El Magazín Cultural

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23 Apr 2021 - 2:11 a. m.

De paseo con Uribe Ferrer por las letras de Antioquia

“René Uribe Ferrer fue un sabio, un erudito”, dijo Jaime Sanín Echeverri en sus confesiones biográficas de “Un humanista integral”, libro publicado en 2008 por la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún). Presentamos un ensayo a propósito del Día del Idioma, que se celebrará este viernes 23 de abril.

Jorge Emilio Sierra Montoya

Por estos días celebramos 150 años de fundación de la Academia Colombiana de la Lengua (1871-2021), organismo del cual Uribe Ferrer fue miembro correspondiente.
Por estos días celebramos 150 años de fundación de la Academia Colombiana de la Lengua (1871-2021), organismo del cual Uribe Ferrer fue miembro correspondiente.
Foto: Archivo Particular

De hecho, la erudición de Uribe Ferrer (1918-1984) salta a la vista. En la colección de su Obras escogidas, que vienen saliendo en Medellín, hay libros sobre historia política y social (tres tomos), filosofía, humanismo y cristianismo, estética, poesía -El grito de Job- y literatura que muestran a las claras su vasta formación intelectual, confirmando la plena validez de los calificativos usados por Sanín.

Más aún, esa formación fue condición básica, ineludible, para ser el extraordinario ensayista que era y que está presente ahí, en sus cientos de páginas impresas por la Biblioteca Pública Piloto y el Fondo Editorial de la Universidad Eafit de Medellín, tanto como por sus herederos, fieles a la memoria de tan ilustre progenitor.

Maestro de las letras

Colombia, ya se sabe, ha sido de tiempo atrás un país de ensayistas, entre quienes él debe ocupar puesto de honor, siendo de obligada referencia, aún hoy, en círculos académicos no solo en universidades, sino en los demás centros educativos, donde su nombre debería ser recordado, con la exaltación debida, al abordarse temas históricos, políticos, sociales, económicos, filosóficos, culturales y, sobre todo, literarios, siempre en el marco del espíritu humanista que le identificó.

Gran ensayista, repitamos. Por la citada sapiencia de que hace gala en sus escritos de estilo sobrio, analítico, donde se revela el paciente investigador, con el rigor científico requerido, dentro de la mayor objetividad posible, como si fuera un exponente de la ciencia ensayística a que aspiraba Dámaso Alonso (1898-1999), el inolvidable director de la Real Academia Española.

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Entre nosotros esto no es común. Antes bien, las investigaciones históricas, políticas y sociales en general, cuando no las de estricto carácter literario, suelen estar marcadas por las posiciones ideológicas de sus autores, quienes pierden, por momentos, la imparcialidad necesaria. Caen mucho, sí, en actitudes partidistas, sectarias, acaso por carecer precisamente de una elevada dimensión intelectual en las diversas áreas del conocimiento.

Uribe Ferrer, en cambio, desarrolla sus ideas con el cabal respeto por quienes opinan diferente, aunque esto no es obstáculo para señalar con precisión sus puntos de vista, personales e incluso subjetivos, otra característica esencial del ensayo auténtico, desde los tiempos de Montaigne (1533-1592).

Y ni para qué hablar de las virtudes de su lenguaje, ajeno por completo al que en los últimos años se ha venido imponiendo en medios académicos y universitarios, donde igualmente se cae muchas veces en el frío tecnicismo, la jerga profesional que ahuyenta a los profanos y hasta la complejidad absoluta, oscura e incomprensible.

Él, por su lado, es ante todo un brillante escritor, sencillo pero profundo y, por ende, didáctico en grado sumo, para mayor satisfacción de los lectores, cualquiera sea su nivel educativo. Es un maestro, en definitiva.

Antioquia en la literatura

Antioquia en la literatura, uno de los volúmenes de sus citadas Obras completas, ratifica lo anterior. Es un “ensayo -se dice en la introducción- sobre la realidad y las realizaciones de Antioquia y de sus hombres, vista y vistos desde la perspectiva de las creaciones estéticas”.

Ahí aparece Uribe Ferrer de cuerpo entero, con piezas que son de antología sobre personajes de primer nivel, entre quienes se destaca precisamente a algunos ensayistas como él. Ensayos sobre los ensayistas, mejor dicho.

Y como la obra en su conjunto sigue un orden cronológico, desde nuestro período colonial y la independencia hasta mediados del siglo pasado, comienza por donde debe ser en este caso: Antonio José Ñito Restrepo (1855-1933) y el Indio Uribe (1859-1900), paisas de pura cepa que, además de sus significativos aportes en el rescate de la rica literatura popular liderada por las coplas, incursionaron con éxito en el ensayo político -donde fueron pioneros- y en el literario, dejando páginas estelares sobre Cervantes, Gutiérrez González, Silva…

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En el ensayo político sobresalió asimismo, durante la segunda mitad del siglo XIX, el general Rafael Uribe Uribe (1859-1914) con su marcada influencia socialista, al tiempo que después, ya en el siglo XX, dos caldenses encarnaron lo mejor del espíritu antioqueño: Aquilino Villegas (1880-1940), máximo ideólogo del conservatismo en su momento, y Otto Morales Benítez (1920-2015), notable crítico literario, clasificado “entre los grandes ensayistas” de nuestro país.

