Publicidad

Sobre “Ficciones de barro”, de Rosario López (Opinión)

Una reseña de la exposición “Ficciones de barro”, de Rosario López. La muestra estará en la plataforma NC Arte hasta el 22 de agosto.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Andrés Gaitán
23 de junio de 2026 - 09:30 p. m.
Pieza "Lagarto en apareamiento" (2026) de la artista Rosario López. Técnica mixta.
Pieza "Lagarto en apareamiento" (2026) de la artista Rosario López. Técnica mixta.
Foto: Mateo Pérez
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Algunos coleccionistas e instituciones en el mundo entero cayeron en una farsa montada con pericia en Antioquia. A finales del siglo XIX, la familia Alzate notó el deseo de museos, antropólogos y amantes del arte prehispánico de poseer en sus colecciones unas piezas arqueológicas que guaqueros estaban extrayendo de tierras colombianas. Una oportunidad para hacerse a una buena fortuna.

No falsificaron, como se cuenta en algunos relatos, sino que crearon sus propias piezas a partir de artefactos precolombinos. Lo que hicieron fue crear un universo de piezas que tuviesen un sello ancestral para timar a los ávidos coleccionistas.

Este es el punto de partida de la artista Rosario López. Se trata de una serie de teléfonos rotos en los que la fotografía (bidimensional) es entendida tridimensionalmente para desarrollar unas copias en barro que luego se traducen en dibujo (bidimensional). De allí resulta una suerte de dibujos expandidos y escultóricos (tridimensionales).

Al entrar a la exposición nos “tropezamos” con una gran pared curva de fieltro que opera como obra y obstáculo visual a la vez. La pared o dibujo escultórico blando puede estar haciendo referencia a las grandes y extrañas paredes de La Lindosa, trabajadas anteriormente por la artista. Estas majestuosidades que se encuentran en la mitad del Guaviare no han sido ni terminadas de “descubrir” ni suficientemente estudiadas como para entender tiempos, culturas y relatos sobre este gran tesoro de la humanidad.

Mientras recorremos la entrada a la exposición, vemos dibujos “ancestrales” bordados como antesala a lo que se está escondiendo.

Dentro de este grupo de piezas que se hallan abrigadas por la pared blanda hay un caso para entender este nudo de capas que se van entrelazando en el juego creativo de López: el “Lagarto en Apareamiento”. Rosario López toma la fotografía de este ejemplar para enseñársela a un grupo de alfareras de la comunidad Cubay Jejenava del Vaupés. A partir de esta imagen, se “re-crea” en cerámica negra la misma figura en donde, por supuesto, hay variaciones de tamaño y de forma. Esta resulta ser una copia tridimensional basada en fotografías del “Lagarto en Apareamiento”. Pero hay incisiones en la figura que responden a esos dibujos que se dejan inscritos en las piezas de cerámica y que van mutando, poco a poco, en jeroglíficos supuestamente ancestrales. Estos dibujos ayudan a darle forma a este “Lagarto”, se traducen en moldes y pasan por láminas de fieltro que, a su vez, inician un proceso de esculturización. Es decir, se cosen entre sí las láminas de dibujos para generar piezas amorfas y extrañas que tienen sentido gracias a unos complementos de barro cocido (en este “Lagarto” se trata de unas garras).

Esta escultura, blanda y sólida a la vez, es apenas uno de los instantes que devinieron en el largo y complejo proceso de López, cuyo punto de partida, como ya se mencionó, fue una impostura. Aun así, a pesar de llamarla impostura, el “Lagarto en Apareamiento” es supremamente original. Y la copia en barro, hecha junto con la comunidad de mujeres del Vaupés a partir de fotografías, es como un retrato hablado igualmente original. Todo aquello que se va entrelazando en la exposición tiene mucho de verdad aunque provenga de una mentira.

La gran pregunta del arte sobre el origen de las cosas, la realidad o la verdad pura se empieza a desleír con esta exposición, entre la impostura, la farsa y la ficción. Tanta razón podría tener Vargas Llosa en su ensayo La verdad de las mentiras al señalarnos que la ficción es un refugio cuando la realidad es insostenible. Podríamos decir que en Rosario López la realidad y la ficción de todas las piezas en la muestra están puestas en abismo para coquetearse la una a la otra en diversas dimensiones: fotografía, escultura, dibujo, video, poesía.

En la medida en que la fotografía se vuelve insostenible, se apela a la escultura, hasta que toca trasladarse al dibujo, y así sucesivamente nos vamos adentrando en un coro de voces que atraviesan no solamente el espacio, sino el tiempo. De esta manera, resulta interesante ver cómo el arte de Rosario López abre un mundo donde lo real está delimitado por mil ficciones y la ficción por otras tantas realidades. Parafraseando a López, podríamos preguntarnos: si lo real, original y verdadero son construcciones, ¿dónde queda lo ficcional?

Por Andrés Gaitán

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.