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Cine colombiano pospandemia: la brecha entre la audiencia y las producciones

Posterior a la pandemia, la industria audiovisual ha buscado distintas maneras de cerrar la brecha entre la audiencia y sus obras en salas de cine. Analizamos el rol de las plataformas de streaming en la industria y presentamos algunas propuestas de agentes para hacer más visible el cine colombiano.

Pablo Marín J.

24 de abril de 2025 - 07:00 a. m.
La pandemia y el auge de las plataformas de streaming cambiaron la forma en la que se consumen películas en el mundo y esto ha afectado, sobre todo, a las producciones independientes.
Foto: Glenn Carstens-Peters / Unsplash
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La pregunta por cuál sería la manera más efectiva de acercar la audiencia a ver cine nacional, persiste. Los productores y distribuidores de obras nacionales continúan en una exploración (casi que desesperada) por entender cuál es la vía para que las salas y los espacios culturales recuperen su poder de convocatoria.

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“El cine ha atravesado una situación difícil desde 2020, incluso más compleja de lo que muchos creen o conocen. Cinco años después, en Colombia apenas hemos alcanzado el 70 % de la asistencia que teníamos en 2019”, dijo Munir Falah, presidente de Cine Colombia, durante un homenaje a esta exhibidora realizado por el Distrito en diciembre de 2024.

De acuerdo con cifras de Proimagenes, la cantidad de asistentes a salas de cine en 2019 fue de 73,11 millones a comparación del periodo comprendido entre enero y noviembre de 2024, en el que se ubicó en 43,3 millones de asistentes, con proyecciones de llegar a los 50 millones en el mes de diciembre.

“Se percibe cierta dificultad para movilizar a estos espectadores, como si existiera una distancia con el cine en pantalla grande. Sin embargo, también ocurre algo interesante: ese mismo público se sorprende cuando vive la experiencia. Se da cuenta del valor de esos momentos únicos: actividades especiales, espacios de diálogo o simplemente la experiencia colectiva de ver una película en pantalla grande, algo que a veces se olvida”, apuntó Rodrigo Dimaté, uno de los fundadores de Danta Cine.

Para Dimaté, las formas de consumo de los jóvenes mediante plataformas de streaming, tanto por su costo como por la variedad de películas y series que se encuentran allí, cambiaron todas las dinámicas. Según un informe de la Comisión de Regulación de Comunicaciones, publicado en 2023, cuatro de cada diez colombianos acceden a este tipo de plataformas, siendo Netflix la primera con un 46 % de la población encuestada.

Esto ha hecho que las empresas distribuidoras o los agentes de ventas (quienes realizan el contacto con varias de estas empresas a nivel internacional) ingresen a los procesos de negociación con estas plataformas, posterior a la terminación de su exhibición en salas de cine, para continuar con la distribución de la obra audiovisual.

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Guillermo Sainz, distribuidor de la productora de animación Bombillo Amarillo, señaló que, para el ingreso de cortometrajes a plataformas como Netflix o Prime Video, era necesario contar con un “crédito de peso”, es decir, haber estado nominado a premios internacionales o que contaran con un apoyo sustancial en el proceso de distribución. En este caso, resaltó la aparición de plataformas como RTVC Play o Retina Latina, que adquieren con mayor facilidad contenido independiente.

Este es el punto en el que las distribuidoras realizan una intermediación entre los productores y las plataformas. Dimaté comentó que se elaboraban catálogos y propuestas del contenido, ya que RTVC Play o Retina Latina “buscaban la diversidad del cine colombiano que estaba presente en salas. En ese sentido, se generaba una sinergia perfecta: ellos necesitaban los títulos y nosotros los teníamos”, afirmó.

De acuerdo con Carlos R. López, de Chirimoya Films, RTVC Play era una de las últimas plataformas que se consideraban para proponer su contenido, ya que “era casi un hecho” que la plataforma adquiriría los derechos de explotación de la película. López mencionó, además, que era usual que estos contratos tuvieran una duración de dos años, con el derecho de exhibirla en canales institucionales como Señal Colombia.

