«¡Colombia es pop!», exclamó Marta Traba con su voz aguda en 1965, durante una mesa redonda sobre el Salón de Artistas Nacionales, en el auditorio del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), en Bogotá. Aún no hay una explicación de este entusiasmo repentino de la más celebrada y controvertida crítica de arte en Colombia. En apariencia, con ese grito, ella estaba legitimando el movimiento norteamericano basado en la imaginería del consumismo y la cultura de masas, cuyas primeras obras se asomaban tímidamente en los escenarios artísticos del país. Sin embargo, al año siguiente explicó su actitud:
«Alguna vez dije que el “pop art” podía perfectamente ser cultivado en Colombia porque aquí domina una naturaleza, una condición perfectamente “pop”, entendiendo por “pop” la permanente infracción a las leyes de la lógica y el buen sentido. Los reinados de belleza, los brindis a España, los policías persiguiendo a los yeyé y los yeyé persiguiendo a los policías, los guardianes llevando a tomar trago a los presidiarios, todo pertenece al más saludable “pop”» .
El 25 de mayo de 1964, la revista Life en Español, que tenía mucho ascendiente en los países suramericanos publicó una reseña del Pop art, donde presentó obras de Lichtenstein, Rosenquist, Warhol, Dine, Wesselmann e Indiana.
Era la primera vez que se veía en Colombia una Marilyn Monroe de Warhol, a todo color. En el pie de foto decía algo así como, “Marilyn Monroe como sellos de correo. (…) Warhol sigue con su técnica de pintura en serie: latas de sopa, caras de Elizabeth Taylor, etc. (…) Quiero expresar cosas mecánicamente, dice. Yo quisiera ser una máquina ¿usted no?”. También era la primera vez que se oía en Colombia un concepto tan provocador.
Trece días después, la periodista Grazia Livi anunció en el Suplemento Dominical de El Tiempo de Bogotá la nueva modalidad en el arte. Lo hizo de una manera contundente, desde el título: “Teoría del POP ART alucinante y obsesivo”. Comenzó reseñando el panorama de las inauguraciones que tenían lugar los martes en Nueva York: “En las galerías de vanguardia —Castelli, Sidney Janis, Stable, Green— las obras expuestas ya no son pinturas inmóviles, figurativas o, más o menos comprensibles, sino que pueden ser piezas tridimensionales (…) o cuadros de dimensiones enormes rellenos de figuras agresivas (un rostro, dos piernas, una máquina, tratadas con violentos colores)”.
Tres fotografías en blanco y negro ilustraron el artículo; en dos ellas aparece Oldenburg y en una tercera Warhol, quien aparece en su estudio con la Serie de la muerte a sus pies. Su figura corresponde a la descripción de la periodista: “Tenía maneras cautas, misteriosas y corteses”. Era la primera vez que se veía su imagen en Colombia.
Alloway le expresó a la periodista Livi que encontraba “novísimo” el arte de estos artistas. Todos ellos, entre treinta y cuarenta años, conceptuaron sobre la validez de su obra de manera profunda: Lichtenstein afirmó que todos son anti-convención, anti-tradición, anti-intimismo, anti-calidad y cualidad en la pintura.
Este largo artículo abrió las compuertas del arte Pop en Colombia, el junio 7 de 1964. Cinco días después, María Victoria Aramendia, una española de corte franquista, se refirió con desprecio a la nueva corriente artística: “Y surge con atisbos de violencia el pop art […] Alguien me preguntó ¿qué es el pop art? y sinceramente no supe que responder […] ¿Pop art? Tamaños, número de objetos, envoltura, servilismo a la novedad”.
