Puede que el término “cine negro” no le diga mucho en sí mismo, pero si le menciono la película El halcón maltés, de John Ford (basada en el libro homónimo de Hammett), con la actuación de Humphrey Bogart (Casablanca) empezamos a hablar un lenguaje más familiar. Si le digo, además, que durante muchos años fue considerado un cine de “segunda categoría”, nos vamos acercando a la pertinencia y utilidad de este libro.
Hay varias definiciones sobre cine negro, que tienen que ver con temáticas cinematográficas más amplias, como el “road movie” o el “policiaco” (una película reciente como No country for old men, de los Hermanos Coen, se sentiría a gusto en este semigénero), sin embargo, el libro se concentra en un período concreto, el cine de posguerra americano, en una delimitación certera de su campo de estudio.
Para comprender mejor el sentido del libro conviene ceñirse a la definición de cine negro, propuesta por el autor: “Cine negro es un término inventado por los franceses que sirve de referencia a los estudiantes anglosajones (desde finales de los años sesenta) para identificar un ciclo de películas rodadas en el Hollywood entre 1944 y 1959… el cine negro es una nebulosa”. Es también una forma de acercarse a la manera como se ejercía la censura en Estados Unidos, en Europa, y en particular, en España.
Los caminos del cine y la literatura corren paralelos y se nutren mutuamente en la prolífica década del cuarenta. Para el caso francés, 1945 representa el año en que la editorial Gallimard lanza su colección “serie negra”. De allí también se desprende el rito en torno al tema. Como lo recuerda el autor, “en el cine negro, las sombras y las luces persiguen a unos seres que se debaten en un no man’s land funerario. Encontramos un ceremonial de iniciación durante el cual el espectador cruza el espejo de la ficción y ve cómo sus propios demonios salen a su encuentro. La realidad y el sueño se entremezclan en una esquizofrenia atávica reveladora de la naturaleza humana”.
En una palabra, como lo escribe Simsolo, “el cine negro muestra más de lo que oculta: es revelador”. El final de partida es concluyente: “La ‘caza de brujas’ no es la única causa de que el cine negro fuera desapareciendo paulatinamente de las pantallas estadounidenses. La generalización a partir de finales de los años cincuenta de la televisión en los hogares también tiene su importancia. Las familias norteamericanas ven desfilar series creadas para este medio. El folletín policiaco se asienta y no permite acercarse al cine negro por miedo a la censura de la administración federal o de los anunciantes”.
Qué significa hoy la evolución
Josefina Cano
John Dupré, filósofo y biólogo inglés, escribe un libro de enorme interés sobre el significado actual de la teoría evolutiva de Darwin. El autor analiza en ocho capítulos diversos aspectos del impacto de la evolución en el estudio de la biología y la
cultura de los humanos. Con un lenguaje claro y preciso, Dupré nos da un amplio recorrido por el mundo del conocimiento actual en genética, en biología del desarrollo y en los estudios de la naturaleza humana, bajo la tutela constante de la teoría que cambió para siempre el pensamiento occidental.
Dos de los tópicos fundamentales tratados por Dupré son, por un lado, la explicación detallada de la teoría evolutiva desde diferentes ángulos de la biología, la filosofía y la cultura. Y por otro, el candente debate sobre si los seres humanos estamos totalmente subordinados a la biología, como lo plantean los psicólogos evolutivos, o por el contrario, y a diferencia de otros animales, la cultura nos distancia y nos libera del determinismo biológico.
A lo largo del libro el autor nos cuenta cuáles son los pilares sobre los cuales Darwin estructuró su concepción del mundo. Las ideas desarrolladas pueden interesar tanto a legos como a quienes conocen la teoría evolutiva a fondo, pues inserta discusiones novedosas provenientes del campo de la filosofía. Escribe Dupré: “…La teoría de Darwin proporciona la última pieza importante de la articulación de una visión del mundo naturalista y que por lo tanto, si se la aprecia en todo su valor, asesta un golpe mortal a las cosmologías teocéntricas precientíficas”.
Basándose en la idea fundamental del pensamiento científico, que nos enseña que no hay verdades absolutas y que cualquier debate debe estar fundamentado en la razón, Dupré escribe al final de un libro que resulta emocionante leer: “No tengo dudas de que en la tierra hay más cosas que cualquier filosofía podría imaginar. Lo que quiero afirmar es que sabemos lo suficiente como para aceptar nuestra ignorancia”.
‘Diario de golondrina’
Gótica, incisiva y misteriosa: Amélie Nothomb podría ser un personaje de película de Tim Burton cruzado con David Cronenberg. Una chica provocativa que escribe extrañas historias de amor.
Una punk del siglo XXI que hurga con personajes marginales y un humor macabro en los sentimientos a menudo vergonzosos.
Diario de golondrina, su último libro, es la historia de un hombre de identidad cambiante (antes se llama a sí mismo Urbano, después se vuelve Inocencio), que descubre que la única manera de recuperar el placer es con experiencias nuevas. Esto lo hará a través de la música de Radiohead y convirtiéndose en un asesino a sueldo. Nuestro héroe mata por encargo, y cada bala trae consigo un goce que Urbano consuma en su cama después de los asesinatos.
Y cuando las víctimas que le son asignadas son insuficientes, se satisface en las calles matando desconocidos al azar. Hasta que un día se enamora de una de sus víctimas y transgrede el único tabú de los asesinos a sueldo: cruza las fronteras de la intimidad, con la lectura del diario de la muerta. Un libro cargado de pólvora, de provocación, humor y tristeza. Así son las novelas de Amélie.