo está en algún lugar de Argentina, que en la última carta enviada la correspondencia provenía de un barrio llamado Tolosa de la ciudad de La Plata, a casi una hora de Buenos Aires. La persona que lea esto, supone que escribe una madre devastada que ha quedado en silencio tras la muerte de un hijo poeta. Las madres de los poetas, cuando ellos no están son como los árboles en tiempos de sequía, desvanecen lentamente que su voz se escucha impersonal.

La persona que lea esto, previamente debió enviar a su hermano unas cartas y quien las recibió está respondiendo a esas mismas. Debo aclarar que no soy tu hermano, sino tu madre. Hernán se ha ido de la casa, a principios de año se fue a los golpes con Marcial tu padre, porque él me había agredido una madrugada que llegó ebrio. Tu padre se ha metido a las fuerzas oscuras que desaparecen personas y extorsionan chóferes, eso dicen los rumores, aunque yo no quiera creerlo. Sin embargo, la policía ha venido buscándolo con orden de captura, algunos aseguran que él ordenó la muerte de Genarito, pero yo no quiero imaginarlo y tu mucho menos.

Tu padre nunca gustó de poetas, siempre le pareció homosexual que entre Genarito, tú y yo debatiéramos sobre la obra de Rimbaud y Rubén Darío tampoco gustó de Gabo, a él lo consideraba un guerrillero terrorista. En realidad, a Marcial nunca le gustó la literatura, siempre la ha considerado subversiva, a duras penas lee la franja deportiva del diario para informarse sobre el Junior y la selección Colombia. Hijo discúlpame por dar tantas vueltas para contarte cómo y por qué tu padre me golpeó, pero sé que esto te derrumba como a mí, jamás pensé que Hernán le sacara un cuchillo a tu padre y él buscase un revolver para asesinarlo, menos mal tu hermano huyó también del país, creo que está por Quito, el lugar exacto tampoco quiero contarlo. Tal vez y esta carta llega a manos de tu padre y lo busque por toda la Avenida Equinoccial de Quito, mientras él trata de esconderse en las montañas que habitan la capital ecuatoriana; no quiero ni pensarlo, trataré de enviarte esta carta de forma muy discreta. Por último, después de leerla para que no tengas preocupaciones, te invito a observar el paisaje platense antes de que llegue el invierno. Te amo hijo, Cecilia Mirandés.

* * *

3 de Julio de 2005, Barranquilla – Atlántico 

Mi querido Ojota: hoy debes estar cumpliendo 26 años y eso me pone feliz, pero a la vez demasiado melancólica, porque no estás a mi lado. Además, he llegado a imaginar que te olvidaste de tu madre mal hijo jejeje, hace seis meses no escribes y tengo que releer todas las noches las cartas que enviaste a Hernán, para sentir tu voz tan cercana como el silencio de la luna cuando llega la madrugada. Sabes, que la ausencia de tus cartas no me angustia como las noticias provenientes de Argentina. 

El 30 de diciembre del año anterior, acaeció una tragedia en un bar bonaerense llamado República Cromañón, hubo centenares de muertos y otros tantos quedaron en estado de coma e incluso algunos cuadripléjicos; me desespera suponer que eres una de esas víctimas. Máxime, que no has vuelto a enviar nada, si yo sé que mientras leas esta carta te reirás y dirás dentro de ti: “mamá no ha cambiado, sus angustias se visibilizan en cada arruga de su rostro”. Pero, cómo quieres que sea otra si desde hace un mes desconozco el paradero de Hernán, se rumorea entre algunos amigos suyos que saltó a Lima porque las fuerzas oscuras que comanda tu padre habían llegado a Quito para quitarle la vida. Para quien te envía estas líneas ha sido muy doloroso todo esto, nunca imaginé que un padre se metería a un grupo armado para asesinar a sus hijos y que curioso que Marcial lo hizo. 

Yo sé que me preguntarás en la próxima carta, si voy a interponer una demanda en contra de Marcial. Sin embargo, no soy capaz tengo miedo. Estoy temerosa, de que un día uno de esos políticos que financia su poder delictivo a cambio de seguridad, llegue a casa con la policía y me deje en la calle. Es más, no me creerás, pero en las últimas tres semanas he cambiado de lugar cinco veces, ahora mismo estoy escribiendo esta carta en una cafetería del Centro Comercial Buenavista y no sé dónde dormiré esta noche. Te amo, escríbeme pronto. Tu mamá, Cecilia.

Lo invitamos a leer: Sueño mainstream (Cuentos de sábado en la tarde)

* * *

Azopardo 350, Aduana de Buenos Aires 

6 de Julio de 2005.

Señora Cecilia Mirandés, mi nombre es Gastón Vergini secretario de la Aduana de Buenos Aires. Hoy a la mañana llegó a nuestro despacho la carta que usted le envió a su hijo, con fecha del 3 de Julio del año en curso, proveniente de la ciudad de Barranquilla – Colombia. Disculpe los formalismos y la frialdad, pero yo no soy ni escritor ni poeta ni mucho menos novelista; tal vez la asustaré cuando estas primeras líneas lleguen a sus manos. Pero el destinatario de las cartas anteriores, hoy ya no existe. Su hijo desapareció en la tragedia de República Cromañón y le exijo que no vuelva a escribir nunca más, porque no le daremos razones. Es orden estatal, que los desaparecidos debemos darlos por muertos para ahorrar dinero en búsquedas estúpidas.

No se preocupe por la carta, esta misiva llegará a usted tarde que temprano y no se moleste en averiguar si es cierto que su hijo está desaparecido o no. Jamás volverá a saber de él ni de Hernán. Sabes algo pedazo de imbécil, te habla Marcial, vine hasta Buenos Aires para acabar con este par de revolucionarios de poca monta, quienes desgraciadamente son mis hijos; me alié con la aduana de Argentina para llegar hasta ellos y los muy tontos cayeron rápidamente. Estoy en este país con otra identidad, gracias a los buenos dólares que les di a varios muchachos queridos del gobierno de provincia, como nacional para que me dieran el puesto en la aduana. Sabes pedazo de imbécil, te informo que tus hijo están enterrados en fosas comunes, algunos pedazos en un barrio llamado San Justo acá en Buenos Aires y los otros trozos los llevaremos hasta Colombia porque los cocodrilos y los leones tienen mucha hambre, yo te lo digo por si quieres venir a Argentina a visitarlos o simplemente vas al Río Magdalena, tú decides. Sabes, pedazo de idiota, te dejo porque los animalitos quieren probar el sabor de los hermanos del terrorista de Genaro. 

Adiós, Marcial Rodríguez Castañeda. 

F I N

Por Carlos Martínez Buelvas

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