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Cualquier cosa, menos quietos

La terquedad de revindicar la dignidad del Parque del Periodista —uno de los más estigmatizados de Medellín— dio vida a un medio en el que hierven la literatura, las imágenes de la ciudad y las historias que incomodan.

ANGÉLICA MARÍA CUEVAS G. / acuevas@elespectador.com

08 de enero de 2012 - 04:01 p. m.
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Hastiados de la “cultura metro”, profanaron los vagones del último tren, convencieron a los tripulantes de aliarse a la causa con su silencio y treparon a Loli en los tubos para que se balanceara a su antojo durante los segundos que separan a una estación de otra. Juan Fernando obturó —clic, clic, clic—, la toma se hizo portada y el gerente del metro su enemigo.

“Fue un rechazo a la farsa de una ‘cultura metro’ que se niega a transportarte si trabajas en un bar y entras a la estación oliendo a trago. No creemos en esa ‘cultura’ tan poco genuina, impuesta por la mirada acechante de un policía bachiller”, dice Ospina, el de la cámara, el que parió junto a sus amigos a Universo Centro hace tres años, en las aceras del bar El Guanábano, en el Parque del Periodista.

El medio nació desnudo. Como todos. En noviembre de 2008, el fotógrafo convocó: “A quien quiera empelotarse para el primer número del periódico, nos vemos el domingo en la tarde, acá en el Periodista”. Diez mujeres y ocho hombres llegaron al parque. El lugar de encuentro fue elegido adrede; es más, la esquina del centro entre Maracaibo y Girardot, satanizada por la devota Medellín como una olla oscura de drogadictos y vagos, lo era todo. “Ese primer desnudo habla de sus habitantes y de su diversidad de pensamiento, habla del verdadero patrimonio del parque, un antro con altura y dignidad”, dice Ospina desde la barra del bar.

La defensa de la esquina, que también reúne a generaciones dinámicas y creativas, motivó a la cofradía encabezada por el fotógrafo, Sergio Valencia, La Mona y Johncito, estos últimos, dueños de bares cercanos, a batallar contra los estigmas.

El primer número vino armado con fotografías, artículos e ilustraciones que le gritaron a la ciudad que el parque tenía dolientes. Los 1.500 ejemplares se repartieron en el centro, y el rumor de que en El Guanábano (el mismo Periodista) se estaban levantando voces sobre la Medellín ignorada por los medios masivos superó con agilidad las fronteras del centro y se coló en las conversaciones de universitarios, vendedores ambulantes, amas de casa y profesores de toda la ciudad.

Pero la cabeza del metro no fue la única aludida. Los “chachos” que manejan la plaza del parque se incomodaron por un artículo y mandaron a decir “que no se pongan con maricaditas, que en Colombia los únicos buenos periodistas están muertos”. El periódico se apagó seis meses, los jíbaros se calmaron y el Universo Centro volvió a hacer explosión. La sed de una urbe ávida de lecturas distintas obligó a ampliar el tiraje, que hoy suma 15 mil periódicos mensuales gratuitos.

“No podíamos quedarnos en la pelea por el parque. Medellín estaba urgido de una publicación cultural”, dice el periodista Pascual Gaviria, quien también escribe en el Universo.

La tapa, ingenio del fotógrafo, le abre las puertas al lector hacia la memoria y el trajín de la Medellín actual. Una guía esotérica, la primera publicación de la carta —con firma y huella— que Pablo Escobar, el capo, le envió al periodista Jairo Calle desde La Catedral, y el paso de Tiro Fijo por la Constituyente, pueden leerse junto a una descripción de la idiosincrasia local desde la palabra “verraco” y el Estilario en el que se describen las estéticas de los transeúntes del centro. Así se compone el coctel del divertimiento.

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Tres años recién cumplidos, un premio Simón Bolívar. Para el último ejemplar de 2011, una foto publicada por una revista española de entretenimiento despertó su provocación. La imagen registra a cuatro mujeres de la familia Zarzur, considerada una de las más poderosas de Cali, atendidas por dos mujeres negras. Entonces su irreverencia otra vez encontró motivos.

La cita fue en una piscina cualquiera: esta vez eran cuatro negras las que ocupaban el sofá y las blancas sostenían las bandejas . Mientras se sumerge en una carcajada, Ospina concluye: “Si nos incomodan, incomodamos”. Es coherente con el principio que dio forma a este universo de papel: “Cualquier cosa, menos quietos”.

Por ANGÉLICA MARÍA CUEVAS G. / acuevas@elespectador.com

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