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Cincuenta momentos de la historia universal

Según el autor Hugh Williams, la necesidad de que más gente acceda al conocimiento de la historia y sus eventos más relevantes es vital para entender un poco más la confusión en la que vivimos.

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Angélica Gallón Salazar
12 de diciembre de 2010 - 09:00 p. m.
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“Necesitamos conocer nuestra historia, hoy más que nunca. Todos los sucesos y la bulla del mundo serían incomprensibles si no los miramos desde un contexto. La historia nos ayuda a producir esquemas para entender la confusión en que vivimos”, sentencia el periodista e historiador inglés Hugh Williams, quien después de adentrarse en los 50 sucesos más importantes de la historia de Inglaterra —en su primer libro—, se aventuró a escribir una nueva obra para contar las 50 cosas de la historia mundial “que todos deberían saber”.

La primera cuestión que puede plantearse un lector crítico es si es posible que la vastedad de la humanidad pueda reducirse a 50 episodios. El historiador replica al respecto: “Cuando nos referimos a la historia siempre es más fácil complicar que simplificar, pero aunque nadie podría decir que estas son las únicas cosas que alguien debería saber, sí son momentos determinantes en los que las civilizaciones cambiaron y evolucionaron, que todos deberíamos conocer”.

Esta compilación de ensayos de más de 400 páginas desatiende los mandatos cronológicos, y más bien le propone al lector una ruta para abarcar el pasado y el presente desde cinco temas que, según el autor, “son algunas de las principales aspiraciones del hombre”: la riqueza, la libertad, la religión, la conquista y el descubrimiento.

“Casi todos los seres humanos quieren ser más ricos. La riqueza no sólo es un asunto de acumulación de bienes, sino de postura ideológica”. Con esta sentencia, el periodista que trabajó por años con la BBC introduce la primera parte del libro, en la que partiendo desde la construcción de la Vía Egnacia —usada por los romanos para transportarse desde el mar Adriático hasta Constantinopla—, pasando por el descubrimiento del petróleo y adentrándose en los fracasos económicos del Tratado de Versalles, intenta darle una perspectiva histórica a un asunto que ha preocupado a la humanidad: ¿cómo y por qué son adinerados los países y las personas que lo son?

El foco se pone luego en los procesos libertarios, comenzando con Espartaco y la rebelión de los esclavos contra la República, las revoluciones e independencias hasta la caída del Muro de Berlín y la liberación de Mandela. “Son una especie de peldaños que la humanidad ha escalado hacia la libertad, aunque haya que admitir que después de pasar tantos meses investigando, sólo se pueda concluir que son meros intentos”, explica Williams.

Luego el lector tendrá la oportunidad de darle un vistazo a la historia de las religiones y a eso que el autor define como el conflicto entre “lo espiritual y lo temporal”, para luego adentrarse, en el capítulo de “Conquista”, en los orígenes de las fronteras y los territorios.

La parte final es una zambullida por la genialidad del hombre, en palabras de Williams: “Es ser testigos de que el hombre seguirá descubriendo hasta extinguirse o hasta adaptarse al mudo diferente que ha contribuido a crear”. Arquímedes, Leonardo da Vinci, Vasco da Gama, Isaac Newton y la creación de internet son personajes y eventos que forman parte de esta resumida lista que, según explica Williams, termina con el conflicto y la deuda, “los últimos acontecimientos de este mundo”.

Las miradas que la academia pueda tener sobre su libro no le preocupan, al final la motivación de Williams para escribir es la profunda convicción de que si la historia se le deja sólo a la escuela, cada vez va a ser más incomprensible. “Me parece que los libros de ensayos, más didácticos o las novelas se están convirtiendo en una manera de que más gente conozca la historia y creo que cuando alguien lee se va a encontrar genuinamente fascinado. El conocimiento de la historia necesita esa fascinación”, concluye el escritor.

Por Angélica Gallón Salazar

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