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Chichila Navia: “La valentía aparece cuando uno atraviesa la vergüenza”

¿Cómo se aprende a dejar de tenerse miedo? La actriz reflexiona en su libro “Suficiente” sobre la vergüenza, la confianza en sí misma y las pequeñas decisiones que con el tiempo transforman una vida.

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Andrés Osorio Guillott
06 de julio de 2026 - 12:38 p. m.
Cecilia Navia interpretó a Mechas en Oki Doki y a Victoria Eugenia Henao la esposa de Pablo Escobar en la telenovela “Pablo Escobar, el patrón del mal”.
Cecilia Navia interpretó a Mechas en Oki Doki y a Victoria Eugenia Henao la esposa de Pablo Escobar en la telenovela “Pablo Escobar, el patrón del mal”.
Foto: Archivo Particular
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¿Qué descubrió de usted misma al escribir “Suficiente”?

Más que descubrir si escribo bien o no, descubrí que puedo ser valiente. La valentía aparece cuando uno atraviesa la vergüenza y se permite ser vulnerable. Ese fue el mayor logro: poder mirar mi herida, escribirla y compartirla con la intención de que pueda servirles a otras personas.

¿Por qué decidió que el prólogo lo escribiera su mamá?

Porque es mi origen. Fue mamá y papá al mismo tiempo, y ha sido la persona que mejor conoce mi historia, mi dolor, mis alegrías y mi proceso. Sentí que nadie podía presentar este libro mejor que ella. Además, le di total libertad para escribir lo que quisiera. Fue muy bonito leer sus palabras, porque esta también es una historia de dolor compartido.

Después de publicar el libro, ¿cambió su relación con el trastorno alimentario?

Sigue siendo un proceso. Hoy tengo más herramientas para manejar mi relación con la comida, pero publicar el libro fue como salir del clóset. Llegó una avalancha de emociones, preguntas y sentimientos que sigo transitando con el acompañamiento de mi psicóloga.

En el libro comparo esa herida con un dragón. Cuando nace, se queda viviendo dentro de uno. No desaparece, pero uno aprende a mantenerlo dormido. Esa es parte de la aceptación: entender que la herida existe y que también es posible aprender a convivir con ella.

¿Qué significa aceptar esa realidad y no resignarse a ella?

No me gusta decir que soy un trastorno alimentario; prefiero decir que transito por esa experiencia. Aceptarlo ha hecho que todo sea más llevadero.

También he entendido que siempre habrá una dosis de incomodidad en la vida. Nos han vendido la idea de una felicidad permanente, pero igual vinimos a sentir dolor, a aprender y a crecer. Siempre habrá una ficha del rompecabezas que no encaja del todo.

La resignación, en cambio, nace desde la sensación de pérdida y termina haciéndonos más pesada la vida. La aceptación permite avanzar.

En el libro habla de una revelación sobre la diferencia entre “ser” y “estar”. ¿Cómo cambió esa idea su manera de verse?

Toda la vida crecí siendo “la gordita”. Era un adjetivo que parecía definirme. Una doctora me hizo entender que el sobrepeso es un estado, no una identidad. Lo mismo ocurre con muchas cosas en la vida.

Nos aferramos a la idea de que somos de una determinada manera para siempre, pero en realidad vamos cambiando. Muchas veces me dije que nunca haría algo y terminé haciéndolo. Entender que vamos siendo, y no simplemente siendo una sola cosa, me alivianó la vida y me permitió aceptar el cambio.

Al final del libro le escribe una carta a la niña que fue y le dice que no debe tenerse miedo. ¿Por qué era importante hacerlo?

Porque durante muchos años viví con miedo de mí misma. Después de una experiencia en la infancia empecé a desconfiar de mis propios impulsos, y esa sensación terminó afectando profundamente mi relación con la comida, hasta llegar a episodios de bulimia. Con el tiempo entendí que esa parte de mí a la que tanto le temía no era mi enemiga. Reconciliarme con esa herida fue profundamente sanador. Estoy convencida de que muchas personas que atraviesan trastornos alimentarios han perdido la confianza en sí mismas, y recuperarla es un paso fundamental para salir de esas crisis.

En el libro también habla de la voluntad. ¿Qué aprendió sobre ella?

La neurociencia explica que la voluntad no siempre funciona de manera lineal y que es normal recaer. Por eso creo que el cambio no ocurre de un día para otro. Muchas veces queremos transformar toda la vida en un solo intento, cuando en realidad se trata de pequeños pasos. Es como reducir poco a poco los cigarrillos o cambiar gradualmente cualquier hábito. La transformación nace de la constancia y no de los grandes impulsos. Creo que ahí está la diferencia: avanzar despacio, sin castigarse cuando uno falla.

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