21 Feb 2020 - 8:34 p. m.

De recolectora de chatarra a escritora

Carolina Maria de Jesus ha sido considerada como una de las primeras y más importantes escritoras negras de Brasil.

Sorayda Peguero Isaac

Mayo era el mes de los altares adornados con flores blancas. En la barraca se escuchaban risas y valses vieneses. No era por las flores ni por los altares dedicados a la virgen María. Esa mañana, doña Carolina recolectó y vendió un buen cargamento de hierro. Con el dinero de la venta compró arroz, carne y feijão. Los niños celebraron el acontecimiento como si fuera la fiesta de fin de año. Doña Carolina alzó a la pequeña Vera en brazos. Le dio vueltas alrededor del cuarto soltando una risa expansiva. La barraca iluminada por una lámpara rescatada de la basura y la neblina de polvo, que sus pies descalzos levantaban del suelo de tierra, le daban a la escena un barniz de instante raro. Raro y breve, como suele ser la felicidad en la favela de Canindé.

Aquí vive doña Carolina Maria de Jesus, bajo el techo que levantó con sus manos para ella y sus tres hijos: João José, José Carlos y Vera Eunice. Doña Carolina dice que no envidia a las mujeres de Canindé que tienen marido. Su corazón es terco y receloso. “No me casé y no estoy descontenta. Los que me prefirieron eran soeces y las condiciones que me imponían eran horribles”. A veces piensa que un marido la ayudaría a meter a los chicos en cintura. Raro es el día que regrese a la barraca, después de recoger material para la venta –papel, latas, botellas, hierro o estiércol de vaca– y que no encuentre a sus hijos mayores discutiendo con las vecinas. Las tiene amenazadas. Si no dejan en paz a sus muchachos, escribirá sobre ellas: “Ustedes son incultas, no pueden comprender. Voy a escribir un libro referente a la favela. Voy a citar lo que aquí pasa. Y todo lo que ustedes me hacen. Yo quiero escribir el libro y ustedes con estas escenas desagradables me proveen los argumentos”.

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