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“De caminos y vientos”: una antología escrita con los pies

John William Hurtado Marín fue el ganador del premio Colección de escritores pereiranos en 2023 y, un año más tarde, se publicó el libro por el que recibió el reconocimiento. Estas crónicas abordan temas muy distintos entre sí, pero se unen por el impulso de “profundizar en historias de personajes y situaciones anónimas”.

Santiago Gómez Cubillos

18 de marzo de 2025 - 08:00 p. m.
John William Hurtado es docente de la licenciatura en tecnología de la Universidad Tecnológica de Pereira.
Foto: Jhonatan Quintero Villada (Izq.) / Secretaría de Cultura de Pereira (der.)
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Hay libros que se escriben con las manos y otros que se escriben con los pies. “De caminos y vientos”, de John William Hurtado Marín, pertenece a esta segunda categoría: su existencia no sería posible sin antes haber gastado los zapatos. Ganador en 2023 del premio Colección de escritores pereiranos, esta antología reúne 11 crónicas escritas entre 2012 y 2023, que antes de ser parte de una sola colección aparecieron publicadas en medios como “El Diario”, “La Tarde”, “La Cola de Rata”, “Vecinos” y “Colombiacheck”. En cada una de estas piezas el lector acompaña al cronista en los recorridos y las conversaciones con personajes que se ha ido encontrando a lo largo de los años y que normalmente pasan inadvertidos.

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“Empecé a escribir crónicas por un afán de contar ciertas vivencias. Algunas propias del oficio, otras de la bohemia y otras por caprichos del destino”, explica el autor pereirano en el prólogo de este libro, publicado por la Secretaría de Cultura de Pereira en 2024 y que ahora es parte de la Biblioteca Pública Ramón Correa Mejía. Aunque breve, esta frase sintetiza la naturaleza de las historias que lo componen. Hurtado, movido por la curiosidad y guiado por la agudeza de sus sentidos, construye una colección de textos en los que, como si se tratase de un gran collage, el lector se encuentra con fragmentos de la vida cotidiana, ya no vistos desde el tedio de lo habitual, sino desde la fascinación de quien se encuentra con el mundo por primera vez.

Algunas de las crónicas de “De caminos y vientos”

“Mientras Pereira duerme, El Lago se despierta” es un ejemplo de esto. La crónica con la que abre este libro es el recuento de una típica noche de copas en la capital de Risaralda. Hurtado y sus amigos, J y F, recorren las calles de la ciudad esperando la llegada del amanecer para poder volver a sus casas. Mientras tanto, se topan con borrachos que protagonizan patéticas riñas callejeras, habitantes de calle con ganas de un trago que les amenice la noche y ladrones en busca de su siguiente víctima. La mirada del cronista hace que esta ya no sea una noche cualquiera, sino una demostración de que las historias están siempre rondando, listas para revelarse ante quien esté dispuesto a escucharlas.

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Sucede algo similar con “La Sexta huele a deseo”, un viaje por la metamorfosis de una de las calles emblemáticas de Pereira, que muestra una cara de día y otra de noche. Pero esta capacidad de ver lo extraordinario en lo cotidiano no está únicamente en los lugares, sino también en los protagonistas de este libro.

Por ejemplo, Hurtado incluye en su libro la historia de Carlos Barón, un hombre de 82 años cuya vida gira alrededor del fútbol. Durante más de seis décadas había fabricado y vendido guayos dentro y fuera de Pereira y, a pesar de su edad, no había un fin de semana en el que no fuera a jugar en las canchas del barrio Cuba, en el occidente de la ciudad. “Es domingo, el abuelo se pone los guayos” se puede leer como un relato de perseverancia de Barón, pero Hurtado lo presenta también como el resultado de la fuerza con la que una pasión puede guiar la vida de un hombre.

También está el caso de Plinio Zambrano, un expugilista a quien la vida aleja de las peleas en el ring para llevarlo a las de la selva. Durante 40 años fue parte del frente 35 de las FARC, donde lo llamaban “Curruco”. Cuando Hurtado lo conoce, Zambrano está en los procesos de reincorporación a la vida civil que se adelantan en La Guajira, gracias al Acuerdo de Paz de 2016. En ese entonces estaba terminando la primaria. “Acepta que no era un ‘santo’, pero también asevera que guerra era guerra y no podía dejar que lo mataran”, se lee en “Curruco, el exguerrillero que no fue boxeador”.

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La mirada del cronista

Uno de los epígrafes del libro habla de la actitud con la que Hurtado se aproxima a la escritura de vidas como la de Zambrano: “Amar a las personas como se quiere a un gato: con su carácter y su independencia, sin intentar domarlo, sin intentar cambiarlo, dejando que se acerque cuando quiera, siendo feliz con su felicidad”. Esta frase del poeta español Javier Salvago —constantemente mal atribuida a Julio Cortázar— explica la manera en la que el cronista se acerca a las historias que encuentra: sin tratar de moldearlas para que encajen en su visión de la realidad, aceptándolas con sus valles y, sobre todo, entendiendo que no se trata de ser juez, sino de ser periodista.

“Gota a gota, colombianos en México, ¿héroes o villanos?”, el texto que cierra esta antología, también es una muestra de ello. Hurtado se sube a la moto de un prestamista y lo acompaña en su recorrido por la Ciudad de México para cobrar y repartir dinero a sus clientes. No desconoce que “el hecho de prestar dinero al 20 % supera con creces los índices de usura de cualquier país”, como escribe en esta crónica, pero “acepta” que quienes se dedican a este tipo de negocios pueden ser “salvadores” de personas a quienes el sistema financiero les ha cerrado la puerta. En medio del maniqueísmo hollywoodense, es fácil olvidar que el mundo está lleno de estos matices que Hurtado pone en un primer plano en su escritura.

En “De caminos y vientos” igual están los testimonios de algunas mujeres indígenas misaks que se resisten a dejar morir el saber tradicional de las parteras; la historia de un grupo de salsa que lleva la fiesta a los barrios de Pereira en medio del confinamiento por el covid-19, y muchas voces más. Se trata de un libro en el que Hurtado expone una de sus más firmes creencias: el cronista es, sobre todo, un caminante. “Caminar requiere encontrarse con vientos, a veces leves, a veces fuertes, y el libro sale de esos caminos y vientos que encuentro en Colombia y México”, explica el autor en conversación para El Espectador. Con cada uno de sus textos, Hurtado arma un mosaico de historias donde no hay una verdad absoluta, sino fragmentos de realidad que invitan a los lectores a mirar con más atención.

Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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