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Colombia, en la era del libro electrónico

Los expertos creen que en 2018 los textos impresos serán desplazados por las versiones en pantallas digitales. Controversia de empresarios y editores.

Redacción de El Espectador y El País de España

17 de octubre de 2009 - 05:00 p. m.
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El llamado e-book se lanza esta semana en forma simultánea en España y Colombia, en medio de la controversia entre empresarios electrónicos y editores por los derechos de autor y por el futuro de un negocio multimillonario. La guerra por los lectores del siglo XXI se disparó los últimos días durante la Feria del Libro de Fráncfort, Alemania. Allí, los visitantes fueron recibidos por carteles en los que se leía “Le ponemos cara al futuro” y enseguida se revelaron las siguientes cifras:

El año 2018 será en el que el libro digital le dará el golpe de gracia al impreso. Incluso se admite que en menos de dos años un 25% de los ingresos de los editores vendrá por ese canal, cuando ahora esos beneficios son casi inexistentes. Así lo creen cuatro de cada 10 editores encuestados por la feria internacional más grande del sector.

Pero aun así, no saben cuál es el modelo de negocio, ni cuánto cobrar, ni cómo. Lo mismo ocurre en Colombia, donde desde este lunes la poderosa Amazom.com, líder en la comercialización de libros vía internet, amplía sus canales para que potenciales compradores nacionales encarguen vía electrónica el nuevo kindle para cargar en un aparato de 200 gramos su biblioteca preferida.

Por ahora, entramos a la fase experimental pero no hay vuelta atrás. El fenómeno mundial es tan grande que la piratería queda como “tercera consternación” ante el reto del e-book. También preocupa la incertidumbre por la rapidez en los cambios y conocer mejor los usos tecnológicos de los consumidores. Una prueba de la desorientación que asuela el sector está en la respuesta de los editores cuando se les pregunta por el modelo de pago para el acceso de los lectores a los contenidos on-line. Mientras el 25% (en su mayoría editores europeos) está por una tarifa plana o un modelo de suscripción que permitiera acceso a toda la oferta, el 23% (especialmente los anglohablantes) prefieren los micropagos o pagos por capítulos o partes de un contenido.

La división ya es total a la hora de poner precio al libro electrónico (al contenido, no al aparato que en Colombia se venderá a 279 dólares). Aún hay quien cree que un e-book debe ser igual (15%) o más caro (4%) que un libro tradicional. El resto, que ha de ser más barato. ¿Pero cuánto? Hay división de opiniones. Un 10%, un 20% y hasta un 30%. Y queda una quinta opción: algunos defienden que se ha de poner al mismo precio que los modelos supereconómicos que vende ya hoy Amazon por US$9,99.

Quizá el caos impera porque el 65% de los editores aún no leen e-books. No es el caso de Jesús Badenes, director general de la división de librerías del Grupo Planeta, quien solicitó la intervención de los gobiernos “para evitar el control monopólico de los buscadores, o de kindle, el lector de Amazon”.

En esa línea, avanzó que para la Feria del Libro de Madrid la plataforma conjunta de libros electrónicos que Planeta prepara con Santillana y Random House Mondadori dispondrá de “unos 6.000 títulos” y que siguen abiertos a nuevos socios.

También insinuó el nombre de Anaya como posible cuarto socio gigantesco de la operación. Aún con ello, recordó que en 2008 los e-books sólo representaron el 0,8% de las ventas en EE.UU. y apenas un 0,6% en Inglaterra. Y que la batalla con Google por la digitalización de obras pasará en Europa por “un acuerdo país por país”.

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Tal vez lo mismo termine sucediendo en América Latina. Por ahora la moda se desata en Colombia y habrá que ver cuántos clientes ingresan a Amazon.com en busca del kindle, cuánto bajará el precio del libro electrónico a mediano plazo y si esta nueva herramienta del siglo XXI estimula la aparición de una nueva generación de lectores o ahuyenta a los pocos que se resisten a abandonar el aroma de las hojas impresas.

