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Eso le ocurrió a Platón con sus tijeretazos sobre las obras de Homero, ya que varios siglos después de censurar La Ilíada y La Odisea, porque no cabían en su modelo educativo, un hombre culto, pero loco, decidió acoger su propuesta para sacar al gran poeta griego de las bibliotecas de Roma.
Cuenta Suetonio, el biógrafo de los emperadores romanos, que Calígula anunció la destrucción de los poemas con una pregunta: “¿Por qué no había de poder hacer yo lo que hizo Platón; que lo desterró de su República?”.
Calígula, príncipe y monstruo, como lo presenta Suetonio en Vidas de los doce césares, era tan conocedor de las lenguas griegas y latinas, que citaba constantemente a Homero y hasta organizaba concursos de poesía en los que los perdedores debían aprender las alabanzas de los ganadores y borrar con la lengua sus malos versos so pena de sufrir todo tipo de azotes.
Los poemas de Homero no pasaron por el fuego, pero sí salieron de las bibliotecas a los sótanos, como ocurrió con las obras de Virgilio y Tito Livio, porque al emperador se le ocurrió que el primero era “falto de ingenio y saber”, y el segundo “era locuaz e inexacto”.
Las ideas griegas de libertad que paseaban por las páginas de La Odisea, en ese viaje de Ulises de retorno a casa luego de la Guerra de Troya, parecen ser el motivo central de la molestia de Calígula con la obra.
El arte era él y un error se pagaba con la vida. “El autor de una poesía fue quemado por orden suya en el anfiteatro por un verso equívoco”, relata Suetonio.
Todo era posible en ese reinado demencial. En su listado de locuras, decapitó la estatua de Júpiter para poner en ese lugar su cabeza, porque además de hombre también se sentía Dios, sus fieras se alimentaban con prisioneros vivos, su lascivia la calmaba con sus hermanas y castigaba con el exilio o la muerte a quienes olvidaran su fiesta de cumpleaños.
En su infinita soberbia y su enfermiza envidia, el emperador era dueño y señor de todo, ejercía el poder sobre la vida y sobre la muerte, y sobre lo que se debía y no se debía leer.