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Crónica: el chamán yanomami lleva su cultura a Kioto

El vocero de la reconocida etnia brasileña y su viaje con una exposición de fotografías tomadas por Claudia Andujar, fotógrafa nacida en Suiza y residente en Brasil, que ahora también se pueden ver en Colombia.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
27 de mayo de 2024 - 04:00 p. m.
Thyago Nogueira, el curador del evento, con el chamán Davi Kopenawa en la inauguración de Kyotographie.
Thyago Nogueira, el curador del evento, con el chamán Davi Kopenawa en la inauguración de Kyotographie.
Foto: Gonzalo Robledo

Antes de viajar a Japón para acompañar la exposición de fotografías de la tribu Yanomami que participarían en el festival Kyotograhie de Kioto, el chamán Davi Kopenawa soñó varias veces con ese país oriental donde practican el sintoísmo, una religión que dice tener ocho millones de dioses. (Recomendamos las columnas de Gonzalo Robledo sobre cultura japonesa).

Los ocho millones no son literales, le dijeron cuando llegó a Kioto. Son una manera de significar que, como en la cosmogonía Yanomami, los espíritus están en todas partes y animan todas las cosas.

En su ruta hacia Japón, pasó por El Vaticano. El papa Francisco quería conocer en detalle la lucha contra la minería ilegal de los Yanomami, una comunidad que vive dispersa en la Amazonía entre Brasil y Venezuela, y cuyos primeros contactos con personas no indígenas, en la primera mitad del siglo pasado, provocaron epidemias de tosferina, sarampión y gripe.

“Tengo miedo de que esta minería arruine nuestras comunidades, nuestros ríos, nuestra salud, nuestra supervivencia y nuestra propia riqueza”, declaró Kopenawa a la Radio Vaticana después del encuentro con el pontífice a quien encontró “abierto y respetuoso” hacia su causa.

Cada vez que Kopenawa sale de su aldea en el río Catrimani, en el norte de Brasil, se enfrenta a los inconvenientes propios de quien se aleja de su entorno. A los alimentos extraños, códigos sociales desconocidos y la barreras del idioma, se suma la imposibilidad de soñar.

Explica que sin su hamaca, que ejerce de “antena” conectora con su cosmos, no le llegan los sueños, una fuente importante de conocimiento para los Yanomami. Japón, sin embargo, por estar situada en las antípodas, le ha deparado algunos sueños, aclara.

Volar, dormir en camas de hotel, usar teléfono celular y hablar en portugués, el idioma que tuvo que aprender “para comunicarse con el hombre blanco” (queriendo decir cualquier persona no indígena), son gajes de su oficio de activista internacional.

Lo ejerce cada vez que viaja con la colección de fotografías de los Yanomami tomadas por Claudia Andujar, fotógrafa nacida en Suiza en 1931 y residente en Brasil desde 1956. Andujar, que tras haber perdido parte de su familia en el holocausto nazi vivió una temporada en Nueva York, había colaborado con revistas como la legendaria Life cuando empezó a acercarse a los Yanomami en 1974.

La fotógrafa comprendió la incapacidad de los Yanomami de defender frente a la voracidad extractiva de la minería, un vasto territorio rico en oro y otros metales. Decidió que la mejor manera de apoyarlos era unirse a su lucha, pero siempre desde el arte.

Después de una fase inicial en la que tomó imágenes en blanco y negro, Andújar empezó a experimentar con técnicas, texturas y colores inéditos para la fotografía documental de aquel entonces.

En un anticipo de la magia instantánea de los filtros digitales, Andujar recurrió a la película infrarroja, a la vaselina untada en los lentes y a las sacudidas deliberadas de su cámara para lograr colores y efectos inusuales.

Además de trascender el reportaje etnográfico con pretensiones realistas, muchas de las fotografías de Andújar tienen la elocuente claridad de un ícono. Su poder innegable para transmitir el mensaje de la lucha de los Yanomami se confirma con las numerosas exposiciones realizadas con gran éxito de público y crítica en todo el mundo.

“Para el hombre blanco es necesario tener una “piel de papel”, algo que se pueda ver. Por eso la exposición es muy importante”, añade Kopenawa y mira a Thyago Nogueira el curador de la muestra que en nuestro encuentro, en un hotel de Kioto, hace las veces de intérprete del portugués al español.

Nogueira, director del departamento de Fotografía Contemporánea del Instituto Moreira Sallescentro, cuenta que empezó a organizar las fotografías de Claudia Andujar en 2015.

En ese momento, “no teníamos gobierno de extrema derecha, no se discutía el cambio climático, ni los derechos de los indígenas”, afirma el curador.

Agrega que además de poner en valor el atractivo estético de las fotos, su intención era recuperar la lucha política de Andujar iniciada en el siglo pasado, y darla a conocer a las nuevas generaciones.

Cuando la exposición estaba lista, en 2018, “ …quiso el destino que Brasil eligiera un presidente de extrema derecha que empezó a atacar a los indígenas de la misma manera que la dictadura (1964-1985)”, continúa Nogueira.

Explica que la exposición, que incluye dibujos realizados por artistas Yanomami, se convirtió en una plataforma para mostrar lo que pasaba en un territorio cuya estabilidad está ligada directamente a la cotización de metales como el oro en los mercados internacionales. “Cada vez que el oro sube en Londres, Nueva York o Zurich, lo que sigue es una invasión brutal de mineros ilegales”, advierte.

En el festival internacional Kyotographie, que en su doceava edición reunió exposiciones sobre el concepto de Source (Origen), la presencia de Davi Kopenawa tuvo un gran eco en el ámbito académico, en los medios de comunicación y en los círculos religiosos.

Además de una conferencia sobre la relación de los Yanomami con su tierra en la facultad de Agricultura de la Universidad de Kioto, la televisión nacional NHK emitió su visita al templo budista de Honen-in donde se entrevistó con el superior, el monje Masaki Kajita.

Como el sintoísmo, el budismo, es un credo que promueve un profundo respeto por la naturaleza. Sentados frente al bosque que rodea el templo, Kajita le explicó a Konenawa el concepto de la reencarnación y le planteó la creencia budista de que en su anterior existencia podría haber vivido como una rana o una abeja.

Cuando el monje preguntó sobre la su relación de los Yanomami con la naturaleza, Kopenawa le explicó que en el idioma de su tribu no existe una palabra para “naturaleza” y que en cambio recurren a la combinación de cuatro sustantivos: selva, tierra, piedra y agua.

Al final del intercambio, el monje se declaró impresionado con las afinidades de sus creencias y manifestó intención de cuidar el mundo “de una manera pacífica y promoviendo la conexión entre las personas”.

Kopenawa, por su parte, agradeció la oportunidad de dialogar y demostrar el respeto mutuo entre dos personas de culturas y credos distintos. “Siento que hemos intercambiado conocimientos y hemos aprendido juntos”, concluyó.

La exposición seguirá su recorrido mundial en Bogotá y a partir del 25 de mayo está en el Museo de Arte Miguel Urrutia (MAMU), Cl. 11 #4-21, La Candelaria, Sala de exposiciones temporales Piso 3, centro de Bogotá: https://www.banrepcultural.org/bogota/actividad/claudia-andujar-y-la-lucha-yanomami-0

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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