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Daniel Samper Pizano: “El amor muchas veces destruye la obra”

El periodista y escritor publicó recientemente “Insólitas parejas: doce historias auténticas de enamorados famosos” (Aguilar). Un libro que demuestra la influencia de los amores en grandes pensadores en las artes y las ciencias.

Andrés Osorio Guillott

04 de noviembre de 2019 - 03:37 p. m.
Daniel Samper Pizano, periodista y escritor de libros como “Impávido coloso”, “Lecciones de histeria de Colombia” o “Si Eva hubiera sido Adán”. / Carlos Torres
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Hablar del amor tiene sus retos, sus prejuicios, sus complicaciones, sus condenas. Partir del amor para narrar la historia es una apuesta en la que se apunta a demostrar que en la consecución de una gran obra también influyó, para bien o para mal, el amor o los amores de los personajes que dedicaron sus ideas, sus esfuerzos y en general su vida para cambiar las condiciones en las que llegaron a habitar la tierra.

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Daniel Samper Pizano, que hace un par de años publicó Camas y famas: las más raras y genuinas historias de amor, publica ahora Insólitas parejas: doce historias auténticas de enamorados famosos. Así, las anécdotas de Lucrecia Borgia y Pietro Bembo; Francisco José de Caldas y Manuela Barahona; Karl Marx y Jenny de Westfalia; Tchaikovsky, Desirée, Nina y la viuda; Marie Sklodowska-Curie, Pierre Curie y Paul Langevin; Rubén Darío y Paca Sánchez, Winston Churchill y Clementine Hozier; Charles Lindbgergh y Anne Morrow; Albert Camus y María Casares; Yao-niang y Li yu; Cixi y Xianfeng y Jiang Qing y Mao Zedong son contadas en este libro en los que el humor siguen siendo el arma del autor contra la corrección política y el medio para acercar a los lectores prejuiciosos a los conceptos que estos personajes construyeron en la literatura, la ciencia, la política y la filosofía.

“Estamos en una época en la que vamos de regreso de una apertura de costumbres a una cerrazón monstruosa que es lo que está imponiendo la corrección política. No es una evolución en un solo sentido. Antes era muy conservadora y ahora muy liberal, no. Es algo que da botes. Y da botes según los sitios. Por ejemplo, en la época de Tchaikovsky (siglo XIX), había un submundo gay de una enorme vitalidad. Estaba mal visto que ciertas personas fueran homosexuales. Tchaikovsky era homosexual, pero nunca salió del closet. Sin embargo, dentro del closet pasaba de todo. Y él habla en sus memorias de las fiestas que hacían con otros gays y sabían quién era homosexual. En ese mismo sitio, un poco conservador, con una sociedad no muy abierta, pasaban cosas extraordinarias más allá de ciertos muros. Hay que ver la época y el sitio”, afirmaba Samper.

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Hablar de amor incluye, en varias ocasiones, hablar de conceptos de libertad, de nociones morales en las que se habla de respeto, solidaridad o lealtad. Según el momento, la edad y el lugar, los ingredientes o elementos “esenciales” del amor van variando. A Samper le pregunté justamente si es correcto hablar de moral cuando se habla de amor, pues, como suele escucharse y hablarse en bares, parques, oficinas y comedores, los protagonistas de relaciones duraderas o de amoríos de una noche, terminan siendo objetos de análisis metafísicos sobre la libertad, el orden y la pasión: “La moral ha sido, sobretodo, un discurso religioso. La ley no se ocupa de pecados. La religión se ocupa de pecados y la moral muchas veces tiene que ver con esto. Por ejemplo, la religión católica dice que es pecado seguir hablando de masturbación. Hay otras religiones que no dicen lo mismo. Y los códigos no condenan al masturbador. Es más, mientras la ciencia lo recomienda a cierta edad, la religión los castiga. De manera que son terrenos distintos. Hay otro concepto menos metafísico que es la ética, la conducta ante la sociedad. La responsabilidad del sujeto ante los otros es mucho más importante. Por falta de ética estamos llenos de corrupción, de bandidos. Muchos de los que explotan a los trabajadores son muy morales, pero dónde está la ética. Defiendo la ética, no la moral”.

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El amor en las grandes obras es un terreno baldío, inestable. Puede ser una musa que potencia el pensamiento y la acción, ya sea por la prosperidad y las convicciones de los amantes, o bien sea también por una obra literaria que, por los desencuentros y traiciones, terminó por reflejar con éxito y también con un aire de venganza, los instantes del desasosiego y el rencor causados por el desamor.

El amor muchas veces destruye la obra. Hay muchos ejemplos de escritores, escultores, poetas que se arruinaron por amores mal llevados. Una pasión puede llevar a buen puerto o mal puerto. Rubén Darío fue un poeta extraordinario, en su época cambió la literatura en lengua española. Fue la primera vez que un movimiento surgido de América llegaba a España e imponía su ritmo, sus sonidos y sus palabras. Al mismo tiempo Rubén Darío fue un desastre como artista en el sentido que vivía borracho, que pedía dinero prestado. Su vida fue bastante ruinosa en ese sentido. El amor tuvo mucho que ver en ese sentido. Se enamoraba fácilmente. Se enamoró de una campesina que fue un factor de inestabilidad para él. Las juergas de este tipo cuando le iba mal en el amor le impedían escribir. De modo que si Rubén Darío hubiera tenido un amor más ordenado, por llamarlo así, habría sido mucho más fructífero como poeta. Ahora, ¿cuánto de su genio se debía justamente a los tormentos y obsesiones? Eso está por verse, pues eso también cuenta para la creación”, concluía Samper una mañana en su apartamento, luego de una conversación sin tapujos, sin el filtro que en la actualidad muchos hemos decidido implantar para no violar el imperativo social de lo políticamente correcto.

Al final, el amor no admite debates sobre la moral, tampoco admite encasillamientos o mandamientos. El amor es una fuerza que se da según la persona, y que por esa misma razón, tan fácil de escribirla y tan compleja de descifrar, se convierte en una fuerza de un día, de un mes, de un año, de toda una vida. Un amor de años, de un hombre a una mujer, de una mujer a otra mujer, de una persona de 40 años a una de 25 años, no pretende dar más o menos méritos, no merece admiración o mayor respeto que otra. Ese amor eros del que se habla en el libro y que justamente narra amoríos pasajeros, amores de toda una vida, desamores y desencuentros, refleja la diversidad de nuestra naturaleza, los límites de esta y las tendencias de la sociedad según sus tiempos, sus reglas y sus capacidades de seguir o romper con lo ella misma impone.

Por Andrés Osorio Guillott

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