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Sin embargo, el hecho de que estas obras estén en plataformas de streaming no asegura las visualizaciones por parte del público. En el caso de las salas, la participación de los espectadores para ver contenido colombiano en 2024 se ubicó en un 2,2 % del total de espectadores nacionales, solo un punto porcentual por encima de lo registrado en 2023.

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La “pregunta del millón”

El acercar las producciones nacionales al público ha sido una pregunta que tanto realizadores, productores, distribuidores y exhibidores tienen a la hora de poner este tipo de obras en salas de cine o plataformas de streaming.

Dimaté, quien también es realizador de cine, indicó que era necesario que desde las producciones se preguntaran por cómo hacer más atractivas sus obras para el público. Resaltó que ya varias producciones, desde el corte autoral o comercial, han dado pasos para intentar dar respuesta a esta pregunta.

Para Majida Issa, actriz y productora de “El bolero de Rubén”, lo importante era “hacer bien las películas y contar una buena historia. Debemos dejar de encasillarnos en géneros o estructuras predefinidas y evitar crear limitaciones innecesarias en nuestra mente. Contamos con talento, grandes historias y mucho por narrar”, indicó durante el conversatorio de apertura de “Abril, mes del cine colombiano” el pasado 11 de marzo.

Desde la distribución de cine, Dimaté agregó que era necesario dejar de ver el panorama de la exhibición de cine colombiano en términos negativos, esperando que imite las formas de Hollywood, además de instar a los exhibidores a tomar más riesgos con estas películas, ya que “si se permite que el público acceda a una oferta diversa, descubrirá que el cine colombiano tiene alternativas interesantes y sorprendentes”.

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Para Víctor Palacios, de Distrito Pacífico, una de las posibles soluciones a esta separación entre el cine colombiano y las audiencias puede estar en la alfabetización audiovisual. De esta manera, se incluiría el lenguaje fílmico en la educación formal, lo que a la vez permitiría “formar espectadores más críticos y también influiría en el consumo cinematográfico a futuro, favoreciendo la presencia del cine nacional en salas”.

Al igual que López, Palacios señaló que era necesaria una legislación para la llamada “cuota de pantalla”, que dictaminaría un mínimo establecido para las producciones nacionales en salas de cine y plataformas de streaming.

Si bien la Ley 18 de 2003, más conocida como la Ley del cine, indica en su Artículo 18 la presencia de una cuota de pantalla, no estipula una cifra. Según este documento, en los últimos dos meses de cada año, el Gobierno “dicta normas sobre porcentajes mínimos de exhibición de títulos nacionales en las salas de cine o exhibición o en cualquier otro medio de exhibición o comercialización de obras cinematográficas diferente a la televisión, medidas que rigen para el año siguiente”, posterior a la consulta con miembros de la industria.

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También indica que estas medidas serán diferenciales, de acuerdo con la infraestructura local, el análisis de audiencias y la clasificación de las películas. Este tipo de cuota de pantalla otorga “estímulos económicos o subsidios de recuperación para las salas que deban cumplir con los porcentajes de exhibición de largometrajes colombianos fijados de acuerdo con lo previsto en este artículo. Igualmente, dichos estímulos podrán otorgarse para las salas que proyecten obras colombianas, superando dichos porcentajes mínimos”, se lee en el artículo.

“En teoría, si una película se mantiene varias semanas en cartelera, debería generar impacto. Sin embargo, es fundamental garantizar que haya condiciones adecuadas tanto para los realizadores como para los exhibidores y, sobre todo, que se trabaje en la formación de públicos para que el cine colombiano no solo esté en salas, sino que sea visto y valorado”, argumentó Palacios para El Espectador.

De igual manera, la productora Vanessa Gómez, de Red Collision Studios, resaltó durante el conversatorio de lanzamiento de abril como mes del cine colombiano, que el público no debería ir al cine a ver películas colombianas para “apoyar” la producción nacional, sino para disfrutarlo.

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Por Pablo Marín J.

Profesional en Creación Literaria. Escritor de cuentos y novelas de ciencia ficción. Apasionado del cine y guionista de varios cortometrajes.pmarin@elespectador.com
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