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Cuando Ara Malikian cumplió cinco años, su padre le puso el violín debajo de la barbilla y el instrumento se quedó ahí para siempre. Desde entonces no ha dejado de tocarlo un solo día de su vida y se siente cada vez más enamorado de ese trozo de madera. Con él lleva algo más de cuatro décadas de estrecha relación y su máximo deleite es que encontró que las cuerdas son la línea directa para llegar a la felicidad y cumplir sus sueños.
Malikian vivía en Líbano con sus padres cuando empezó la Guerra de los Seis Días, en los 60, que enfrentó a países árabes contra Israél. En ese entonces les tocó estar muchas horas enclaustrados en los sótanos para protegerse de las bombas que caían constantemente. Mientras el tiempo pasaba en cautiverio, la vida artística continuaba y con las pocas jornadas de sol entendió la urgencia de ver la tragedia desde otra óptica. Así que él, sus familiares y amigos empezaron a divertirse con lo que tenían a la mano. Los más extrovertidos bailaban y él tocaba el violín para mitigar la frustración general.
En esas extensas rutinas dedicadas al estudio de las partituras, porque no había muchas más opciones en los reducidos metros cuadrados bajo tierra, Ara Malikian obtuvo la habilidad necesaria para comenzar una formación académica en reconocidas escuelas de música en Inglaterra y Alemania. De esta manera no sólo multiplicó sus conocimientos artísticos sino que tuvo la oportunidad de diversificar sus experiencias con culturas extrañas para él.
“Me siento muy afortunado de haber podido viajar tanto en mi vida. Soy de Líbano, pero tengo ancestro armenio; me formé en Inglaterra y en Alemania, pero estoy radicado en España desde hace muchos años, así que todo eso me ha inspirado para lo que hago en la actualidad. Creo que las experiencias multiculturales se escuchan en mi propuesta con el violín”, dice Ara Malikian, quien asegura que sigue en la búsqueda de su propia voz ligada a las posibilidades que le otorgan las cuerdas.
Para este músico de look exótico y atuendos vistosos, el violín, cuando no es correctamente interpretado, produce un sonido muy molesto. Se trata de un instrumento exigente y el proceso para que se escuche bien requiere de varios períodos de maduración, porque debe acoplarse al espíritu y el cuerpo del ser humano. No es como el piano, que al apuntar a la tecla correcta, se obtiene la nota indicada. Las cuerdas son distintas, son más difíciles de domar.
“Cuando uno toca Bach, Mozart o Beethoven, siempre tiene una referencia, una base interpretativa, pero cuando toca uno flamenco o tango tiene la obligación de aventurarse, como en casi todas las músicas del mundo. Hay mucha libertad para promocionar la vena creativa, lo que también representa un riesgo si no se conoce bien el instrumento. Yo con tantos años de vínculo ya lo descifro mejor”.
En Alemania y en Inglaterra, Malikian recibió la formación tradicional. En ese tipo de escuelas enseñan lo básico y se preocupan demasiado por impartir el conocimiento de la técnica, pero lo que ha hecho que este músico encuentre su personalidad ha sido su experiencia fuera de las aulas porque, para él, ha sido rodando por la vida como se conocen las culturas y se reciben influencias significativas en sus interminables procesos de búsqueda.
“La enseñanza académica es muy importante en la técnica. Antes estudiaba diez o doce horas al día, ahora le dedico menos tiempo, pero tengo más fantasía y libertad para realizar todo lo que se me cruza por la mente”, cuenta Ara Malikian, quien se dio a conocer en el ámbito internacional como concertino (primer violín y el músico encargado de preparar a la orquesta antes de la aparición en escena del director) de la Orquesta del Teatro Real de Madrid.
“Ser concertino de la Orquesta del Teatro Real es un bonito recuerdo porque fue mi época en la que llegué a Madrid y quería hacer algo que nunca imaginé que podía hacer, que era trabajar en una orquesta de gran formato. Fue muy divertido porque descubrí mucha música, conocía la ópera a fondo y ahí duré siete años en ese oficio. Luego quise hacer mis proyectos y ya no era compatible con mis funciones como concertino”.
Luego de este paso complejo por una agrupación en su modalidad más grande, el violinista comenzó a pensar en novedosas fórmulas para acercarse al arte como modelo de comunicación. Trabajó en un programa de televisión, Pizzicato, dedicado a la formación de públicos infantiles, y también participó en la creación de bandas sonoras.
“No tengo muy claro cómo creo los espectáculos ni cómo van sucediendo las ideas que se me ocurren. Simplemente me encanta mi trabajo, y cuando estoy en el escenario siento que ese es un lugar sagrado que me da la oportunidad y la obligación de conectarme con cada uno de los asistentes. En la academia extraño clases en las que nos enseñen a los músicos cosas como la expresión corporal, porque necesitamos una presencia escénica adecuada”, dice el artista, cuya realización más reciente se llama 15 y con ella celebra tres lustros de estar radicado en España.
Para Malikian, cada formato instrumental ofrece un reto distinto al violinista. Tocar en una orquesta es aprender a sintonizarse en grupos grandes y es necesario estar al servicio del director. El formato de cámara es otro modo, porque es la conjunción perfecta entre los seres humanos que conforman un grupo reducido. Ser solista, en cambio, es una constante búsqueda de la voz propia, proceso que le ha significado al libanés el reto de asumir la composición como otra de las etapas del músico.
En Colombia, como invitado especial a la edición número XV del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, Ara Malikian realizará un viaje por sus influencias, recorrerá sus momentos actuales y, seguro, se remitirá a su infancia, cuando empezó a sentir el violín debajo de su barbilla.
Ara Malikian en concierto. Marzo 19 a 21. Teatro Galería Cafam de Bellas Artes. Información y boletería: www.primerafila.com.co.