Por último, tres pesos pesados de la ensayística colombiana: Marco Fidel Suárez (1855-1927), a quien no fueron ajenas las reflexiones filosóficas, religiosas, históricas, políticas y, especialmente, literarias con énfasis en los aspectos gramaticales, sin olvidar su obra cumbre: Sueños de Luciano Pulgar; Baldomero Sanín Cano (1861-1957), “el escritor de genio más universal que ha dado Colombia”, en opinión del maestro Rafael Maya (1897-1980), y Luis López de Mesa (1884-1967), cuyos ensayos de trasfondo psicológico, sociológico y filosófico hicieron de él “la figura de mayor altura intelectual de la Generación del Centenario.

Ensayistas al por mayor, podríamos decir. Tratados, sí, por otro maestro del género, en cuya amplia producción temática debemos resaltar sus ensayos literarios, según veremos a continuación.

Escritores y poetas

Como escritor que era, apasionado por el fascinante mundo de las letras, los ensayos de Uribe Ferrer sobre sus colegas en tal sentido son la piedra angular. Al fin y al cabo lo que estamos haciendo acá es un paseo con él por Antioquia en la literatura o, mejor, por la literatura antioqueña a través de sus máximos representantes. Un viaje a pie, como diría el filósofo Fernando González (1895-1964), a quien también le dedica, al igual que a Cayetano Betancur (1910-1982) uno de sus mejores ensayos.

De nuevo el orden cronológico se impone. Se abre en el siglo XIX, otra vez con una trilogía espectacular: Gregorio Gutiérrez González (1826-1872), cuya Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia compara, guardadas las diferencias, con Martín Fierro, por ser tan regional como universal; Epifanio Mejía (1838-1913), cuya poesía “es íntegramente antioqueña”, y Jorge Isaacs (1837-1895), nacido en Cali pero paisa de corazón, que descubrió con maestría el romántico paisaje montañero.

Y entre los siglos XIX y XX, Tomás Carrasquilla (1858-1940) ocupa todo el escenario, dejando un espacio respetable para Efe Gómez (1867-1938), a quien exalta como “el más importante cuentista que hasta hoy ha producido Colombia”.

En su opinión, Carrasquilla fue un novelista pleno, el único durante muchos años (hasta la llegada de García Márquez, cabe suponer), a juzgar incluso por los conceptos favorables, ante todo sobre La marquesa de Yolombó, por parte de Unamuno, Federico de Onís y Kurt Levy, de quien se hace un cálido elogio en las últimas páginas del libro.

Para concluir esta sección, llegamos al siglo XX con tres poetas más que no podemos olvidar: Porfirio Barba-Jacob (1883-1942), con cuyos versos regresó a Antioquia esa gran poesía iniciada por Gutiérrez González y Epifanio Mejía; León de Greiff, cuya popularidad en su época retorna con la riqueza del lenguaje en medio de su fascinante musicalidad, y Ciro Mendía (1892-1979), cuyos recuerdos desatan todavía la nostalgia al recorrer las calles de Medellín.

Antioquia es también poesía, en definitiva.

Fiesta en la Academia

Por estos días celebramos 150 años de fundación de la Academia Colombiana de la Lengua (1871-2021), organismo del cual Uribe Ferrer fue miembro correspondiente, dignidad que asumió, en 1974, con su disertación sobre la poesía como forma de conocimiento.

Más aún, en el prestigioso Boletín institucional aparece una muestra representativa de sus ensayos, algunos de los cuales ya fueron citados: sobre autores como Cayetano Betancur, Maya, Sanín Cano y Maritain, pero también sobre temas esenciales en su obra, como el idioma español al cumplir mil años de historia y el movimiento modernista en el centenario de su nacimiento.

Cabe anotar que varios escritores registrados acá, en el libro Antioquia en la literatura, han formado parte del selecto cuerpo de académicos correspondientes, de número y honorarios (Marco Fidel Suárez, Ñito Restrepo, Sanín Cano, López de Mesa, Otto Morales Benítez…) o sus obras son objeto de estudio en escritos de la revista (Gutiérrez González, Epifanio Mejía, Isaacs, Uribe Uribe, Carrasquilla, Téllez, Barba Jacob, Ciro Mendía…).

¡Cuán bueno sería que durante las emotivas celebraciones del sesquicentenario de nuestra Academia Colombiana se rindiera un justo y sentido homenaje a Uribe Ferrer para presentar allí, con bombos y platillos, sus Obras Completas, de las cuales hasta ahora han aparecido nueve volúmenes!

Confiamos en que así sea.

(*) Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua

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