El 16 de junio de 1964, la escritora Alba Lucía Ángel, corresponsal en Europa de La Nueva Prensa, envió una nota sobre el XX Salón de Mayo en París. El tema general era la muerte del arte abstracto. A raíz de ese artículo, Arturo Bastidas, un lector de Pereira, preguntó el 27 de junio a La Nueva Prensa qué era exactamente el arte pop. La revista le dio gran relevancia a esta carta cuya respuesta publicó enmarcada con 14 cuadros más representativos del momento. “El Pop Art que acaba de ser oficializado en el Salón de Mayo de París, tiene un carácter muy activo en Inglaterra y en USA. Sus formas son muy diversas. Principalmente parte de la utilización o reproducción de los objetos de la vida corriente: afiches, carteles, etiquetas o cápsulas de botellas, señales ferroviarias o camineras, fotos de revistas agregadas a paquetes de cigarrillos, monos, caricaturas y ‘comics’. Entre los norteamericanos, los más importantes del Pop son Rauschenberg, Jasper Johns, Resenquist (sic), Warhol, Peter Saul y David Budd. Entre los europeos Niki de Saint-Phalle, Armand (sic) y Speerrá (sic). Dar una definición del Pop parece imposible. LNP”.
Marta Traba escribió por primera vez las tres letras que conforman la palabra “Pop”, en un titular de su columna de arte en La Nueva Prensa, que ilustró con una tira cómica de Roy Lichtenstein. El pie de foto no identificaba la obra sino que decía simplemente: «El pop art». El artículo no se refería al artista norteamericano ni a su movimiento, sino a una artista manizalita, Judith Márquez, que se había residenciado en México, donde según la crítica «siente el divertido empuje del “pop art”. En su espíritu, La tertulia es un cuadro “pop”, o un Botero sin magia» .
No queda duda de que fue 1964 y entre mayo y junio que tuvo lugar la recepción del arte pop en Colombia. En esos meses Marta Traba, que se había relacionado con corrientes europeas como la Nueva Figuración y el Informalismo, adhirió al pop, aunque un poco tardíamente, en relación con otros países suramericanos.
Para enmendar la plana escribió quince días después de esta primera mención un artículo titulado «Los americanos terribles», en el que narraba la trayectoria y el triunfo del movimiento en la Bienal de Venecia: «Los americanos no son el caos, la improvisación, la inmadurez, la demencia. Están (...) lanzando como estilo una ficción que parte de la realidad y vuelve a ella, pero enriquecida por la imaginación, el buen humor y el absurdo para “vitaminizarla”, a la manera americana, y volverla tolerable» .
A comienzos de agosto, la misma crítica inició su comentario sobre tres artistas, Alberto Gutiérrez, Carlos Rojas y Noé León, con una disculpa: «Pido excusas, porque seguiré hablando del “pop”. O tal vez no debo excusarme, porque si usted se asoma por esa ventana experimentará furia, o risa, entusiasmo o desprecio, pero en todo caso el agente catalítico llamado “pop” no le permitirá quedar indiferente».
«En Colombia no existen, básicamente, las condiciones para el “pop”, puesto que siendo país subdesarrollado, los elementos industriales no pueden alcanzar esa categoría mítica que producen las promociones. Una mitificación de las conservas Fruco sería completamente postiza (...)» . Aunque el artículo está ilustrado con una pintura de arte pop norteamericano, propuso como una salida que el pop en Colombia adquiriera «el tono de la malicia indígena».
A mediados de agosto de 1964, se presentó en el Museo de Arte Moderno, dirigido por Marta Traba, el Primer Salón Intercol de Artistas Jóvenes. Cinco obras merecieron el calificativo de arte pop por los diversos críticos. Los autores eran los jóvenes artistas Jorge Madriñán, Bernardo Salcedo, Carlos Rojas, el publicista Gastón Bettelli y una artista casi desconocida, Julia Acuña, ex alumna de la Universidad de los Andes. La obra de Madriñán, titulada Carmen la Violenta, estaba integrada por un par de zapatos rojos de tacón y unos aretes colocados sobre una base amarilla. La de Salcedo, más intelectual, era una especie de collage-ensamblaje llamado Mercados para el nuevo arte N° 1 y N° 2, donde relucía una caja de Alka-Seltzer. La de Carlos Rojas, por la que obtuvo un premio, se titulaba Mujer con corsé; era una faja adherida al lienzo que Marta Traba consideró «un “pop” made in Rojas francamente original» .
Gastón Bettelli obtuvo una mención con su obra Espejo. La de Acuña estaba compuesta por un guante puesto sobre una base. Si bien las dos primeras llamaron la atención de los críticos, entre ellos Walter Engel, no obtuvieron premios ni la comprensión del público. Fernando Botero, obtuvo el primer premio con un bodegón con manzanas que parecían de seda.
