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11 Sep 2020 - 2:13 p. m.

Circo ambulante y de encuentro

Circo Encuentro, compañía de teatro y clown compuesta por cuatro artistas, hace presentaciones gratis y entrega comida en los barrios más pobres de Bogotá.

Carolina Guatava

Circo Encuentro está conformado por cuatro cirqueros que, antes de la cuarentena, dictaban talleres de clown.
Circo Encuentro está conformado por cuatro cirqueros que, antes de la cuarentena, dictaban talleres de clown.
Foto: Luis Alfredo Sepúlveda

La compañía Circo Encuentro nació en el año 2006, en la localidad Rafael Uribe Uribe. Su propósito y razón de ser: educar y llevar arte a todas partes. Si bien no es un objetivo sencillo, ellos se han puesto en la tarea de que no sea imposible. Con una campaña que jocosamente llamaron “Sopita de murciélago”, estos artistas salen a las calles, recolectan mercados y realizan una olla comunitaria para sectores y localidades en las que saben que hay personas necesitadas.

Después de estar haciendo una labor social y cultural por más de 10 años, y aparecer en eventos masivos que ayudaban a su manutención, hoy la compañía se trasladó a las calles para trabajar de forma diferente. El inicio de la cuarentena los hizo pensar en su grupo y en los niños que formaban parte de los semilleros que tenían creados. “Pensamos en una campaña que nos permitiera mostrar lo que hacemos, educar y a la vez ayudar. Intercambiamos arte por alimentos e insumos”, asegura Alexandra Suárez, integrante del grupo.

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Hasta la fecha han visitado localidades como Usme, San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Rafael Uribe Uribe y Bosa. A través del arte este grupo de artistas promueve el autocuidado de forma creativa. Invita a las personas, desde la seguridad de sus casas, a que se cuiden. “Cuando alguien sale por su ventana y nos rocía con alcohol, además de considerarlo un gesto gracioso, es la mejor respuesta para nosotros. Ahí comprobamos que están recibiendo el mensaje y agradecen nuestra labor”, expresa Iván Pira, director de Circo Encuentro.

Además de la olla comunitaria, a finales de agosto fueron convocados por una organización de derechos humanos para llevar su campaña a los alrededores del Inpec. El objetivo que les plantearon fue recoger insumos para las personas privadas de la libertad, una actividad que tuvieron que adaptar debido a las limitantes para ingresar objetos a los recintos carcelarios. La llegada de estos cirqueros fue un éxito: hubo arte y comida en un espacio en el que, generalmente, hay hostilidad.

“Buscamos infundir pedagogía por medio del arte. Arte social que ayuda, que hace que se reflexione y se eduque a las personas. Cuando empezamos el grupo, éramos muy jóvenes, así que el choque con la realidad y la falta de oportunidades hicieron que transformáramos el entorno en una oportunidad. La falta de escuelas de circo y teatro nos hizo pensar que era momento de transmitirlo, especialmente a las comunidades vulnerables que no tenían acceso a estos espacios”, cuenta Alexandra sobre los inicios de Circo Encuentro.

El grupo base está conformado por cuatro artistas: Iván Pira y Alexandra Suárez, que tienen estudios en licenciatura en artes; Daniel Ceballos, quien adelanta estudios como profesional en DD. HH., y Andrea Palacios, también con estudios en licenciatura en artes. Este grupo involucra el arte en la comunidad desde la función social. A través de sus redes sociales comparten sus campañas y reciben apoyo de quienes creen en nuevas formas de llevar cultura a todos los rincones de esta ciudad.

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Antes de la cuarentena, Circo Encuentro desarrollaba semilleros de malabarismo, clown y zancos. Estos talleres, debido a la pandemia, se encuentran en pausa. Según ellos, estos trabajos son vitales para los niños de la localidad, así que anhelan retomar lo más pronto posible. Están seguros de que con las campañas de educación y autocuidado están aportando su grano de arena para que los contagios disminuyan.

Muchas compañías teatrales se han adaptado a las nuevas circunstancias para no dejar de crear. Según ellos, el apoyo del Estado ha brillado por su ausencia. Cada vez se hace más complejo el mantenimiento de las salas y de los grupos. El sector cultural se siente en la cuerda floja y, hasta ahora, las medidas son insuficientes o poco viables para el medio artístico.

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