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Daniela Villamizar, la mujer que quiso devolverle la feminidad a la cerveza

Cansada de que las cervecerías se vieran solo como espacios para hombres creó Diosa. Eso la ha llevado a adentrarse en la historia de esta bebida, a aprender a hacerla y a cultivar un espacio muy distinto a otros de su tipo.

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Santiago Gómez Cubillos
06 de enero de 2026 - 02:00 p. m.
Diosa cervecería ya cuenta con tres sedes en Bogotá: en Teusaquillo, en La Candelaria y otra en Quinta Camacho.
Diosa cervecería ya cuenta con tres sedes en Bogotá: en Teusaquillo, en La Candelaria y otra en Quinta Camacho.
Foto: Juan Diego Muñetón
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¿Cómo empezó su interés por la cerveza?

Mi interés se dio cuando empecé a verla como un espacio de unión. En mi familia, que es de Santander, se bebe bastante cerveza, entonces la asocio con estar debajo de un árbol conversando con ellos. O también cuando estaba en la universidad me empecé a dar cuenta de que alrededor de unas cervezas uno hacía amigos, gestaba proyectos y creaba arte. Además, siempre me llamó mucho la atención, por un interés personal, saber de dónde vienen las cosas, que, a pesar de que la consumimos todo el tiempo, casi nadie sabe cómo se hace. Esa curiosidad también me impulsó mucho.

¿Cómo aprendió a hacer cerveza?

Primero fue viendo videos en YouTube, más o menos en 2013. Luego hice un curso muy básico y empecé a hacerla en la casa con mi papá. Al comienzo siempre me pareció algo muy mágico, muy alquímico. Y, sorprendentemente, nuestra primera cerveza salió bien, cosa que casi no le pasa a nadie, así que eso fue un gran espaldarazo. Al final de cuentas, a la gente a veces se le olvida que la cerveza también es un alimento. Es como hacer una sopa y fermentarla. A mí siempre me ha interesado mucho cómo nos alimentamos y cómo los alimentos y las recetas populares están cada vez más lejos de la tradición oral, entonces lo artesanal y la cerveza fueron una excusa para acercarme a ese conocimiento.

¿Cómo se hace una cerveza?

Básicamente, se hace con cuatro ingredientes: malta (o cualquier grano malteado), agua, levadura y lúpulo. Es cierto que se pueden hacer cervezas con más cosas, pero hay una ley alemana que habla de la “pureza” de la cerveza, y esta establece estos cuatro ingredientes. Ahora, creo que como latinoamericanos podemos añadir más elementos como frutas, por ejemplo. Pero en términos prácticos uno hace una especie de sopa en la que procesa la malta y extrae los azúcares para que se vuelvan simples. Después esa mezcla pasa a fermentarse con una levadura especial para cerveza, capaz de resistir el alcohol, y al final se añade lo que para mí es el ingrediente más hermoso: el lúpulo. Este aporta el amargor, tiene un carácter antibacteriano que la protege para que no se dañe y también da todos esos aromas y sensaciones que reconocemos como propios de esta bebida. Después de eso, paciencia.

¿Por qué cree que se ganó esa etiqueta de “bebida de hombres”?

Detrás de eso hay un papel muy grande de la Iglesia. Para ellos era un problema, porque las mujeres que hacían cerveza no se casaban, tenían dinero e incluso atraían a otras mujeres para trabajar con ellas. Entonces apareció la idea de que eso no estaba bien bajo los valores morales que se promovían. A partir de ahí la cerveza dejó de hacerse en panaderías por mujeres y empezó a producirse en abadías. Por eso también tenemos esa imagen de la cerveza asociada a monjes. Y a eso se le sumó, por otro lado, la historia de que esta bebida estaba relacionada con los vikingos. Los romanos decían que el vino era para los intelectuales, es decir, para ellos mismos, mientras que la cerveza era para los bárbaros. Así nació esta idea que después se replicó en la creación de espacios pensados para que los hombres fueran a beber y en donde todo giraba en torno a la experiencia masculina.

¿Cómo fue el proceso de cambiar esa narrativa con Diosa?

Lo primero es que para mí era importante reivindicar a una mujer que cumplió un papel histórico fundamental en la cerveza: Santa Hildegarda de Bingen, una monja botánica que descubrió el papel del lúpulo. Por eso tenemos un mural gigante de ella en Diosa. Además de eso, para nosotras, cambiar ese rol implicó, primero, abrir un espacio donde, gracias a la librería Matorral, pudieran entrar niños. Si entran niños, entran madres y, por lo tanto, entran mujeres. También pensamos el lugar como un espacio accesible para personas con discapacidad. Otra decisión clave fue que el espacio estuviera abierto en el día: somos una cervecería que abre a las 10 de la mañana. Además, a través de nuestras redes sociales tratamos todo el tiempo de contar estas historias de mujeres que han estado detrás de la cerveza, incluidas aquellas que fueron catalogadas como brujas por ello. En general, creo que fueron este tipo de gestos y de actos pequeños los que nos ayudaron a transformar la experiencia de un bar tradicional y romper con la idea de que es un espacio solo para hombres.

¿Cuál es su cerveza favorita de Diosa?

De Diosa, mi favorita, es Ritual. Se llama así porque representa un momento hiperespecial, y es una cerveza tipo IPA (India Pale Ale) con un buen carácter de lúpulo. Tal vez no es la primera cerveza que le daría a alguien que nunca ha probado cerveza artesanal, pero aun así diría que es muy equilibrada y aromática.

¿Qué hace que una cerveza sea buena o no?

Que sea tomable. Dentro del mundo de la cerveza artesanal hay experimentaciones muy interesantes, pero muchas veces uno dice: “Me tomo media cerveza de estas y ya quedo”. Ya sea porque tiene demasiado amargor o porque es muy ácida, o porque tiene mucho alcohol, o por otras razones. Para mí, una buena cerveza es aquella que se deja tomar y, sobre todo, que te deja con ganas de otra. Y bueno, también afecta mucho con quien se comparta. Salir a tomarse una pola solo es chévere a veces, pero compartirla con alguien, tener una buena conversación, eso es lo que realmente hace que una cerveza sea buena.

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Santiago Gómez Cubillos

Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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