A causa de una fecha equivocada, que sitúa el Salón Intercol en julio y no en agosto, cuando tuvo lugar el evento, la curadora María Iovino considera que «La primera mención histórica del término pop (…) tuvo lugar a raíz del Salón de Arte Joven de 1964, en el que participaban Jorge Madriñán, Carlos Rojas, Gastón Bettelli y Bernardo Salcedo”.
Por tradición y por error, las obras de Salcedo y Madriñán han pasado a la historia como las primeras obras pop, pero no lo fueron; en cambio, sí causaron un escándalo inherente al pop.
El 16 Salón de Artistas Colombianos, dos meses después fue motivo de una fuerte crítica de parte de Marta Traba: «Vivimos en 1964. Si a este simple dato cronológico le damos su contexto artístico, resulta que 1964 significa el año del premio al norteamericano Rauschenberg en una bienal tímida como es la de Venecia; el del decaimiento del pop art en Estados Unidos» .
Al referirse al decaimiento del pop, demuestra que ella estaba adscrita al pensamiento de Greenberg, que consideró este movimiento una «novedad», y como toda novedad, estaba condenada a desaparecer.
El regreso al país del pintor Santiago Cárdenas, en julio de 1965, marcó un nuevo episodio. Había recibido su formación artística en Estados Unidos. Había escuchado en una conferencia en Yale al crítico inglés Lawrence Alloway, quien era la persona que acuñó el nombre pop. Ante las inquietudes del auditorio, y la pregunta escéptica de Cárdenas, el crítico le sugirió que debería hacerse un artista pop, movimiento que el estudiante colombiano detestaba . No obstante, cuando llegó a Colombia ya traía en su acervo toda una educación de auténtico pop y aceptó con sinceridad su influencia . En dos de sus siete participaciones en el Salón Nacional de Artistas, entre 1966 y 1976, presentó obras como Baño rosado, Slacks, Mercado de la séptima, y Algo de comer, de clara adhesión al pop.
Luis Caballero reconoció también la influencia pop en su obra adscrita de modo permanente a la figuración. Con todo, entre 1964 y 1967 lo sedujo el arte pop. Descubrió a los artistas Allen Jones, británico, y Richard Lindner, alemán radicado en Estados Unidos. Al comentar la actividad artística en París, escribió: “En general, se ven muy pocas cosas que valgan la pena (...) sólo se salva el pop art. Único movimiento joven y con vida en medio de tanta cosa muerta. (…) Los gringos están haciendo cosas sensacionales, llenas de vida y juventud. Pop, Pop, Pop, Pop (...)”.
El arte pop estaba en el aire. En 1965, el día de la inauguración del 17 Salón de Artistas Colombianos, la autora de estas notas escuchó una conversación entre Marta Traba y el jurado venezolano Inocencio Palacios quienes estaban parados frente a los Suicidas del Sisga, una de las obras premiadas, y pensó ingenuamente que estaban hablando de científicos cuando mencionaban los nombres de Lichtenstein, Rosenquist, Wesselmann. No eran tan comunes esos nombres como piensan algunos curadores y críticos contemporáneos, que han ligado artificialmente obras de arte a influencias inexistentes. En ese momento no existían revistas de arte en Colombia, con buenas presentaciones en color e información que pudieran generar influencias.
Álvaro Barrios aclara con lucidez esta situación: «Yo hacía unos collages acerca de un mundo imaginario donde convivían armónicamente Los Beatles, la guerra del Vietnam, Batman y Robin, el Che Guevara, Dick Tracy, el cura guerrillero Camilo Torres y Tarzán. Yo era perfectamente autodidacta y no sabía lo que estaba pasando en el arte en el resto del mundo. ¡No sabía quién era Lichtenstein, por ejemplo!» .
