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20 Feb 2021 - 9:00 p. m.

Catalina la Grande, la extranjera que se convirtió en emperatriz de Rusia (II)

Stettin, Pomerania, vio nacer a Sofía Federica Augusta, futura emperatriz de Rusia, conocida como Catalina la Grande. Hija de tierra prusiana, adoptó la identidad rusa como propia y se convirtió en una líder clave dentro del imperio. Catalina la Grande, la biografía escrita por Henri Troyat, narra la historia de cómo una extranjera, a partir de su apego a la autocracia, a la difusión de arte y a la propaganda que el círculo académico europeo le ayudó a difundir, llegó a dirigir las riendas de una tierra ajena por treinta y cuatro años.
Así como el arte fue fundamental en el mantenimiento del orden social al interior de su tierra, la relación con la comunidad académica europea le dio a Catalina la Grande una plataforma de propaganda y de proyección internacional, convirtiéndose en un actor clave y respetado en el escenario mundial de la época.
Así como el arte fue fundamental en el mantenimiento del orden social al interior de su tierra, la relación con la comunidad académica europea le dio a Catalina la Grande una plataforma de propaganda y de proyección internacional, convirtiéndose en un actor clave y respetado en el escenario mundial de la época.
Foto: No credit

Si Catalina Alexeievna, siendo duquesa y viviendo bajo el yugo de Isabel I, creía en las ideas liberales, Catalina la Grande, siendo emperatriz de Rusia, creía firmemente en la autocracia: una patria, una fe y un monarca. La obediencia ciega, la veneración absoluta y la sumisión hacia sus decisiones políticas fueron los pilares de su reinado, así como la base expansionista de su imperio. Cualquier amenaza, interna o externa, la combatía sin vacilaciones, pues en sus planes no cabía una figura que desafiara su poder y mucho menos un actor que le arrebatara de sus manos la gloria de ser emperatriz. En treinta y cuatro años de gobierno se deshizo de los enemigos internos que pusieron en duda su ascenso al trono y amplió las fronteras del imperio ruso hacia tierras polacas y turcas. Si bien por las venas de Catalina no corrió la sangre noble de Rusia, su devoción a Pedro el Grande, su padre político, la impulsó a construir un imperio cuya grandeza se evidenció en el tamaño de su territorio y cuyo poder se consolidó de conquista en conquista.

Lo invitamos a leer la primera parte del perfil de Catalina la Grande, la extranjera que se convirtió en emperatriz de Rusia

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