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Cine en San Sebastián

Tras la vorágine que supuso la llegada de Quentin Tarantino y Brad Pitt a San Sebastián, donde se celebra la 57° edición del Festival de Cine, las aguas parecen volver a calmarse para dar paso al séptimo arte.

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Irene Pedruelo / San Sebastián
23 de septiembre de 2009 - 10:01 p. m.
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Las nubes parecen estar respetando a los asistentes, que se agolpan en las puertas de los teatros y cines donde se proyectan las películas. Entre ellas, Precious, dirigida por el estadounidense Lee Daniels, que compite en la sección Perlas y por la que ya recibió el Premio Especial del Jurado y de la Audiencia en el pasado Festival de Sundance, además del Premio a la Mejor Actriz para su protagonista, Gabourey Sidibe. En los últimos años Sundance resultó providencial en los posteriores Premios Oscar, pero el director prefirió no hacer cábalas. “Trae mala suerte, nunca hago una película pensando en premios”, aseguró. El filme es adaptación del libro Push, en el que una adolescente de Harlem, Precious Jones (Sidibe), queda embarazada tras ser violada por su padre.

La historia viaja más allá de la relación incestuosa, descubriendo a una joven de 16 años acomplejada por su peso, por su color y continuamente vejada por su madre y entorno. Una casa en la que el olor de la pobreza llega al espectador, una protagonista que experimenta una transformación a lo largo de la película hasta recuperar la bella mujer que es, y una madre monstruosa que al final pide redención. “Era fan del libro mucho antes de que me llegase el papel, por eso no me costó interpretar a Precious. Ella estaba en todo lo que me rodeaba”, comentó Sidibe, siempre sonriente. Asimismo, Daniels afirmó estar sorprendido por la acogida de la cinta: “Procedo de la extrema pobreza, relato mi experiencia, y ésta es la de un hombre negro. La película iba dirigida a la comunidad afroamericana, pero he visto que muchísima gente de distintos países lo ha entendido”.

Además, en la Sección Oficial, la francesa de Le refuge se despidió con una sensación agridulce. Sensible, pausada, bella; pero no lo suficiente como para pervivir en el recuerdo. Así es la nueva película de François Ozon. La sorpresa: la banda sonora.  El piano y la nana de la mano de Louis-Ronan Choisy (Paul) son, sin duda, todo un regalo.

Por Irene Pedruelo / San Sebastián

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