Años después, en 1974, Marta Traba analizó la situación del pop, lo redefinió y clasificó sin entrar en el terreno peligroso de las influencias y dependencias. Colocó a tres artistas, Bernardo Salcedo, Álvaro Barrios y la autora de estas notas, en algo que denominó «pop ubicado». Según la crítica, «No habiendo, pues, un “Colombian way of life” (parafraseando la famosa frase que lleva, en Estados Unidos, a las justificaciones estéticas del pop), tampoco tiene por qué existir, ni en el público, ni en los artistas nacionales, la capacidad de comprender, o de transmitir, o de oponerse, a lo que lisa y llanamente no existe . Los elementos que según la crítica han recogido los tres artistas antes mencionados son el humor, los juegos, la neutralidad y la exaltación de la pintura o el objeto.
Marta Traba, al igual que Clement Greemberg, se desencantó muy pronto del arte pop, aunque por razones distintas de las del crítico norteamericano. Percibió, en primer lugar, que era necesario latinizar el pop, y en segundo término, que era urgente resistirse a su influencia. Para ello inventó «la teoría de la resistencia», su arma más socorrida que difundió en su obra Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas, 1950/1970.
Marta Traba se encuentra vinculada a la recepción del pop y de modo simultáneo a su decaimiento. Le había colaborado a su amigo Thomas Messer, director del Museo Guggenheim de Nueva York, en la investigación de su obra The Emergent Decade: Latin American Painters and Painting in the 60s. Allí, tanto Messer como Traba mostraban su interés por un arte propio de América Latina y no por la influencia del Pop.
En noviembre de 1964 Marta Traba escribió una crónica de la bienal de Córdoba que indica su estado de ánimo: admiraba a Rauschenberg pero detestaba el pop mimético de los argentinos . El arte pop, por algunas reseñas de la prensa a mediados de 1964, causaba ira y risa en el público receptor que pensaba que iba a ser víctima de una tomadura de pelo. A finales de 1964, era ya aceptado por el receptor, pero una crítica sagaz, como Marta Traba, se había desencantado y anunciaba el peligro de la dominación del gigante del norte. Como todos los grandes movimientos de arte, traía desde su iniciación el germen de su propia destrucción; sin embargo, en el presente, es considerado un escalón indispensable para aproximarse a las teorías del fin del arte y de la poshistoria.
Warhol, cien veces Warhol
Desde pequeño sufrió de una afección nerviosa que además de convertirlo en un hipocondriaco lo hizo pasar una infancia encerrada y llena de cuidados extremos por parte de su mamá. Esa época en la que pasó meses enteros oyendo radio y coleccionando las figuritas de sus estrellas de cine favoritas, sería determinante para el desarrollo de su próspera y no menos estrepitosa carrera artística.
Andy Warhol (Pittsburgh, Pennsylvania, 1928-1987) fue hasta principio de los años 60 un ilustrador comercial de éxito que alternaba dibujos a tinta con impresiones monoprint.
El 6 de noviembre de 1962 se inauguró la primera exposición individual de Warhol en Nueva York, que incluyó obras celebres como El díptico de Marilyn, 100 latas de sopa, 100 botellas de cola y 100 billetes de dólar. Warhol recurrió a varias expresiones artísticas: pintura, dibujo, fotografía, grabado, escultura y cine, arte en el que fue particularmente prolífico, considerando que entre 1963 y 1968 produjo más de sesenta películas.
Retrospectiva Mr. America en Bogotá
Desde el próximo 18 de junio y hasta el 23 de septiembre, 122 obras del artista norteamericano Andy Warhol y 14 de sus películas llegarán por primera vez al país cumpliendo el sueño de muchos de conocer de cerca sus estridentes imágenes de estrellas de cine e iconos publicitarios.
La exposición Andy Warhol. Mr. America, curada por Philip Larratt-Smith, trae por primera vez a Colombia (Museo del Banco de la República) desde la Fundación Andy Warhol de Pittsburg las obras emblemáticas del artista más transgresor del Movimiento Pop. Estarán, por ejemplo, Marilyn, Jackie Kennedy, la lata de sopa Cambell, varios de sus autoretratos, fotos, papeles de colgadura y muchas obras más. Con obras que abarcan un periodo de 1950 hasta la fecha de su muerte 1987, el público podrá llevarse una idea de quién fue este controvertido artista.