
Juan Esteban Constaín reconstruye el escenario en el que surgió la religión que cambió para siempre el rumbo de la humanidad. Grecia, Roma y el judaísmo del Segundo Templo se encuentran aquí como pocas veces en un ensayo contemporáneo.
Foto: Cortesía Penguin Random House
Se sabe de sobra que el evangelio de Juan empieza así: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios…». Es la traducción al español del original griego, aunque en las demás lenguas se suele formular de la misma manera, lo que quiere decir que la idea griega del logos, de profundas raíces filosóficas, y ese era un hecho clarísimo para quienes escribieron los evangelios, en él vivían, de él hacían parte, ese era su mundo y su contexto sin superposiciones ni esfuerzos de ningún tipo, esa idea griega...
Por Juan Esteban Constaín * / Especial para El Espectador
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