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De lo contundente a lo sutil

Al pianista ruso, que también es piloto privado, no le interesa seguir las intenciones de los compositores al pie de la letra. Él quiere llegar a la modernidad con su instrumento histórico.

Mariángela Urbina Castilla*

07 de enero de 2015 - 11:35 p. m.
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Es, probablemente, el momento más importante de su carrera. Alexander Melnikov interpretará por primera vez a Chopin en concierto. Por eso ensaya durante tres horas antes de su presentación. Alguien a su lado le hace un par de sugerencias. Decide afinar su piano con un cuchillo afilado para que todo salga perfecto.

Está asustado, realmente asustado en ese agosto de 2012. Siente que es un gran honor pararse frente a la audiencia del VIII Festival de Chopin y su Europa. En un desliz, tal vez por los nervios, tal vez por la mala suerte, se corta un dedo. Respira y piensa con claridad. “Ya no se puede cancelar el concierto. Si esto tenía que pasar, tenía que pasar y todo será más difícil”. Lo es. Tocar a Chopin con un dedo herido genera sensaciones indescriptibles. Él lo logra porque, según dice con profunda tranquilidad y pausa, “así evitamos un escándalo peor”. Esa noche sus manos le dieron vida a piezas que él considera, simplemente, “belleza estética y espiritual”.

Así como superó aquel suceso, Melnikov ha escalado todos los peldaños que deben escalarse para gozar de una carrera exitosa. Nació en Moscú en 1973 y a los seis años ya estaba montado en un piano. Ingresó a la Escuela Central de Música de su ciudad natal y empezó a desarrollar todas sus aptitudes, que eran demasiado llamativas para un niño de su edad. A los 12 años tocó el primer concierto de Rachmaninov, uno de los compositores más influyentes del siglo XX en el mundo. Aunque era un niño prodigio, nunca se sintió cómodo con el título. Pero era un niño prodigio.

Siguió estudiando sin parar. Primero en el Conservatorio Tchaikovski, hasta que se graduó en 1997. Luego, en su posgrado, conoció a su gran maestro, Sviatoslav Richter. De él aprendió a construir imágenes, a viajar de lo contundente a lo sutil, a transmitir. Y, sobre todo, a tomar riesgos.

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Nunca ha dejado de leer, de formarse. “En nuestra época no hay una excusa para no estar informado”, dijo en una entrevista. Su piano es un instrumento histórico, pero, según afirma, no se trata sólo de tocarlo, sino de “informar a la gente de sus bondades”. Y agrega: “Cuando tienes la fortuna de tocar un instrumento histórico, es algo fantástico”.

Al contrario de lo que suelen hacer otros pianistas, Melnikov no vive preocupado por interpretar las intenciones de los compositores clásicos y seguirlos al pie de la letra. No. Él juega a su manera para llenarnos de modernidad, de contemporaneidad. Y lo logra dando colores genuinos, sensaciones nuevas, pero nunca degradantes, a la pieza original. Algo que sólo puede lograr una persona que haya estudiado profundamente las bases para luego deconstruirlas y así innovar.

Además de sus conciertos enseña en el Royal Northern College of Music en Manchester, Reino Unido. Es maestro allí desde 2002. También vuela, vuela alto porque otra de sus grandes pasiones es la aviación y hoy es un piloto privado acreditado.

Ahora trae sus teclas al Cartagena Festival Internacional de Música para mostrar en Colombia algo más de su riesgo, de sus colores y su historia, que contrasta con esa juventud arrasadora que impone sobre cada tecla. 

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mariangelauc@gmail.com

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* Periodista.

Por Mariángela Urbina Castilla*

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