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Carlos Cruz Diez es uno de los artistas más importantes del arte latinoamericano. Su obra desde este miércoles en Bogotá.
Visitar a Carlos Cruz-Diez en su taller en París no es difícil. Desde hace 50 años, el maestro vive y trabaja con su familia en el mismo lugar: 23 rue Pierre Sémard. Anualmente miles de artistas latinoamericanos y admiradores del mundo entero son recibidos en este lugar por el artista, quien celebra cada vez que alguien llama a su puerta para conocerlo. Muchos jóvenes venezolanos aseguran que el Atelier Cruz-Diez es la “Embajada de Venezuela en París”, porque las puertas de su casa siempre están abiertas para compartir con él una buena conversación y una visita guiada por las instalaciones del lugar.
El maestro vive y respira París todos los días. En las calles que rodean su casa-taller todos lo conocen y conversan con él, con una carcajada responde a sus saludos. El café de la esquina, Le Saint George, es su segundo hogar, lugar de encuentro con amigos, familiares y periodistas. A veces pienso que la calle debería llamarse “rue Cruz-Diez” en su honor.
Cuando el maestro llegó, comprendió que se quedaría largo tiempo. Hoy cuenta con tres locales diferentes en esta misma calle, en donde trabajan más de 15 personas en diferentes departamentos: Centro de Documentación, Restauración, Archivo de Fotografía y Dirección, sin contar los talleres en Caracas y Panamá.
Trabajar en el taller del maestro Cruz-Diez significa pertenecer a una gran familia; uno de sus grandes logros ha sido incluir a sus tres hijos y a sus nietos en su recorrido artístico. Hoy, cada uno, con diversas responsabilidades, lo acompaña y apoya. A diario, el maestro recorre el taller y corrobora que todos hagan bien su trabajo. Conocedor del más mínimo detalle de los catálogos, libros, diseños y fotografías que lo rodean, Cruz-Diez es exigente y directo, la memoria no le falla. Recuerda con orgullo sus primeras exposiciones colectivas, como la Nouvelle Tendance en Zagreb, las letras de las canciones que tocaba en guitarra con su entrañable compañero venezolano, el reconocido maestro Jesús Soto, y los mejores platos de los lujosos restaurantes de los años 70 cerca de Montparnasse.
Trabajar junto a este artista es trabajar con un gran maestro del arte moderno, es aprender que para crear un discurso coherente e innovador es necesario mantener orden y disciplina. Y eso es lo que él mismo intenta inculcar en las nuevas generaciones de artistas. Según él, lo más importante es saber realmente lo que uno quiere decir. Y eso no es fácil, pero no es imposible: él es el vivo ejemplo de que se puede.
Construcción de un discurso
En 1960, Carlos Cruz-Diez deja Venezuela porque siente que sus propuestas no son valoradas y que allí no existe un espacio real para ser artista. Su sorpresa es grande cuando observa que sus ideas coinciden con lo que está sucediendo en Europa y muy pronto decide instalarse en París y dedicarse a investigar y darle forma a su discurso. Poco a poco sus propuestas son escuchadas por sus contemporáneos y de la mano de artistas extranjeros, Víctor Vasarely y Jean Tinguely, y compatriotas como Jesús Soto, entre otros, se va convirtiendo en lo que es hoy, uno de los representantes más reconocidos del arte cinético, movimiento que se desarrolló con mucha fuerza entre los años 1955 y 1975 en París.
Su gran aporte al mundo de arte es haberle dado al color la importancia que merece. Sin necesidad de un soporte, el color es, para Cruz-Diez, autónomo e independiente. Con su obra, éste deja de ser accesorio a la forma para convertirse en personaje principal de la experiencia artística. “Practico la disciplina del investigador y del experimentador, porque los “soportes” que he logrado estructurar son fuente de sorpresas y de imponderables... En mis obras nada está hecho al azar, todo está previsto, programado y codificado. La libertad y lo afectivo sólo cuentan a la hora de elegir y combinar los colores, tarea a la que le impongo una única restricción: ser eficaz en lo que quiero decir. Es una integración de lo racional y lo afectivo. Yo no me inspiro: reflexiono”.
Hace pocos días el maestro y su familia asistieron a uno de los eventos más importantes en la vida de cualquier artista, la gran retrospectiva sobre su vida y obra organizada por The Museum of Fine Arts Houston, Estados Unidos. Con la exhibición de más de 150 obras creadas desde los años cuarenta hasta hoy, Cruz-Diez se consagra como uno de los artistas latinoamericanos más reconocidos en la actualidad.
Su siguiente parada es la galería La Cometa en Bogotá. Con un gran entusiasmo y admiración, la capital recibe al maestro venezolano Carlos Cruz-Diez, quien además de ser un gran investigador y transformador, es uno de los grandes impulsadores de la cultura y de las artes. Su testimonio de vida y de obra es ejemplar. ¡Bienvenido, maestro!