Carmen Balcells se metió al negocio

Ahora Carmen Balcells, la mítica agente literaria —por ejemplo de García Márquez—, a la que mucha gente creyó ver retirada hace unos años, vive “en el futuro”, apuesta por las nuevas tecnologías y ha llegado a una alianza editorial que la convierte en una de las líderes del nuevo formato, que ya compite con los libros tal como se conocen desde hace más de medio milenio.

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En su casa de Barcelona sigue dictando cartas y tomando notas a mano de todo lo que se mueve, pero ya ve los ‘e-mails’ (correos electrónicos), está al tanto de lo que se cuece en el mundo tecnológico, y aunque es de la generación en la que se olía el papel para conocer su calidad, cree que el paso que ha dado el mundo “es irreversible”.

A partir de ahí, de esa convicción de que las nuevas tecnologías están para revolucionar el mundo del libro, tomó la decisión de sumarse a lo que ella cree que es el futuro. “Es una decisión tranquila, sosegada, muy analizada con respecto a lo que era la realidad del mercado, que prácticamente no existía. Tenía bastante tiempo, no estaba presionada por nadie, ni siquiera por el propio editor que quería iniciar el proyecto”. ¿Y cuál es la situación? “La del mercado del libro electrónico, inexistente hasta ahora. Pero ya han aparecido lectores bastante sofisticados que cambian la perspectiva, y me dije: ‘Vamos a probar’”.

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La idea revolucionó el sector. A ella le extrañó. “Lo que nunca me pude imaginar es que esta decisión tan simple tuviera la repercusión que tuvo. He recibido algunas patadas, pero el eco fue inmenso. Me pregunté: ‘¿En qué me he equivocado?’”. Le pareció raro que la reacción “fuera tan furibunda por parte de los editores, a los que no había robado nada”. ¿Y qué se respondió, Carmen? “Que no había tomado una mala decisión. Y que los libros que había elegido para el proyecto estaban todos en la red. Lo que pasa es que nadie se los baja, por la simple razón de que es mucho más caro el papel en el que imprimes que lo que vale el libro en las librerías”.

Ella cree que este nuevo formato va a popularizarse. “Porque es altamente cómodo, es barato, y tiene ante sí dos segmentos de clientela posible. Los estudiantes; con un chip tendrán, por poco dinero, todos los títulos que estén obligados a leer… Y los estudiosos; encontrarán que el formato es comodísimo, se parece al libro convencional, no pesa y puede contener mucho texto”. Otra ventaja del formato “es que los técnicos que venden estos libros son vendedores de lectores, no son vendedores de contenidos. La vendedora de contenidos soy yo. Los vendedores venderán máquinas para leer”.

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¿Ella tiene fe ciega? “No. Las dudas son sobre cómo va a operar el formato. Cuando surge un nuevo soporte nadie sabe qué va a desencadenar. Pero prefiero estar ahí. Cuando esto sea masivo, ya no tendré nada que vender porque los interlocutores serán gigantescos”. Ella cree que el nuevo formato atraerá más lectores. “Leerá todo el mundo. Le quita al lector el sacrosanto respeto que inspiran las bibliotecas e incluso las librerías…”.

¿Ya lee en esos soportes? “Yo tengo problemas de gente mayor, y en esos libros puedo regular la letra en que los quiero leer”. ¿Y qué le pasará al libro tal como lo conocemos ahora? “No morirá nunca. Se decía que la televisión acabaría con la radio, y tampoco acabó con el cine, ni internet acabará con nada. El mundo del desarrollo tecnológico es fascinante, llegará a las aldeas, hará más lectores, y todo el mundo saldrá beneficiado”. Ella está feliz de estar en el futuro. “De lo que estoy feliz es de que el futuro no me haya borrado ya”.

Por Redacción de El Espectador y El País de España

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